
A quienes nos apasiona la cosa pública, y aprovechando la reciente noticia del acuerdo entre el Partido Popular de Asturias y Foro, nos han venido a la mente un par de anécdotas que tuvieron lugar hace tiempo en nuestra cada vez más resignada, aunque siempre querida, Asturias.
Corría el año 2011 cuando estalló el revuelo por la negativa del PP a contar con Álvarez-Cascos para las elecciones autonómicas, una historia contada hasta la saciedad. En medio del alboroto, en la intensidad de aquellos primeros compases y con una estructura aún por consolidar, fueron muchos los que se acercaron a ofrecer su ayuda, la mayoría movidos por la buena fe y con el altruismo como estandarte. Para ilustrarlo, basta decir que solo en Oviedo más de 500 personas se brindaron como colaboradores.
Sin embargo, junto a esos ciudadanos anónimos, las suricatas políticas —siempre al acecho— comenzaron a rondar las improvisadas sedes de Foro Asturias, a la caza del puesto perdido. Procedieran del Partido Popular o de otras formaciones, no fueron pocos los que se ofrecieron a colaborar, y tan bien les fue que algunos han logrado mantenerse durante años en el entorno de Julia de la Riva.
Lo que sigue, moldeado por el paso del tiempo pero fiel en esencia al fondo del asunto, relata cómo a principios de 2011 los dirigentes de URAS —el antiguo partido regionalista fundado en 1998 por Sergio Marqués tras su desencuentro con el PP— se acercaron a la nueva formación liderada por Álvarez-Cascos. Convencidos de que compartían algo más que un ideario regionalista, se presentaron ante los líderes de Foro para explorar un posible acuerdo de colaboración. Para sorpresa de muchos, especialmente de ellos mismos, su visita fue tan fugaz como infructuosa: llegaron y se marcharon sin más. Ni los impulsores de Foro, ni sus simpatizantes, ni quienes supieron del acercamiento y su rechazo alcanzaban a comprenderlo. Todo apuntaba a que sumar fuerzas era lo lógico, pero no ocurrió. Solo una persona lo tenía meridianamente claro. Esa persona sentenció: “No los necesitamos”. Era Álvarez-Cascos.
Damos un salto de más de una década, atravesando elecciones, victorias, gobiernos, traiciones y derrotas, hasta aterrizar en 2022. El escenario es Castropol, en uno de los templos gastronómicos del occidente asturiano: Casa Vicente. Allí, el 4 de agosto, tuvo lugar una comida entre dos figuras de peso en la política regional. El encuentro, grabado y difundido en redes sociales, saltó a la prensa regional y desató reacciones que traspasaron incluso el Pajares. Los comensales eran el secretario general del Partido Popular y un ex presidente del Principado. Lo que allí se habló lo saben solo ellos. Las versiones sobre el motivo de la cita fueron diversas: desde un encuentro privado y distendido hasta un intento del PP —siguiendo órdenes de la cúpula nacional y en contra del criterio regional— de sondear una posible reunificación del centro-derecha, fracturado diez años atrás. Los protagonistas de aquella mesa eran Álvaro Queipo, quien meses después asumiría las riendas del PP asturiano, y Francisco Álvarez-Cascos.
El acuerdo sellado el 15 de marzo de 2025 entre el Partido Popular y los restos de Foro Asturias deja varios puntos para el análisis:
- Se trata de un pacto que parece diseñado exclusivamente en favor de Foro. Las últimas encuestas ya no les otorgaban representación regional, lo que habría dejado a Adrián Pumares sin escaño. En un panorama donde PP y Vox acaparan el voto de la derecha, una tercera fuerza se antoja innecesaria.
- No implica un aumento significativo de votos para el Partido Popular, que de todos modos habría absorbido buena parte del electorado de Foro. Al contrario, esta alianza podría ahuyentar a votantes hacia opciones como Vox. Además, considerando que las circunscripciones occidental y oriental —clave en las elecciones por un sistema electoral que beneficia el reparto entre PSOE y PP— apenas se ven alteradas por esta unión, el beneficio es mínimo. Salvo, quizá, en Salas, donde el alcalde Sergio Hidalgo, aún en Foro, podría sumar un puñado de votos nada desdeñable.
- Sin embargo, este acuerdo introduce en el PP elementos de discordia. No olvidemos que los actuales miembros de Foro son los mismos que en su día lo dinamitaron. ¿Será capaz Álvaro Queipo de mantener el control ante las tensiones que se avecinan?
- ¿Acaso la reunificación del centro-derecha pasa también por integrar a Vox? Hoy por hoy, parece inviable, sobre todo con una formación que, pese a sus fracturas internas, proyecta ante el electorado un mensaje claro y, en cuestiones cruciales, seductor.
Foro demostró en su momento que no necesitaba a URAS, arrasando en las elecciones. Del mismo modo, el PP de Asturias no precisa de un Foro agonizante. Sin embargo, el temor a perder otra vez por un margen inferior a mil votos les ha empujado a este pacto más que dudoso. De paso, el PP se convierte en una especie de agencia de colocación para personajes con un historial político y moral cuanto menos controvertido.
Porque, aunque el acuerdo nos disguste —y más parece una farsa: breve, risible, grotesca—, lo verdaderamente grave es ver a Álvaro Queipo posando sonriente junto a quienes han protagonizado una de las maniobras más infames, ruines y despreciables contra una persona: acusándola falsamente de delitos, vilipendiándola ante la opinión pública, menospreciando su trabajo, su dedicación, su esfuerzo.
Que Álvaro Queipo se abrace a quienes han actuado con vileza, atacando a Álvarez-Cascos, perdiendo juicios contra él y, agotados sus recursos, aliándose con una Fiscalía vengativa para seguir hurgando como alimañas, intentando dañar aún más a quien les dio todo lo que tienen, es intolerable.
Que Álvaro Queipo sonría orgulloso junto a figuras como Adrián Pumares y los dirigentes de Foro nos obliga a preguntarnos qué clase de persona lidera hoy el Partido Popular de Asturias y, sobre todo, qué tipo de liderazgo nos espera.

Los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres.