“Los memes de internet no son una fuente fiable de conocimiento. Por lo que sea.”
Recientemente he visitado Madrid. Y haciendo un poco de turismo, me he vuelto a dar cuenta de lo grande, lo enorme, que fue esta nación llamada España, y de que parece que lo tenemos olvidado.
No debería ser así: si uno repasa la historia, el imperio hispánico fue un ejemplo de organización a nivel mundial. Territorios de cuatro continentes gobernados y coordinados desde España en una época en la que no había más medio de comunicación que la escritura en papel, el carro, el caballo y el barco.
Es imprescindible que la historia la veamos con los ojos de su época. Lógicamente no se puede exigir que en el siglo XVI o en el XVII se tuviera el mismo respeto por la igualdad, por derechos humanos, o por la democracia que tenemos hoy día. Se venía de una sociedad feudal y eso no se disuelve en cuatro días. Para saber dónde estamos hay que saber de dónde venimos.
“Nos mantienen con la vista puesta en el escándalo de esta semana, o como mucho en el horizonte de una legislatura de 4 años.”
La política actual nos tiene inmersos en una guerra de bandos: de gente pequeña, de logros paupérrimos, de divisiones sectarias que nos impiden una visión más amplia y general de lo que fue, de lo que es y de lo que podría ser.
Nos mantienen con la vista puesta en el escándalo de esta semana, o como mucho en el horizonte de una legislatura de 4 años.
Desconocemos por completo —y de hecho está prácticamente fuera de los planes de estudio de nuestros estudiantes de secundaria y bachiller— las grandes gestas de nuestros antepasados.
Pocos han oído hablar en sus aulas de los dragones de cuera, de las Sociedades Económicas de Amigos del País, de la mano de Jovellanos, Floridablanca y Campomanes; de Blas de Lezo, de Pedro Menéndez de Avilés, de Alejandro Malaspina, de Magallanes, de Casto Méndez Núñez…
Se da una visión parcial y deformada de lo que fueron todas estas hazañas y aventuras, muchas veces caricaturizándolas: estrujando la Historia para encajarla en una visión contemporánea de lo que debería ser, no de lo que fue, y que se ajuste a los valores e ideologías de hoy.
Como se puede usted imaginar, Felipe II no puede ser feminista (concepto aún no inventado), ni respetuoso de derechos humanos aún no formulados, más allá de los que otorgaba el catolicismo. Tampoco machista, por lo mismo.
Por eso les invito a todos a que visiten, aunque sea como botón de muestra, dos sitios que a buen seguro les dejarán impresionados: el Palacio de San Lorenzo de El Escorial y el Museo Naval de Madrid.
En ambos sitios se puede dar uno cuenta del esplendor de los siglos pasados. De lo mucho que se hizo, con medios limitados, y de la grandeza que de ello se derivó.
Viendo la habitación de Felipe II en El Escorial, uno se percata de que hoy día prácticamente todos vivimos mejor y más cómodos que el rey más poderoso de su época: dormía en un jergón de lana, sin calefacción, sin agua corriente, y meando en un orinal. Y al mismo tiempo, que un imperio se dirigía desde un despachito minúsculo, con pluma y tintero, sin ordenadores, ni impresoras, ni redes de comunicación digital. Todo a mano, a brazo y a esfuerzo.
En el Museo Naval uno conoce grandes gestas de exploración, defensa de la nación, descubrimiento y conquista que hicieron del mundo un sitio más pequeño y que, por unas circunstancias u otras, están pasando sin pena ni gloria: desconocidas por la mayoría de la gente, aunque deberían ser motivo de orgullo nacional.
Los Estados Unidos, con una nación de tan sólo 251 años de historia, nos llevan ventaja en su propaganda y en la comercialización de sus magros logros, a través de su filmografía sobre todo. Incluso los ingleses han sabido venderse mejor, creando un “relato” donde ellos siempre resultan ser los buenos.
Y crean la Leyenda Negra donde acusan a España de todos los desmanes y salvajadas que ellos mismos cometieron. Pregúntele usted hoy a un inglés quién fue el almirante Vernon, oprobiosamente derrotado por Blas de Lezo en Cartagena de Indias, y no lo conocerá. Sin embargo, tienen a Francis Drake, un pirata, puesto en un altar.
O compruebe cuánta población nativa queda en los territorios que ellos colonizaron. Son especialistas en deformar, resaltar u opacar la historia a favor de su propaganda.
Aunque los muy puristas pudieran argüir que el término de “nación española” es un concepto de las Cortes de Cádiz en 1812, España tendría 534 años de antigüedad, tomando como referencia el año 1492, que sería el de la reunificación de los territorios peninsulares bajo el gobierno conjunto de los Reyes Católicos.
Pero sus raíces históricas se hunden mucho más atrás. Si hubiera un Hollywood español, sólo con las historias bélicas del siglo XVI, XVII y XVIII se podrían producir películas épicas acerca de logros que los propios españoles de hoy no recordamos.
“Necesitamos sacar la cabeza de nuestras pequeñas guerras cainitas y empezar a pensar en conjunto.”
Por todo ello les insto —les suplico casi— que lean nuestra historia, que visiten los lugares históricos, que se empapen de nuestras grandes hazañas pasadas, para tener una mejor y gran perspectiva del rumbo de las naciones: de dónde venimos, para poder pensar con amplitud hacia dónde vamos, o deberíamos ir.
Necesitamos sacar la cabeza de nuestras pequeñas guerras cainitas y empezar a pensar en conjunto, cada quien con sus sensibilidades y desde su ideología, en pos de un futuro mejor para todos. En lugar de división, unión. Definir un rumbo y un proyecto en común y empezar a construirlo.
- Patrimonio Nacional: Real Sitio / Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
- Armada Española: Museo Naval (Madrid)
- RAE (DPD): “Leyenda negra” (contexto y uso del término)
- Blas de Lezo (ficha general para lectura introductoria)
- Sociedades Económicas de Amigos del País (panorama general)
“Lean nuestra historia. Visiten. Compárenla con calma. Y, si puede ser, con menos Wikipedia y más museo.”

Padre de familia, contribuyente como ciudadano de Europa, España, Asturias y Avilés
No adscrito a ningún grupo político, pero crítico de todos ellos.
Me gusta mi país y creo que aún podría ser mejor.
