Pasa el tiempo, cambian los nombres, llegan las modernidades…
Pero el partido de solteros contra casados sigue siendo más importante que la final del Mundial.
Pasa el tiempo, cambian los nombres, llegan las modernidades…
Pero el partido de solteros contra casados sigue siendo más importante que la final del Mundial.
Los comentaristas del bar: los dueños de la verdad absoluta
Nada supera la pasión auténtica de un equipo de pueblo, celebrando su ascenso con cohetes ilegales, cerveza caliente y lágrimas de barro.
Pero todos sabemos que, al final, la cosa va de:
•Athletic Club: el club de los puros, los de casa, los de chapela, los de cantera, los de “no necesitamos fichajes extranjeros, necesitamos gabarra”.
•FC Barcelona: el club que juega con 11 y rueda de prensa posterior del portavoz de Esquerra.
A este ritmo, la Inteligencia Artificial se ha vuelto el nuevo “sentido común” de la humanidad; o sea, el menos común de los sentidos
ANTES: EL PRESIDENTE ERA UN SEÑOR CON APELLIDOS Y MUCHAS HORAS DE BAR DE SOCIOS
Era un hombre hecho a sí mismo, por lo general canoso, bigote casi obligatorio y traje de entretiempo aunque fuera en plena ola de calor.
La selección española era como esa pareja difícil que durante décadas te ilusionaba con la mirada, te prometía amor eterno en la fase de grupos… y te rompía el corazón en cuartos con la misma eficacia que un “ex” tóxico.
Los periodistas de antes eran de verbo fácil y florido, mirada cansada, olor a tinta de bolígrafo, café recalentado y nicotina. En sí, eran una mezcla entre notarios, poetas de barrio y espías de bar.
Es que mi salud viejuna no me permite estar pendiente de “NEW AGEros” impertinentes.
Ligas de Campeones… ¿Cinco campeones? ¿De qué? ¿Del barrio, del FIFA, del torneo de parchís del vestuario?
Hubo un tiempo —no tan remoto— en que los árbitros eran esos héroes anónimos del silbato, a los que se trataba de Usted
Porque si hay una especie en peligro de extinción en el ecosistema futbolístico moderno, ésa es la del entrenador auténtico, de los de antes, de los que llevaban una libreta raída, un cigarro en la boca y un cabreo vietnamita y eterno en la cara.
Porque, de AVE sólo tienen “Alta Velocidad Emocional (baja velocidad real)”.
Conclusión: mucha etiqueta de Alta Velocidad, poca velocidad real; promesas a toda máquina y usuarios en “Tren de la Bruja”.
En los penaltis del siglo XXI no gana el más valiente, ni el más técnico, ni el más loco. Gana el que mejor se lleva con el VAR.”
Antes, la grada era catarsis sin manual; hoy, pasión con aduanas éticas. El fútbol pasó de rito tribal a espectáculo global con reglas claras.
Atrás queda ese momento mágico donde se forjaban futbolistas y sobre todo amigos, moldeados casi siempre con pelotas hechas de papel aluminio o piedras.
