Asturias Liberal > Asturias > El coste real del declive: población, talento y futuro económico en Asturias

 

 

El coste del declive asturiano se mide en jóvenes que se van, empresas que no llegan y oportunidades que se pierden.

La financiación diseñada desde Moncloa no es neutral: condena a Asturias a una posición cada vez más subordinada dentro del conjunto nacional.

No vale con visitar al Papa, señor Barbón. Lo que tiene que practicar es el refrán de “A Dios rogando y con el mazo dando”.

La nueva financiación autonómica impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez no es una reforma solidaria ni una solución técnica: es una operación política diseñada para beneficiar a unas comunidades a costa de otras, y Asturias se encuentra entre las grandes perjudicadas.

Tal y como expone Joaquín Santiago en su artículo en Asturias Liberal -“No, no ganan todos: la financiación de Cataluña se come al Estado”- https://asturiasliberal.es/2026/01/12/no-no-ganan-todos-la-financiacion-de-cataluna-se-come-al-estado/ .

El discurso de una “tarta más grande” oculta una realidad incontestable: Asturias pierde peso relativo, pierde capacidad de inversión y pierde futuro.

Mientras otras comunidades ganan margen financiero, Asturias queda atrapada en un modelo que la obliga a mantener una presión fiscal elevada para recibir menos recursos reales, profundizando en una decadencia que no es coyuntural, sino estructural. Esta financiación no corrige desigualdades; las institucionaliza.

Un declive demográfico ignorado desde el poder

Asturias, históricamente industrial y con una identidad cultural fuerte, atraviesa el mayor reto demográfico de su historia reciente. Durante décadas, el Principado ha perdido población de forma constante por una combinación letal de baja natalidad y alta mortalidad.

En 2024, se registraron aproximadamente 4.550 nacimientos frente a más de 13.000 defunciones. La tasa de fecundidad, situada en 0,94 hijos por mujer, certifica el fracaso de las políticas públicas en materia demográfica.

Entre 2015 y 2024, según datos del INE y SADEI, el saldo vegetativo ha sido sistemáticamente negativo. El resultado es una de las poblaciones más envejecidas de España, con una proporción de mayores de 65 años muy por encima de la media nacional. Cada año que pasa sin medidas estructurales agrava el problema, y ni el Gobierno central ni el autonómico han mostrado voluntad real de afrontarlo.

Cada año que pasa sin medidas estructurales agrava el problema.

El espejismo migratorio: maquillar cifras no es gobernar

Los ligeros repuntes demográficos de 2023 y 2024 han sido presentados como un éxito político. Nada más lejos de la realidad. El crecimiento hasta algo más de 1.014.000 habitantes se explica casi exclusivamente por un saldo migratorio positivo cercano a las 13.000 personas, que apenas compensa el desplome natural causado por el envejecimiento.

Este fenómeno no cambia la tendencia de fondo. Sin políticas de integración, empleo y arraigo, Asturias corre el riesgo de convertirse en una región de paso, no en un proyecto de futuro. Presentar este dato como una recuperación es propaganda estadística, no gestión.

Fuga de talento: el fracaso del modelo económico

Asturias forma jóvenes cualificados para que trabajen en otras comunidades. Entre el 45% y el 55% de los jóvenes de 25 a 39 años que emigran tienen estudios universitarios. Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana concentran la captación de este talento, mientras el Principado asume el coste educativo y social de formarlo.
Si nos ceñimos a la emigración hacia otros países.

Según los datos más recientes, aproximadamente 142 094 asturianos residían en el extranjero en 2024, cifra que ha crecido respecto a años anteriores y refleja el aumento de emigración de asturianos fuera de España. Si se suman los asturianos que viven fuera del Principado en otras comunidades da cerca de 300.000 personas.

Un dato complementario histórico señala que entre 2008 y 2019 unos 5.841 jóvenes asturianos emigraron al extranjero, según un informe sindical (CCOO).

La consecuencia es un mercado laboral desequilibrado:

  • •Sectores estratégicos sin profesionales suficientes.
  • •Industria tradicional sin relevo generacional.
  • •Una de las tasas de actividad más bajas de España.

Las previsiones son demoledoras: hacia 2035, solo una de cada cuatro jubilaciones será cubierta por nuevos trabajadores locales.

Esto no es una casualidad; es el resultado directo de décadas de políticas sin ambición ni estrategia.

Economía estancada y financiación injusta

El crecimiento del PIB asturiano se sitúa en torno al 2–2,5% anual, por debajo de la media nacional. La estructura productiva sigue anclada en sectores de menor productividad, mientras el envejecimiento dispara el gasto social y sanitario y reduce el margen para invertir en educación, innovación o atracción de empresas.

En este contexto, la financiación autonómica propuesta por Pedro Sánchez actúa como un acelerador del declive: Asturias aporta más, recibe menos y ve cómo otras comunidades aumentan su capacidad de inversión y competitividad. No se trata de solidaridad interterritorial, sino de una redistribución política que penaliza a las regiones más frágiles.

Conclusión: corresponsabilidad política y ausencia de liderazgo

El coste del declive asturiano se mide en jóvenes que se van, empresas que no llegan y oportunidades que se pierden. La financiación diseñada desde Moncloa no es neutral: condena a Asturias a una posición cada vez más subordinada dentro del conjunto nacional.

Y ante esta situación, la responsabilidad del Gobierno del Principado es ineludible. Adrián Barbón no puede limitarse a acatar decisiones que perjudican a Asturias mientras recurre a gestos simbólicos y discursos identitarios. Gobernar no es rogar; es defender los intereses propios con firmeza.

Dice el refrán: “a Dios rogando y con el mazo dando”. Tras su reciente visita al Papa, quizá León XIV le haya recordado que Asturias no necesita plegarias institucionales ni resignación política. Necesita liderazgo, confrontación cuando toca y decisiones valientes.

Porque la decadencia no es inevitable. Lo que sí es inaceptable es administrarla con sumisión.


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“No, no ganan todos: la financiación de Cataluña se come al Estado” (Asturias Liberal)

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