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Nunca más un Tezanos, un García-Ortíz, o un Conde-Pumpido, aunque sean favorables al PP”.
Cayetana Álvarez de Toledo

Hay momentos en la Historia que, a simple vista, o al menos en ese mismo instante, pocos pueden reconocer que se trata de un punto de inflexión, un hito histórico, y sólo desde la perspectiva que da el tiempo, se puede apreciar la importancia del evento.

Un ejemplo, de máxima actualidad por cumplirse su 45 aniversario, es el golpe de estado del coronel Tejero. Las imágenes de él, subido en las escaleras que conducen al atril del Congreso de los Diputados, pistola en mano, dieron la vuelta al mundo. Y en ese momento se creó una gran incertidumbre por lo que fuera a pasar, tal vez una vuelta a la dictadura, sin saber quién sería el dictador.

Por lo que fuera, aquello salió mal. Y aún hoy se sigue debatiendo quien podría ser la “autoridad competente” que debía presentarse para hacerse cargo del gobierno de la nación, y a quien Tejero esperaba.

Estos días Pedro Sánchez, precisamente en aplicación de una ley franquista, la Ley de Secretos Oficiales, en su condición de jefe del ejecutivo, sin permiso ni acuerdo con nadie, ni siquiera su propio consejo de ministros, “democráticamente” decide desclasificar con bombo y platillo los documentos secretos acerca del golpe de Estado.

Y como en la mayoría de las veces, sus anuncios estelares, acaban en nada o muy poca cosa. Humo, ruido, bombo y platillo. Nada se ha revelado que no se supiera ya, pero el objetivo presidencial está cumplido. Hemos estado unos días hablando de eso, y no de sus miserias. Y así aguanta, otra semana más. Los viajes del Falcon a República Dominicana siguen siendo secreto de Estado. Por lo que sea.

La política del ruido rara vez busca la verdad; busca el olvido.

En todo caso, otro momento histórico se acerca, a la vista de los resultados electorales de Aragón y Extremadura, y de las previsiones de Castilla y León. Una mayoría de votantes, hastiados del socialismo, van a dar la mayoría a los partidos de derechas, que deberán ponerse de acuerdo para gobernar en esos territorios, y tal vez próximamente, en el gobierno central de España.

Por fin existe la oportunidad de acabar con las políticas woke, con políticas divisivas entre territorios, entre géneros, entre edades… una oportunidad histórica de volver a la senda de la unidad, de la sensatez, del valor de la familia, de la honradez, de reformas que hagan que la prosperidad vuelva, que la economía se afiance y baje por fin de lo macro a lo micro. Dejar atrás el postureo, el buenismo, los grandes y huecos gestos, que no sirven de nada, pero cuestan dinero, o de anuncios rimbombantes de proyectos sin financiación, mientras se tira el dinero de todos en mamandurrias y corruptelas.

Pero eso será si al fin los dos partidos de derechas son capaces de coaligarse. Porque tal y como vemos en los medios, se comportan como empresas que pugnan por los mismos clientes, se diferencian, se denigran y al fin no llegan a acuerdo. ¿Y eso que significa? Pues lo de siempre, que los españoles no les importamos, y sí sus cargos y prebendas. Les importa el reparto del poder.

De organizaciones jerárquicas como son los partidos políticos, mal van a salir bondades democráticas.

Mucho me temo que la oportunidad se pierda, dando paso a gobiernos inestables, en perpetua construcción, que dependan de comprar votos de minorías, y supeditándose por tanto a los deseos de unos pocos por encima de los de la mayoría, justo lo contrario de lo que una democracia debería ser, el gobierno de las mayorías.

Hay mucho que derogar y reformar. Mucho trabajo parlamentario que habrá que realizar con agilidad. Dejarse de tanto anuncio y tanta propaganda, remangarse y trabajar de verdad. ¿tendrán nuestros políticos de derechas la altura de miras suficiente? ¿serán capaces de buscar sus puntos en común, que los tienen, y formar un proyecto conjunto en base a eso?

La democracia no se demuestra ganando; se demuestra acordando.

No deja de ser irónico que todo partido político busca siempre obtener la mayoría absoluta, y por tanto ser pequeños dictadores por cuatro años. Ellos, que tan demócratas dicen ser. Para no tener que negociar, para hacer lo que les venga en gana. ¡Pues no, señores! Ser demócrata es llegar a acuerdos, proponer proyectos que sean asumibles por todos, que construyan un país, vertebrar la nación, lograr la unión de los representantes de la mayoría de los votantes y hacer lo que esa mayoría demanda.

Por eso Tejero no podía triunfar. Quien ha probado la democracia y la libertad, no quiere volver a la dictadura. Y por eso ahora, los electores no van a dar mayorías absolutas. Hartos estamos de la falta de libertad, del tacticismo de partido por encima de la utilidad pública, de privilegios feudales de los políticos, de la corrupción, de instituciones colonizadas por unos u otros, de la arbitrariedad y del sectarismo. Ténganlo en cuenta, digiéranlo y actúen en consecuencia.

Los estaremos observando.


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