Pedro Sánchez prometió regeneración democrática. Ocho años después, gobierna entre muros, etiquetas morales, contradicciones y relatos hechos a medida. La amnistía, la corrupción y la vivienda exhiben el método: señalar enemigos antes que rendir cuentas. Ningún presidente está por encima del control institucional, por mucho que presuma de virtud.

