Asturias Liberal > España > Politizar es fascista

 

Imagen de portada: Pedro Sánchez compareciendo tras el accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba). La Región


Por alguna razón fácil de comprender, pero difícil de justificar, el equipo de agitprop de Moncloa-Ferraz se ha empeñado en que hacer política en una tragedia como la vivida en Adamuz es facha, cosa fea y retrograda.

Tal aserto dice más de quienes mantienen semejante mamarrachada, que del resto, porque pone de manifiesto una forma de entender la política en la que ésta no pasa de politiqueo.

¿Qué significa realmente “no politizar”?

¿Qué se quiere decir cuando se afirma que no hay que politizar la tragedia? Lo que se sugiere es que no hay que pedir explicaciones a los responsables políticos y, en un ejercicio completa y absolutamente obsceno, se apela al dolor de las víctimas para sostener el argumento.

La bajeza de esta treta es repugnante, porque utiliza de parapeto la tragedia para escabullirse de la lógica acción política de fiscalización de la oposición. Pero el colmo del descaro llega cuando quienes en otros sucesos devastadores no dudaron ni un momento en nutrirse de la desgracia ajena, ahora piden silencio disfrazado de respeto.

El silencio no es respeto: es coartada.

El ministro de transportes, penúltimo responsable político de la tragedia vivida, se permitió bromas en X completamente fuera de lugar a propósito de la DANA en Valencia o los incendios en Andalucía, bien jaleado por los suyos, esos que piden rebajar el tono de crispación, pero que lo que realmente piden es silencio cómplice

El sentimentalismo como instrumento de poder

Hay pocas cosas más miserables que impostar un obsceno sentimentalismo y la tragedia ferroviaria en Adamuz nos ha vuelto a dar buena muestra de ello.

Todos los partidos políticos, excepto VOX, suspendieron sus agendas «por respeto a las víctimas». ¿Se imaginan ustedes que todos los españoles suspendamos las nuestras por la misma razón?

Es todo tan increíblemente delirante que la crítica más leve al estado de la cuestión de la política española hace que la conclusión sea desoladora.

¿O es que están diciendo esos políticos que ellos respetan el dolor de los afectados más que cualquiera de nosotros?

La nueva ministra portavoz del Gobierno, Elma Saiz, afirmó en rueda de prensa, el 20 de enero, que «desde cualquier análisis de la humanidad, la actitud del señor Abascal es ruin […] una actitud antidemocrática» demostrando así que no maneja con claridad ideas que se supone que deben manejar quienes gobiernan, a saber: humanidad y democracia.

Se vuelve a liar la madeja, a retorcer las palabras, para remar a favor, acusando de «antidemocrático» a quien ejerce su legítimo derecho a la crítica y obligación de hacer política, y no la complacencia con un gobierno en decadencia.

Respeto no es callar

El respeto no pasa por callar, sino por cantar las verdades del barquero.

Gustavo Bueno explicaba con un sencillo ejemplo qué era el respeto:

Si alguien se cree que es Napoleón y se le sigue la corriente preguntándole qué tal se encuentra Josefina, eso no es respetarle, es tomarle por un loco o por un necio; el verdadero respeto pasa por hacerle entender que no es el francés.

Callar ante el error no es respeto, es desprecio.

Lo que el Gobierno pretende es imponer una omertá mafiosa que evite ir más allá de lo que le beneficie electoralmente y, desde luego, no es respetar a las víctimas, amén de querer convertirnos en locos o necios.

Control del relato

Grande Marlaska, ministro del Interior, dijo en RTVE, el 19 de enero, un día antes de que la ministra portavoz nos regalara su ignorancia y su entrega al partido, que se estaban monitorizando «constantemente» las redes sociales para «contrarrestar» las informaciones falsas, lo que viene a ser lo mismo que decir que se están controlando las redes sociales para que nadie se salga ni un milímetro del discurso gubernamental.

El miserable recurso al sentimentalismo con el que el Gobierno, Ferraz y acompañantes pretender callar las voces críticas es, sin lugar a dudas, la mayor expresión de manipulación y autocracia hasta la fecha.

Politizar un desdichado suceso que apunta a un responsable político concreto es justicia.


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