Asturias Liberal > Asturias > The Full Monty Asturias

 

Cuando una región pierde su base productiva, el daño no es sólo económico: es psicológico, cultural y generacional.

The Full Monty es un dicho coloquial británico que significa “todo lo necesario” o “al máximo”. En 1997, y después de la película dirigida por Peter Cattaneo titulada con esa misma expresión, consolidó su significado también como “desnudo total” o “superación personal en un contexto de crisis económica

La película The Full Monty (1997), dirigida por Peter Cattaneo, suele recordarse como una comedia entrañable sobre un grupo de hombres en paro que deciden dar un nuevo impulso a sus vidas haciendo striptease; sin embargo, bajo ese humor desvergonzado se esconde uno de los retratos más certeros y dolorosos sobre la desindustrialización en Europa y sus consecuencias sociales. Vista desde hoy, y observada desde Asturias, la película no solo resulta vigente, sino que resulta inquietantemente cercana.

Sheffield: acero, identidad y caída

La trama de la película se sitúa en Sheffield, una ciudad británica cuya identidad estuvo durante décadas ligada al acero y fue epicentro de la prosperidad nacida alrededor de la siderurgia en el condado de Yorkshire (norte de Inglaterra). A finales del siglo XX, tras la reconversión industrial impulsada en Reino Unido durante el último cuarto del siglo pasado, ese universo de esplendor desaparece casi de golpe: fábricas cerradas, barrios enteros sin trabajo, generaciones de obreros expulsadas del sistema productivo…

The Full Monty no explica este proceso con discursos económicos, sino que lo muestra a través de las imágenes y de las situaciones, en los propios cuerpos, en las miradas y en las actitudes de sus protagonistas.

Asturias: un proceso similar, más lento y amortiguado

Asturias ha vivido un proceso muy similar, aunque más prolongado en el tiempo y sin duda amortiguado por la intervención pública: minería, siderurgia, astilleros, metalurgia, energía e industria auxiliar no solo generaron empleo durante décadas, sino que construyeron progreso, identidad, autoestima colectiva y estructura social: el trabajo industrial organizaba la vida cotidiana, las familias y los barrios. Cuando ese modelo empezó a desmontarse no sólo se perdió empleo, sino que se perdió todo un sistema de vida, un relato compartido de futuro, algo que podemos entrever en muchas escenas de la película: los protagonistas -además de desempleados- están desubicados, han perdido su función social… Gaz no puede mantener a su hijo, Dave se siente inútil en su propia casa, Gerald finge tener trabajo para no reconocer su decadencia… la película acierta al mostrar que el paro industrial no es solo una variable económica, sino algo mucho más grave: una herida psicológica y cultural.

La anestesia social: sostener el presente, hipotecar el futuro

En Asturias, ese golpe también ha existido, pero se ha gestionado de otra manera: las prejubilaciones, las pensiones y el empleo público amortiguaron el impacto social, compensaron la tragedia de aquel presente a costa de hipotecar el futuro de nuevas generaciones, evitaron el estallido colectivo a la vez que adormecieron el debate de fondo.

A diferencia de Sheffield, Asturias no tuvo que enfrentarse súbitamente al vacío y ha podido sostener una sensación de aparente normalidad, pero es sólo una percepción que se ha mantenido en forma de una adaptación lenta, incompleta y -en muchos casos- resignada como veremos a continuación.

Activos estratégicos: potencia industrial con arrastre menguante

Debemos tener presente que Asturias atesora activos estratégicos: la región concentra recursos minerales, infraestructuras industriales, instalaciones portuarias y conocimiento técnico que pocas comunidades autónomas pueden igualar.

Aquí se localiza la única instalación siderúrgica integral de España, con producción de acero de alto valor añadido, clave para sectores como el transporte, la construcción especializada o las infraestructuras ferroviarias.

No lejos de ella opera una de las mayores plantas de zinc electrolítico del mundo, heredera de una larga tradición minera e industrial que situó a Asturias en el mapa internacional de los metales no férreos; a estos grandes polos industriales se suman empresas relevantes y referentes internacionales en química, defensa, vidrio, fabricación de bienes de equipo, astilleros especializados en construcción naval de alto valor añadido, y un conjunto de ingenierías con elevada cualificación técnica que trabajan para proyectos industriales, energéticos y de infraestructuras dentro y fuera de España.

Todos estos sectores generan exportaciones, aportan PIB y mantienen empleo cualificado… el problema es que su capacidad de arrastre ya no es la de hace décadas:

  • •emplean a menos personas,
  • •externalizan parte de su actividad
  • •o están integrados en cadenas de valor globales donde las decisiones estratégicas se toman lejos del territorio.
El hueco decisivo: menos tejido privado, más dependencia

No cabe duda de que la industria asturiana, aunque sigue siendo relevante en términos de producción, ha perdido peso como generadora masiva de empleo: la automatización, la concentración empresarial y la integración en grandes grupos multinacionales han reducido su impacto sobre el conjunto del mercado laboral regional, y el resultado es que estos grandes activos industriales, por sí solos, no compensan la desaparición de cientos de pequeñas y medianas empresas industriales que antes estructuraban comarcas enteras.

Este declive del tejido empresarial privado tiene una consecuencia directa: la brecha creciente entre la economía productiva y la economía sostenida por rentas públicas.

Mientras la masa salarial derivada del sector privado industrial ha caído en los últimos 25 años, la masa procedente de rentas públicas no ha dejado de aumentar: pensiones contributivas y no contributivas, salarios de empleados públicos y distintas ayudas y prestaciones representan hoy una parte fundamental del dinero que circula en Asturias.

Más de 300.000 personas perciben pensiones en la comunidad y –aproximadamente- una cuarta parte de los 436.200 ocupados en la región trabaja en alguna administración pública: estas rentas cumplen una función social esencial y han evitado un deterioro mucho mayor del consumo y la cohesión social, pero también generan una dependencia estructural, puesto que cada vez menos trabajadores del sector privado sostienen un volumen mayor de rentas públicas.

Cuando cada vez menos sector privado sostiene cada vez más rentas públicas, la “normalidad” deja de ser estabilidad y pasa a ser dependencia.

Jóvenes: oposición, salida o desenganche

Este desequilibrio tiene efectos profundos sobre el comportamiento de la población activa, el empleo público se percibe como la única vía de estabilidad a largo plazo, mientras que el sector privado aparece fragmentado, precario o incapaz de ofrecer trayectorias profesionales sólidas.

Para muchos jóvenes, el horizonte vital se reduce a dos opciones: preparar una oposición o marcharse fuera y cuando una economía empuja sistemáticamente a sus jóvenes a elegir entre emigrar o depender del sector público, algo esencial está fallando.

Si nos centramos en la formación técnica, Asturias forma cada año a jóvenes altamente cualificados en ingeniería, ciencias, formación profesional avanzada y otras disciplinas técnicas, y deberíamos preguntarnos por qué no encuentran acomodo en el tejido empresarial privado de la región.

El resultado palpable en los últimos años es un éxodo silencioso y selectivo: se marchan quienes tienen mayor empleabilidad y capacidad de elección… desapareciendo así de los registros demográficos de la región.

Este fenómeno agrava aún más el problema de sostenibilidad, puesto que cada joven que se marcha reduce la base futura de cotizantes, debilita la masa salarial privada y limita la capacidad de atraer nuevas inversiones; es un círculo vicioso difícil de romper: menos empresas generan menos oportunidades, lo que provoca más emigración, lo que a su vez dificulta la creación de nuevas empresas.

Un sistema que “funciona” para los de dentro

El modelo instaurado en Asturias mantiene con sordina el presente a costa de hipotecar el futuro: funciona razonablemente bien para quienes ya están dentro del sistema —pensionistas, empleados públicos y trabajadores consolidados— pero no ofrece un proyecto creíble para las generaciones que deberían sostenerlo mañana.

Más que preguntarnos si el sistema funciona hoy deberíamos reflexionar sobre cuánto tiempo puede seguir haciéndolo sin una base empresarial privada más amplia y dinámica.

Nadie cuestiona la necesidad de las pensiones ni del empleo público, sino que lo que debe debatirse es el modelo, la falta de una estrategia eficaz para fortalecer el sector privado, favorecer la creación de empresas medianas y grandes, y convertir los activos industriales existentes en verdaderos motores de empleo y atracción de talento… sin ese giro, Asturias corre el riesgo de convertirse en una economía estable en apariencia, pero estructuralmente frágil y cada vez más dependiente de decisiones tomadas fuera.

La metáfora: pasar del acero al cuerpo

Volviendo a la película, el striptease de The Full Monty funciona como una metáfora brutalmente honesta: los protagonistas pasan de producir acero a vender su propio cuerpo como último recurso.

No hay glamour en ello sino necesidad, es una forma de decir que, cuando el sistema productivo te deja desnudo, solo te queda decidir tú mismo cómo quieres exponerte.

En Asturias no ha habido un striptease colectivo y sí una transición clara: de la fortaleza y estabilidad del empleo industrial al sector servicios de baja productividad, del taller al bar, de la fábrica al contrato precario… no se trata de despreciar o minusvalorar el sector servicios, sino de reconocer la evidencia económica de que no genera el mismo valor, ni los mismos salarios, ni -por supuesto- las mismas trayectorias vitales que la industria.

La diferencia clave: el papel del Estado

Aquí aparece la diferencia clave entre el Sheffield donde se ambienta la película y nuestra querida Asturias: el papel del Estado.

En el Reino Unido la retirada fue rápida y brutal, mientras que en Asturias el empleo público, las pensiones y las ayudas actuaron (y siguen haciéndolo) como anestesia social: han sido esenciales para evitar un colapso, pero también han contribuido a consolidar un modelo donde la estabilidad depende más de la redistribución que de la generación de nueva riqueza… esta diferencia explica por qué el drama asturiano ha mutado con el tiempo.

En The Full Monty, los protagonistas son hombres expulsados del sistema, mientras que, en la Asturias actual, el foco se ha desplazado trasladando el drama principal de quien cae a quién no llega a entrar: los jóvenes cualificados no montan un espectáculo para sobrevivir, simplemente se marchan… o la administración pública les provee de una paga a cambio de nada que -más que un subsidio transitorio- acaba convirtiéndose en un incentivo para el apalancamiento.

Cierre: advertencia, no comedia

Vista desde hoy en día, The Full Monty no es una comedia sobre el desempleo, es una advertencia sobre lo que ocurre cuando una región pierde su base productiva y no construye una alternativa equivalente.

Asturias todavía tiene activos industriales, conocimiento técnico y capital humano: la cuestión es si sabrá convertirlos en un nuevo motor económico o si seguirá viviendo -anestesiada por los recursos públicos- entre el recuerdo de lo que fue y la improvisación de lo que queda.


 

TODOS LOS ARTÍCULOS DEL AUTOR:

https://asturiasliberal.es/author/aurelio-s-devesa/

Asturias Liberal
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.