Asturias Liberal > Aportaciones > Propinas: el impuesto revolucionario, voluntario y ¿necesario? que todos olvidamos que también es un impuesto. ¿Servicio excelente o mercado de favores?

«En resumen: el sueldo debería ser suficiente y estable para todos, y la propina no debería ser la red de seguridad de nadie».

Hace un tiempo, en una reunión de amigos, una persona comentaba de forma frustrada que no todos los clientes le daban propina en su trabajo como camarera. Un par de los asistentes hicieron observaciones sobre por qué esas expectativas varían entre oficios y situaciones, buscando entender distintas perspectivas y sin atacar a nadie en particular.

Empecemos por lo básico

Propina (Real Academia de la Española): Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio.

Las propinas suele ser un complemento al salario. En muchos lugares, países, entornos, ciertos trabajos (principalmente hostelería) tienen salarios base más bajos y dependen más de las mismas para llegar a uno digno.

Otros trabajos/profesiones como pueden ser los de quiosquero, panadero, frutero, cajero de supermercado, carnicero, conductor de autobús, etc., suelen tener remuneraciones menos reguladas o diferentes dinámicas de negocio y donde la propina no es la norma habitual. Pero España no es el caso pues en todas las profesiones el salario está perfectamente regulado.

De todas maneras y sin evaluar su regulación —o no—, le expuse a esa persona:

«Es cierto que la propina es casi como un bonus mensual, porque entre bebidas, platos y demás, la cuenta final ya no depende solo del esfuerzo, sino de cuánta empatía se pueda arrancar antes del cierre de la caja».

Casos y comparaciones
  • -Peluquero: la propina aquí quizá sea como la onda extra al peine: una figura geométrica que no entra en la tarifa porque el que corta y/o peina ya cobra por el servicio, y la propina es el “atrezo final” de satisfacción del cliente.
  • -Conductor de autobús: si la propina fuera obligatoria, exigiríamos una ruta con paradas a discreción y a nuestra voluntad, pues cada uno pensaríamos que estaríamos pagando por esa comodidad extra.
  • -Panadero: el pan sale de la panadería con el precio justo y con un margen comercial exiguo; la propina sería la nota adicional del día, que reconociera la dedicación al levantamiento de madrugada, de cada cuerpo y de la masa madre.
  • -Frutero: ofrece trato cercano y recomendaciones, pero la propina no está en la etiqueta; al final, todos los clientes le premian con una sonrisa o un simple “gracias”.
  • -Modista (y un largo etcétera de oficios a los que se acude casi a diario): el reconocimiento suele llegar en forma de fidelidad y palabra amable.

En fin, no me quiero extender más (le dije a esa persona), simplemente cuando salgas a la calle mañana, premia el esfuerzo y no esa “propina emocional” que casi siempre se recibe con una sonrisa, un gesto amable o una paciencia infinita.

Y recuerda:

Gente que te sostiene a diario

  • -El panadero que te guarda “esa” barra diaria, con el grado de cocción y geometría adecuadas y a mayores siempre te regala un dulce para tu hijo pequeño. La barra cuesta 0,95€ y, en lugar de dejarle esos 0,05€ de propina, se los das al pobre mendigo que pide en el banco de fuera. Igual te ha tratado mejor este segundo.
  • -El frutero que te escoge la fruta en su grado perfecto de color y de madurez.
  • -La cajera de supermercado que te ayuda a contar las monedas, espera a que saques la tarjeta de fidelidad que nunca llevas a mano y, a mayores, te mete tus productos en la bolsa.
  • -El carnicero que, sabedor de tus gustos, te guarda la carne que mejor te va en casa.
  • -El conductor de autobús que te ve llegar tarde, espera unos segundos más, te recibe sin aspavientos, espera a que saques la tarjeta de transporte y arranca con sonrisa infinita.
  • -La modista a la que has ido 2.000.000 de veces para la prueba de un vestido a tu antojo.
  • -La dependienta de la zapatería de tu barrio, que te atiende cada temporada aunque termines comprando por internet.
  • -El estanquero que ya te espera con el paquete en una mano y una galletita para tu perro en la otra, con el cuenco de agua siempre lleno.
  • -El encuestador que cada mañana intenta que le regales 5 minutos de tu tiempo y siempre le relegas a un segundo plano.

«Todos ellos tienen un salario regulado, su entrega es generosa porque reconocen “calidad y bondad” y seguramente con la misma cuenta de horas y desgaste que implica un turno de camarera».

Reflexiones “propinescas”
  • -Si la propina se paga por el “servicio visible” y el sueldo, ya regulado, cubre la vida, ¿qué sentido tiene una segunda remuneración que en realidad es un ingreso variable? Nadie debería depender de agradecimientos ajenos para ganarse la vida.
  • -La discrepancia entre “servicio” y “valor” no se sostiene cuando el trabajo esencial (pan, caja, transporte) ya es remunerado. Si la propina es reconocimiento, ¿no sería más justo que ese reconocimiento formara parte del salario?
  • -Uniformar la propina o negarla a todos abre debates laborales: salarios, jornada, seguridad, beneficios. En un sistema ideal, el precio ya incluiría una compensación justa sin necesidad de propina.
  • -Como “cuota de gratitud”, la propina introduce desigualdad: quien puede pagar más, ofrece más. No es una métrica de mérito laboral, sino de bolsillo.
  • -Si se universaliza, se cruza la línea entre reconocimiento y coacción económica: pagaríamos más por lo mismo, bajo presión social, aceptando que el precio oficial ya no cubre el salario base.
  • -Además, con frecuencia la propina termina en el dueño (cuando es quien sirve), perpetuando márgenes altos en hostelería frente a otros servicios.
En resumen (sin rodeos)

El sueldo debería ser suficiente y estable para todos, y la propina no debería ser la red de seguridad de nadie. Sería más justo que las empresas ajustaran salarios y condiciones, y que el reconocimiento viniera como parte del contrato, no como un extra tembloroso ante la próxima crisis de bolsillo.

Lo que realmente termina pasando
  • -Se paga por la sonrisa que el empleador debería pagar.
  • -Se convierte en el subsidio secreto que alquila buena actitud.
Costumbres y normas

En varios países es la norma. En España es una opción muy común, aunque es una decisión voluntaria del cliente. Se considera una gratificación por un servicio satisfactorio y nunca obligatoria. Sin embargo, OJO: debe ser declarada a Hacienda y tributar como rendimiento del trabajo, por lo que el empresario está obligado a incluirla en la nómina del trabajador.

En Japón dejar propina puede considerarse ofensivo, ya que el servicio de calidad se considera parte del trabajo. En China no es común y puede causar incomodidad.

Y tú, ¿propinas “propinas” por doquier?

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