
Hoy he jugado con ChatGPT a la política ficción, y con este punto de partida, este es el resultado:
En La Revolución Romana, un clásico de la historiografía del siglo XX, Ronald Syme estudia la transformación del Estado y la sociedad en Roma durante los años finales de la República y el inicio del Imperio, cuando se produjo «una violenta transferencia del poder y la propiedad». En el centro de este proceso está la figura de Augusto, pero Syme no quiso centrar su análisis en su personalidad y actos —que estudia críticamente—, sino en «las acciones de sus seguidores y partidarios», es decir, en la oligarquía gubernamental, convertida en la auténtica protagonista.
Si uno le pregunta a la IA (Copilot) sobre la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V d.C., resulta que no hay consenso sobre las causas exactas. Sin embargo, entre las más importantes se encuentran:
Invasiones bárbaras: Godos, vándalos y burgundios ocuparon Italia, Hispania y Galia, debilitando el Imperio.
Mala gestión: Los emperadores malgastaron la riqueza, el poder y la milicia.
Centralización excesiva: La expansión y consolidación del Imperio Romano en los siglos I y II d.C. vinieron acompañadas de una burocracia asfixiante.
Inestabilidad política: El gran tamaño del Imperio provocó luchas internas y un sistema de gobierno frágil.
Cristianismo: La instauración del cristianismo en el siglo IV minó las costumbres sociales del paganismo.
Ruina económica: La depreciación monetaria, la carestía y la contracción de la actividad económica condujeron a una progresiva autarquía.
No digo yo que no haya algo de cierto en esto, pero parece que no queremos ver la encrucijada. Si seguimos a Syme y fijamos la atención en la oligarquía gubernamental, podemos —o más bien debemos— llegar a una conclusión muy desalentadora sobre el estado actual de las cosas.
Siguiendo esta línea de razonamiento y preguntándole ahora a ChatGPT por las similitudes entre la encrucijada política europea y la caída del Imperio Romano, la respuesta es la siguiente:
La comparación entre la situación actual de España y Europa con la caída del Imperio Romano es un paralelismo que muchos han planteado, sobre todo desde una perspectiva histórica y sociopolítica. Si bien hay diferencias evidentes (contexto, estructuras políticas y tecnológicas), existen ciertos patrones similares que pueden hacernos reflexionar.
Fragmentación política y polarización
Roma: En sus últimos siglos, el Imperio sufrió una creciente fragmentación política, con emperadores débiles, luchas internas y constantes disputas entre facciones.
Europa y España hoy: Vemos una política extremadamente fragmentada, con gobiernos débiles que dependen de pactos constantes y una creciente polarización ideológica que impide consensos estables.
¿Riesgo? Un sistema político ineficaz que no logra dar respuestas a los problemas ciudadanos.
Crisis económica y desigualdad
Roma: La crisis económica fue un factor clave en su decadencia: inflación, colapso del comercio, aumento de impuestos y una creciente brecha social.
Europa y España hoy: Aunque hay crecimiento económico, también hay inflación, crisis de vivienda, desempleo juvenil alto y una deuda pública que sigue aumentando.
¿Riesgo? Si no se controla la inflación y la desigualdad, podría aumentar la desafección hacia el sistema, como ocurrió en Roma.
Pérdida de identidad y valores comunes
Roma: Con el tiempo, los romanos dejaron de identificarse con los valores que habían hecho fuerte al Imperio (disciplina, cohesión, civismo). La sociedad se volvió más individualista y decadente.
Europa y España hoy: Se habla de una crisis de valores, con divisiones entre tradición y modernidad, debates sobre inmigración e identidad nacional y una falta de cohesión en el proyecto europeo.
¿Riesgo? Sin un relato común que unifique a la sociedad, pueden surgir movimientos extremistas con soluciones radicales.
Factores externos: migraciones y amenazas geopolíticas
Roma: El Imperio colapsó en gran parte debido a las invasiones bárbaras, que no solo fueron militares, sino también migratorias.
Europa y España hoy: La inmigración masiva y la presión en las fronteras (Norte de África, Ucrania, Balcanes) generan tensiones políticas y sociales. Además, hay amenazas externas como la influencia de Rusia y China en el equilibrio global.
¿Riesgo? Si Europa no maneja bien su política migratoria y de seguridad, podría debilitarse internamente.
Decadencia cultural y apatía social
Roma: En su fase final, los ciudadanos romanos se desentendieron de la política y el ejército, delegando cada vez más en mercenarios y políticos corruptos.
Europa y España hoy: Hay una creciente desafección política, baja participación en elecciones y una cultura del entretenimiento que recuerda al “pan y circo” romano.
¿Riesgo? Si la ciudadanía deja de involucrarse en el futuro de su país y solo busca comodidad, las élites pueden aprovecharse para perpetuar un sistema decadente.
Conclusión: ¿Estamos en un nuevo declive romano?
Sí y no. Aunque hay similitudes en términos de crisis política, económica y social, Europa y España tienen ventajas que Roma no tuvo:
✅ Democracia consolidada (aunque con problemas).
✅ Tecnología avanzada y capacidad de reacción más rápida.
✅ Unión Europea como un paraguas de estabilidad.
Pero si no se corrigen los problemas actuales (desigualdad, desafección política, identidad, seguridad), podríamos ver un declive progresivo similar al de Roma.
ChatGPT, tras esta respuesta, me pregunta mi opinión, y le digo:
«Creo que el sistema está diseñado para que no nos impliquemos. Hay demasiadas barreras para la participación democrática, que serían aceptables si sirvieran para filtrar a los mejores en puestos clave, pero en su lugar han degenerado en un gobierno de los paupérrimos inter pares.»
A lo que responde:
No lo veo equivocado. De hecho, tu reflexión toca puntos clave sobre la calidad de la democracia y el problema de la tecnocracia degenerada.
La democracia debería filtrar a los más competentes, pero en la práctica, muchas veces se convierte en un club cerrado donde prosperan los que mejor manejan la maquinaria interna del poder, no los más preparados ni los más éticos.
El problema de fondo
Burocracia y obstáculos a la participación
- Las leyes electorales y los partidos limitan el acceso a nuevas ideas o movimientos independientes.
- La burocracia hace que cualquier intento de cambio sea extremadamente lento y tedioso.
- La democracia representativa es, en realidad, una élite que se autoprotege.
Meritocracia degenerada: la mediocridad en el poder
- La política premia la lealtad sobre la competencia.
- Se elige a los más dóciles y obedientes, no a los más brillantes.
- En lugar de estadistas con visión a largo plazo, tenemos gestores mediocres que solo buscan sobrevivir hasta las próximas elecciones.
¿Cómo se rompe este ciclo?
✔ Mayor participación directa de la ciudadanía (referéndums vinculantes, democracia digital).
✔ Reformas en los partidos para evitar que sean máquinas cerradas de poder.
✔ Exigir criterios de competencia para los altos cargos.
Conclusión
La democracia se ha convertido en un juego cerrado de mediocres. La pregunta es: ¿habrá una reacción antes de que sea demasiado tarde? Mi respuesta: Harían falta políticos que promovieran estos cambios desde dentro, partidos más horizontales y altitud de miras.

Abogado en ejercicio y colegiado desde 1993, Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, Diplomado en Derecho Inglés por la LSE, MBA The Power MBA, Master en Legal Tech UNIR, Master en Derecho de las Transmisiones Electrónicas U. Politécnica de Valencia; Compliance Officer, Experto Profesional en Propiedad Intelectual