Sí, también es verdad que desde Washington se emiten señales ambiguas, que inquietan a muchos compatriotas que han luchado sin descanso por la libertad de Venezuela.
Pero no podemos permitir que esa ansiedad, legítima pero peligrosa, nos haga perder la visión estratégica de esta batalla. Más bien, interpretémosla como una extensión de la estrategia que se viene aplicando, tal como se escenificó en la madrugada del pasado 3 de enero.
Estamos ganando. Lo digo con responsabilidad y conocimiento de causa. Porque si no estuviéramos avanzando, la dictadura no estaría tan desesperada por fingir normalidad, por hablar de diálogos, por proponer leyes de amnistía hechas a su medida, por usar emisarios para sembrar la duda, el desencanto, el miedo.
La dictadura sobrevive, pero no gobierna. Controla por inercia y represión, no por convicción ni apoyo popular. La Venezuela de hoy no es la de 2012. Aquella era una nación aún bajo el hechizo del chavismo; esta es una Venezuela despierta, mayoritariamente unida, movilizada tras un liderazgo legítimo y firme, con María Corina Machado como voz valiente y Edmundo González como expresión de consenso nacional.
Chávez murió con medio país aún creyendo en su proyecto. Maduro está muerto políticamente, preso en el sentido más literal y simbólico. El 3 de enero, cuando se conoció su captura, la reacción de las Fuerzas Armadas fue elocuente: el silencio. Ni una palabra, ni un gesto de respaldo.
¿Esa es la institución que decían inquebrantable?
Hoy está erosionada, fragmentada, y muchos en sus filas ya no quieren cargar con la vergüenza de sostener una tiranía que los ha traicionado también a ellos.
Entendamos bien: lo que estamos viviendo no es un déjà vu. Esto no es 2012, ni 2013 ni 2018 ni 2019. Esta vez hay una mayoría rotunda, activa, determinada a provocar el cambio. Esta vez no hay un Chávez moribundo al que un pueblo aún aplaudía. Esta vez no hay legitimidad de origen ni margen de maniobra para los que pretenden seguir saqueando y reprimiendo.
•Por eso intentan comprar tiempo.
•Por eso se aferran a un “diálogo” que solo sirve para prolongar su agonía.
•Por eso algunos “colaboradores” —que no son nuevos, llevan años siendo funcionales al régimen— repiten el mantra de que “hay que hablar”, que “todo está igual”, que “no se puede cambiar nada”.
No les creas. La historia está llena de hechos que parecían imposibles… hasta que ocurrieron.
- •¿Quién hubiera imaginado que miles de venezolanos en el exterior volverían a alzar la voz de forma coordinada y masiva?
- •¿Quién pensó que sería posible organizar una primaria en condiciones de clandestinidad, y aun así elegir a una candidata con el respaldo aplastante del país?
- •¿Quién hubiera creído que, incluso bajo las reglas trucadas del régimen, lograríamos imponer con votos la candidatura de Edmundo González y dejar en evidencia la ilegitimidad de Maduro?
Todo eso parecía inalcanzable. Lo hicimos. Y lo hicimos unidos, decididos, con foco.
Hoy más que nunca hay que mantener ese rumbo. No es hora de dudar ni de hacer concesiones. Es hora de redoblar la presión cívica, de mantener viva la esperanza activa, de respaldar sin fisuras a quienes han demostrado coraje, visión y coherencia. El mundo está mirando. Y lo que haga el pueblo venezolano en estos meses marcará un antes y un después.
Que no te engañen con disfraces de legalidad, con diálogos reciclados o con promesas de perdón que solo buscan impunidad. El régimen quiere hacernos creer que siguen al mando. La realidad es otra: el poder real, el que nace del pueblo y su voluntad de cambio, ya no está en sus manos.
No pierdas el foco. Estamos cerca.

