Me gustaría aportar mi granito de arena al general conocimiento del público, explicando la importancia que tiene el voto, el papel de los políticos, y de cómo nos afecta su actuación, especialmente a los nuevos votantes jóvenes, o a los que votan por inercia, sin haber pensado mucho en ello.
Espero no crearles más confusión de la que ya aporta la propia propaganda política y ruido mediático. Hago notar que a pesar de tener yo mis filias y fobias, he “disfrazado” los nombres de los partidos para que cada cual piense que partido podría ser PIM, PAM, PChón, PChín, o QéKK. Cualquier parecido con los nombres reales es coincidencia o mi subconsciente que me traicionó.
No seas “de…”
Primero de todo, a los partidos políticos les interesa mucho que “seas de…”. Como quien es del Barsa o del Sporting. Si tu “eres del Partido Chín” vas a votar al “PChín” en las locales, regionales, nacionales y europeas, sin cuestionar ni su programa, ni a sus candidatos, ni nada de nada. Como mansa oveja que va al matadero.
Si el candidato del “PChín” es el mismísimo Belzebú y su programa consiste en comerse niños crudos, tu lo vas a apoyar porque “eres del PChín”. Cualquier partido adora eso. El votante fiel y descerebrado.
Evita que te engloben en una categoría o te creas la etiqueta que te quieran poner, porque te resta libertad.
Si tú te crees e interiorizas que eres un votante de estribor, solo vas a poder votar a PChín o a PChón. Nunca a la Coalición KK, al Partido Unificado Marismeño, o al Partido Amasado de Mareas, que son de babor. Y a lo mejor son los que lo están haciendo fenomenal en tu gobierno autonómico, aunque en Madrid o en tu pueblo sean un desastre. Date la oportunidad de votar a quien quieras, o a quien te convenga, sin encasillarte.
Los eslóganes no gobiernan
Además, no te creas que un partido representa a un determinado perfil de votante. Los eslóganes del tipo “¡PAM, el partido de las mujeres!” o “¡PUM, el partido del obrero metalúrgico!” son sólo eso, propaganda. Un partido tiene sus propios intereses, y actuará incluso en contra los intereses de sus votantes si a la cúpula dirigente del partido le interesa más otra cosa. Casos se han visto. Y muy recientemente.
Lee el programa
El primer punto que como votante debes de analizar con cuidado es el programa electoral. Mas allá de que uno tenga afectos, tendencias o sensibilidades a babor o a estribor, en cada votación hay que leerse el programa político que presentan los partidos, porque, a lo mejor, te das cuenta que conviene votar al “PChón” en las locales, por las medidas que proponen y a quien presentan, y al “PChín” en las nacionales, por que son los únicos que pueden desbancar a la “QéKK”, que es la que gobierna ahora mismo y te están friendo a impuestos para luego derrocharlo en bobadas ideológicas, mamandurrias a los que no lo merecen, o gastarlo en las putas y la cocaína de sus fiestas privadas.
No creo que haya votante cuerdo que apoye eso. A no ser que participe en la fiesta.
A la postre, leerse los programas te puede dar una pista de por donde tienen intención de llevar las cosas, pero como sus programas electorales no les obligan legalmente de ningún modo, y una vez pasadas las elecciones pueden hacer lo contrario sin consecuencias directas para ellos, tampoco te creas que es tan útil. Solo indiciario, nada definitivo.
No se pueden esperar resultados distintos si siempre votamos al mismo.
Mayorías y bisagras
Por otro lado, todos los partidos, “PChín”, “PChón”, “QueKK”, “PAM” “PUM” y demás pléyade de siglas, tienen vocación siempre de obtener mayorías absolutas. Básicamente para no verse obligados a negociar nada y hacer lo que les venga en gana.
Lo cual en determinados casos puede ser bueno, dependiendo de si lo que van a hacer va de acuerdo a nuestro mismo interés como votante, o malo si va en contra.
Pero en general, en mi opinión, las mayorías absolutas derivan en pequeñas dictaduras de 4 años, por lo que no me son simpáticas. O en su defecto, ser el partido “bisagra” que decida mayorías junto con unos u otros, obteniendo la relevancia para conseguir cosas a pesar de tener pocos representantes.
En esto, los partidos regionalistas y separatistas se han hecho maestros.
Quién legisla tu vida
Los mandamases de los partidos hacen las listas de candidatos, y de ahí salen elegidos, proporcionalmente a los votos recibidos, la nómina de políticos que forman lo que se llama el “poder legislativo” conformado por el Congreso de los Diputados y el Senado.
Ellos formulan y aprueban, en nombre de sus votantes, pero normalmente sin preguntarles antes, las leyes que rigen toda nuestra vida y dictan los impuestos que tenemos que pagar.
Por eso es crucial elegirlos con cuidado, no sea que luego resulte que las leyes que hagan no nos gusten, o incluso nos sean adversas. Si eso pasa, en las siguientes elecciones, hay que votar a otro que las derogue.
En los “parlamentinos y asambleínas” autonómicos también se legisla, así que lo mismo reza para las elecciones autonómicas.
El candidato importa
Otro punto fundamental: el candidato. Si el PChín presenta de candidato a un mentiroso, tramposo, útil para nada, que ha demostrado en anteriores legislaturas su poca valía, no le votes.
Si alguien te engaña una vez, es su responsabilidad, pero si te engaña dos o más veces, ya la responsabilidad es tuya. Aunque eso signifique que no votas al “PChín”, que son tus favoritos del alma. Con ese candidato, no.
En general, sería deseable que los candidatos de todos los partidos fueran gente de valía, que tuvieran bagaje cultural, profesional, académico, experiencia de gestión… Actualmente campa en todos los partidos el político “nini”, que nunca conoció otro oficio que el de cargo político, y que como no tiene empleo al que volver, se agarrará con uñas y dientes al “puestín” por encima de intereses generales o de su propio partido.
Si detectamos alguno de éstos, a no ser que no puedas evitarlo, no le votes tampoco. Venderá tu voto tan generosamente aportado al mejor postor, al que mejor cargo le ofrezca. Ni sueñes que vaya a defender tus intereses de votante.
Reglas tóxicas
Supongo que a estas alturas ya vislumbras lo difícil que es vivir y votar en una democracia.
En la política española hay varias reglas que son tóxicas para el país, pero que se aplican por parte de todos los partidos:
- •Si la idea es buena y es de nuestro partido, se hace y nos llevamos las medallas y los méritos. Si la idea es del contrario, aunque sea buena, no se hace. Si acaso, siendo buenísima, se espera un tiempo para que la gente olvide quién fue el que lo pensó, y luego la volvemos a presentar como si fuera propia.
- •El resto de partidos son rivales, pero los enemigos siempre están en el propio. Hay que crear un ambiente jerárquico y de dominio en la estructura de partido. Y el que “se pase un pelo” se le represalia, se le expulsa y se le denigra.
- •Intenta gobernar para siempre, colocando a todos los simpatizantes que puedas en todos los cargos a los que accedas, creando clienterismo, devotos y afines, y también para poder tener estructura caso de tener que pasar a la oposición
Espero os haya gustado esta primera parte de mi “manual para el votante” que tengo que terminar aquí para no eternizarme. Si tiene éxito, prometo nuevas entregas ampliando información.
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