Venezuela no amanece, arde.
No por el estruendo de aviones enemigos ni por el silbido de misiles extranjeros, sino por el bombardeo sostenido, cruel y sistemático que Nicolás Maduro ha descargado contra su propio país.
Venezuela no amanece, arde.
No por el estruendo de aviones enemigos ni por el silbido de misiles extranjeros, sino por el bombardeo sostenido, cruel y sistemático que Nicolás Maduro ha descargado contra su propio país.
La Unión Europea confundió superioridad moral con poder efectivo. Y en ese intervalo, China convirtió la transición energética en una palanca de dominio industrial. Un negocio ruinoso para Europa que enriquece a un sector de nuestras élites.
La derrota inminente del que ha perdido el favor de los dioses y de los hombres
Después de repasar fotos sepia y vídeos en HD, llegamos a la conclusión incómoda pero liberadora: en el fútbol ha cambiado casi todo… salvo el fútbol porque… hay cosas que NO han cambiado. Ni cambiarán.
Cuando el agresor es el propio Estado —convertido en conglomerado criminal—, la sociedad pierde toda vía interna de defensa y adquiere el derecho legítimo a buscar ayuda externa. No es una opción política: es un derecho humano básico.
Según un estudio de la empresa RANDSTAD, un 32% de los trabajadores reconoce haber dejado su trabajo en menos de un año por decisión propia. Por segmentos de edad, la cifra alcanza un 41% si nos circunscribimos únicamente a la Generación Z (18 a 28 años).
No se trata —desde la perspectiva estadounidense— de invadir un país para apropiarse de su territorio, sino de intervenir contra un conglomerado criminal transnacional que secuestra el Estado venezolano y amenaza la seguridad nacional de EE. UU.
En el contexto de las relaciones perversas de Sánchez y Zapatero con la narcodictadura de Maduro, la transición venezolana no solo es una cuestión moral: también es un test de credibilidad para la política exterior española y para la higiene democrática europea.
Pasa el tiempo, cambian los nombres, llegan las modernidades…
Pero el partido de solteros contra casados sigue siendo más importante que la final del Mundial.
En Oslo, acompañando a Machado en una travesía clandestina —de esas que desnudan al régimen mejor que mil comunicados—, Antonio Ledezma volvió a encarnar esa figura insoportable para las dictaduras: la del hombre que no se resigna.
En una narco-cleptocracia criminal totalitaria no hay “salida negociada” porque el problema no es político: es existencial. Abandonar el poder significa perderlo todo —dinero, impunidad y libertad— y, en muchos casos, enfrentarse a penas que equivalen a cadena perpetua.
No se responde a la pregunta, y se aprovecha el tiempo de intervención que el reglamento otorga a verter acusaciones contra el partido que gobierna en no sé donde otro sitio y hace no se qué, la señora Ayuso, Franco, fango y burros que vuelan
Dicen los viejos marineros que, al socaire de la Herbosa, cuando el Cantábrico baja la voz y la bruma se abre un instante, puede verse cómo un pisiapo enamorado corteja a una sirena que nunca se deja atrapar del todo. La isla guarda el secreto.
Los comentaristas del bar: los dueños de la verdad absoluta
En Venezuela no se consolidó una dictadura clásica ni un simple autoritarismo: se engendró un régimen inédito, donde Estado, gobierno y crimen organizado conforman un solo conglomerado criminal cuyo motor no es la ideología, sino el enriquecimiento ilícito.
¿Cómo es posible que una empresa que ha entregado resultados impecables, que ha cumplido contratos, que ha ampliado capacidades y que ha preservado la excelencia industrial en un entorno cada vez más competitivo, reciba menos apoyo institucional que proyectos infinitamente menos fiables?
