El denominado “Caso Negreira” no es sólo un expediente judicial: es una pregunta inquietante sobre la limpieza, la igualdad competitiva y la credibilidad del fútbol español.
No han sido pocos los lectores que han relacionado mi último artículo con el caso que se está instruyendo en estos momentos y las acusaciones que se vierten sobre el Fútbol Club Barcelona, algunos de sus directivos y el antiguo vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros: José María Enríquez Negreira, y esto me ha motivado para recopilar algunas informaciones, plasmarlas y dejarle a su libre albedrío cuantas reflexiones pueda esto provocar.
Un escándalo estructural, no un simple “caso”
El denominado “Caso Negreira” constituye uno de los mayores escándalos estructurales de la historia del fútbol español. No se trata únicamente de una investigación penal contra el Fútbol Club Barcelona, sino de una causa que interpela directamente a las instituciones que han gobernado el fútbol durante décadas y que pone en cuestión la limpieza, la igualdad competitiva y la credibilidad de la principal competición deportiva del país.
El caso ha revelado la existencia de una relación económica prolongada, opaca y anómala entre uno de los clubes más influyentes de Europa y un alto cargo del sistema arbitral español, una relación que se mantuvo durante casi dos décadas sin que ningún organismo de control, ni deportivo ni institucional, activara mecanismos de alerta eficaces.
El origen fiscal y el núcleo penal
Pero el origen del caso no es deportivo, sino fiscal: fue una inspección de la Agencia Tributaria, en el marco de una investigación rutinaria, la que detectó una facturación reiterada y sospechosa procedente de sociedades vinculadas a José María Enríquez Negreira, ex vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA).
Los inspectores apreciaron una ausencia de contratos formales, conceptos genéricos en las facturas y una desproporción evidente entre los importes cobrados y la estructura real de las empresas, y concluyeron que no existía correlación razonable entre los servicios supuestamente prestados y los importes abonados.
La Guardia Civil –por su parte, y en el marco de la investigación penal- reforzó esta conclusión al analizar la relación como una posible red de influencia continuada.
Por todo lo anterior, y con indicios más que suficientes, la Fiscalía de Barcelona presentó acusación por corrupción en los negocios, administración desleal y falsedad documental contra ex directivos del FC Barcelona y, aunque algunos tipos penales han sido objeto de debate técnico, el núcleo del caso permanece.
“El origen del caso no es deportivo, sino fiscal”: a veces la verdad llega por la puerta menos glamourosa… y por eso mismo, más peligrosa para los relatos oficiales.
Negreira, el CTA y la continuidad de los pagos
José María Enríquez Negreira fue árbitro de Primera División y ocupó la vicepresidencia del CTA entre 1993 y 2018. Aunque formalmente no realizaba las designaciones arbitrales, su cargo le otorgaba una posición de influencia directa sobre el estamento arbitral: evaluaciones técnicas, ascensos, descensos, asignación de categorías y comunicación constante con los colegiados en activo.
Entre 2001 y 2018, el FC Barcelona abonó entre 7,3 y 8,4 millones de euros a Negreira y a sociedades controladas por él y su entorno familiar, principalmente Dasnil 95 SL y Nisdal SCP. Los pagos se realizaron de manera ininterrumpida durante la presidencia en la RFEF de Ángel María Villar (presidente de la RFEF entre 1988 y 2018, reelegido recurrentemente ante la falta de otros candidatos) y bajo varios mandatos en el club azulgrana, lo que refuerza la idea de continuidad, normalización y arraigo del sistema, o lo que se ha tildado de “una política estructural asumida como estratégica por el club”.
La versión sostenida por el FC Barcelona ha sido que dichos pagos respondían a informes técnicos, análisis arbitrales y asesoramiento externo.
Sin embargo, ni la Agencia Tributaria ni la Guardia Civil han hallado evidencias sólidas que acrediten la prestación efectiva de servicios equivalentes a los importes facturados, y tampoco se ha podido demostrar la existencia de informes sistemáticos, metodologías contrastables o entregables verificables.
El papel de la UCO y la “dependencia” incompatible
La Guardia Civil, a través de la Unidad Central Operativa (UCO), desempeñó un papel clave en la consolidación de la causa penal: sus informes subrayan que las sociedades de Negreira carecían de estructura empresarial real, de personal cualificado y de medios materiales suficientes; los investigadores concluyen que los pagos eran continuados, organizados y opacos, generando una dependencia económica incompatible con la independencia arbitral.
La idea clave: corrupción sistémica
Uno de los aspectos centrales del caso es que la instrucción judicial no se centra exclusivamente en el posible amaño de partidos concretos. El juez Joaquín Aguirre ha sostenido que no es necesario probar la alteración directa de resultados para apreciar la existencia de un delito; en varios autos, el magistrado introduce el concepto de corrupción sistémica, al considerar que la mera existencia de un sistema de pagos prolongado a un alto cargo arbitral altera estructuralmente la igualdad de la competición.
Según esta interpretación, la corrupción no reside únicamente en una decisión arbitral puntual, sino en la creación de un clima de favor, influencia, temor o predisposición que contamina el conjunto del sistema. Es una visión que eleva el caso de la anécdota al modelo, del incidente aislado a la arquitectura de poder.
La corrupción no sería un pitido concreto, sino el ecosistema mental: el “clima” que inclina, condiciona, sugiere y disciplina.
Investigados, responsabilidades y controles internos
En la causa figuran como investigados José María Enríquez Negreira y su hijo Javier Enríquez Romero, considerado cooperador necesario por su papel en la gestión de las sociedades. El FC Barcelona está imputado como persona jurídica, y varios de sus exdirigentes han sido citados como investigados: entre ellos se encuentran los expresidentes Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu, así como el exdirector general Óscar Grau.
La investigación analiza su grado de conocimiento, autorización y continuidad de los pagos, así como los mecanismos internos de control o la ausencia de los mismos.
Albert Soler, el CSD y la prescripción
Albert Soler, también investigado, ocupa un lugar especialmente sensible en el relato, puesto que fue director de Deportes Profesionales del FC Barcelona durante parte del periodo investigado y posteriormente fue nombrado director general de Deportes del Consejo Superior de Deportes (CSD).
Lo llamativo de este movimiento es que su salida del FC Barcelona, en marzo de 2021, coincide con los primeros pasos de la investigación de la Agencia Tributaria, e inmediatamente pasa al CSD donde su cargo y responsabilidad le permitirá –supuestamente- participar en la elaboración de la nueva Ley del Deporte (Ley 39/2022), una ley que –curiosamente- “en aras al refuerzo de un buen gobierno” cambia y reduce drásticamente la prescripción de los delitos graves como lo sucedido en el Caso Negreira: si con la ley anterior estos delitos no prescribían, en esta ley se introduce un plazo de TRES AÑOS para la prescripción de los mismos, algo que de facto hace prescribir toda la trama (recordemos que la Ley es de 2022 y los pagos habían concluido en 2018).
El paso de Soler de una entidad privada -implicada en el sistema de pagos- a un organismo público -encargado de la política deportiva- añade una dimensión institucional y política al caso:
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•Por omisión durante su etapa en el CSD: miembros de la misma RFEF han criticado que Soler “tuvo acceso a información relevante sobre los pagos del Barça a Negreira y no actuó al respecto”, ni impulsó ningún procedimiento administrativo o sancionador mientras estaba en el gobierno.
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•Por participación activa: La revisión del plazo de prescripción para infracciones graves (como pagos a dirigentes arbitrales) en la Ley del Deporte ha sido analizada como un factor que redujo las posibilidades de sanción deportiva directa al FC Barcelona.
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•Por influencias decisivas: Algunas informaciones periodísticas han señalado que Soler pudo haber tenido un papel influyente en la redacción de la Ley que terminó beneficiando al contexto legislativo en torno a Negreira, aunque esto no implica una atribución legal directa de responsabilidad penal.
La maniobra de Albert Soler, pasando del FC Barcelona al CSD justo cuando se inicia la investigación del Caso Negrerira y se va a revisar la Ley del Deporte, refuerza la sensación de puertas giratorias y de normalización de prácticas opacas dentro del ecosistema del fútbol español.
Respuesta institucional: tibieza, fragmentación y contención
El caso ha evidenciado una respuesta institucional tibia, fragmentada y defensiva. Ninguna de las grandes estructuras del fútbol español ha impulsado auditorías independientes de gran alcance ni reformas estructurales profundas a raíz de la investigación: ni la Real Federación Española de Fútbol ni el Comité Técnico de Árbitros han asumido responsabilidades directas.
•La RFEF ha mantenido un perfil bajo, limitándose a declaraciones formales y evitando una revisión profunda de su funcionamiento interno durante los años investigados.
•La Liga, por su parte, anunció que se personaría en la causa tras confirmarse que la Fiscalía Anticorrupción iba a presentar una denuncia penal, pero ese ímpetu se ha ido diluyendo hacia una postura que ha sido interpretada como una estrategia de contención reputacional, pese a que el caso afecta directamente a la credibilidad de la competición que organiza y representa.
La personación del Real Madrid y el silencio del sistema
El Real Madrid es el único club que se ha personado como acusación particular. Su decisión se basa en la consideración de un perjuicio competitivo directo y en la necesidad de esclarecer los hechos para proteger la integridad del campeonato.
La personación como acusación particular implica asumir costes económicos, reputacionales y mediáticos, y rompe el pacto tácito de silencio del sistema, pero, lejos de buscar ventajas deportivas, la presencia del Real Madrid evita que el caso muera por inacción y prescripción.
La soledad del Real Madrid es, en sí misma, una prueba indirecta del problema: cuando sólo uno se atreve a señalar una anomalía sistémica, la pregunta no es por qué habla, sino por qué el propio sistema y los demás clubes supuestamente damnificados callan.
Daño reputacional y el verdadero juicio
Desde el punto de vista social y deportivo, el daño reputacional para el fútbol español es profundo y difícilmente reversible puesto que, durante casi dos décadas, millones de aficionados han seguido una competición cuya neutralidad arbitral ha quedado bajo sospecha.
Más allá de las futuras sentencias, el Caso Negreira ya ha dejado una huella indeleble que ha expuesto un modelo de poder opaco, tolerado y normalizado, incompatible con los principios de transparencia, mérito y equidad que deberían regir el deporte profesional.
La resolución judicial determinará responsabilidades penales individuales, pero el verdadero juicio debería ser al sistema, un sistema que permitió que todo lo aquí descrito ocurriera sin que nadie hiciera algo por detenerlo.
Este artículo tiene carácter informativo. Las personas y entidades citadas lo son en el marco de investigaciones y procedimientos en curso, sin que ello suponga atribución de culpabilidad. Rige en todo caso la presunción de inocencia hasta resolución judicial firme.
Bibliografía y fuentes documentales
- Autos del Juzgado de Instrucción nº 1 de Barcelona.
- Informes de la Agencia Estatal de Administración Tributaria.
- Informes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.
- Investigaciones periodísticas publicadas en Futbolgate.com.
- Cobertura de El Confidencial, El País, AS, La Vanguardia y Catalan News.
- Análisis y seguimiento del periodista Ramón María García Caba en la red social X.

Licenciado en Filología Española (Literatura)
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