VADA A BORDO, CAZZO!
Francesco Schettino es conocido por ser el capitán que llevó al naufragio al crucero italiano Costa Concordia el 13 de enero de 2012 en la isla de Giglio (Italia).
Debido a ese accidente, en 2015 fue condenado a una pena de 16 años y un mes de prisión, después de que la investigación acreditara que en el momento de la colisión (21:45 horas del citado día) se encontraba en el puesto de mando con una acompañante, una bailarina moldava de nombre Domnica Cemortan con la que reconoció tener una relación extraconyugal.
Nuestro promiscuo capitán realizó una arriesgada maniobra “de saludo” demasiado cerca de la costa, lo que provocó el choque del buque con las rocas y su vuelco parcial. Continuando con su imprudencia, el capitán tardó 50 minutos en declarar la emergencia y -al menos- otros 20 minutos en ordenar la evacuación del barco, algo que contribuyó a elevar la confusión entre los más de 3.200 pasajeros y 1.000 tripulantes, y agravó las consecuencias del accidente.
Mientras la evacuación del barco estaba en curso y aún quedaban cientos de personas atrapadas, el pichabrava abandonaba la nave en un bote salvavidas, lo que le hizo ganarse el apelativo de “capitán cobarde”, además de una fuerte reprimenda del comandante de la Guardia Costera Gregorio De Falco, quien le ordenó repetidamente y con cierta dureza: “Vada a bordo, cazzo!” (¡vuelva a bordo, carajo!).
A pesar de las órdenes claras de De Falco, Schettino nunca regresó a la nave y a fecha de hoy sigue en la cárcel.
En otro orden de cosas, y aunque no se puede hablar de un récord oficial, hay registros que acreditan que el Padre José de Jesús Silva Berumen ya supera los 28.169 bautismos en el Hospital Español de la Ciudad de Méjico en sus más de 50 años de ministerio.
El auge de los bautizos en los últimos tiempos queda acreditado con casos como -por ejemplo- el recogido por el libro Guiness en la Iglesia Ni Cristo (Filipinas), donde en septiembre de 2019 -y en un único acto- 18.272 personas fueron bautizadas… o como los 12.000 adultos bautizados en Francia sólo durante la Vigilia Pascual de 2024, cifra que creció hasta las 17.800 personas bautizadas en nuestro país vecino durante la Vigilia Pascual de 2025.
Seguramente en este punto el lector se preguntará qué tiene que ver el capitán Schettino con los bautizos… y esto tiene que ver con el caso que conocí hace años en el mundo laboral.
Un reducido número de trabajadores de una empresa -con los que compartí muy buenos momentos- acostumbraban a “bautizar” a sus compañeros y compañeras de trabajo, tarea que llevaban cabo de una manera espontánea pero con una sobresaliente destreza.
Para los que no están familiarizados debo aclarar que, en el sector del metal -sobre todo en áreas cercanas al taller o a la obra- siempre hay algún travieso de mente ingeniosa presto a ejercer de bautizante y lo normal es que todos hayamos sido apodados con algún mote, si bien el decoro de este alias sólo dependerá de la voluntad de Dios para iluminar a nuestro padrino en el oportuno momento.
En aquella época, la empresa tenía bastante actividad, por lo que el trasiego de empleados era considerable y el número de bautizados crecía día a día, aunque desconozco si el ritmo era el de nuestro reverendo antes aludido, el Padre José de Jesús Silva Berumen.
Entre las ilustres incorporaciones al equipo destacaba un italiano fichado en loor de alabanzas que no sólo iba a desempeñar un destacado papel dentro de los puestos directivos, sino que iba a implantar una nueva manera de trabajar en la veterana empresa que los iba a llevar a otra dimensión.
Más que el tiempo, fueron los hechos y las decisiones que tomaba aquel señor (o las que no tomaba) quienes marcaban el rumbo de la empresa hacia un acantilado o hacia un arrecife similar al que hizo naufragar al Costa Concordia, mientras que el capitán, en vez de permanecer al mando, salía de la nave o saltaba de salvavidas en salvavidas… circunstancia que sirvió para que alguno le pusiera el mote de Schettino.
A la vez que las incorporaciones aumentaban en aquella empresa, lo hacía también el número de bautizados, acercándose a cotas inabarcables, circunstancia por la que mis queridos amigos tuvieron la brillante idea de ir registrándolos -según ellos, con la única finalidad de no perderse en aquel profano santoral- en una hoja de cálculo a la que llamaron “El Códice Schettino”, propósito que no sé muy bien si llevaron a término o se quedó en mera intención, pero que llamó mi atención por cómo, en medio de la zozobra, una ingeniosa idea podía mantener animada a la tropa.
Como ven, a veces las empresas se dejan en manos de capitanes más ocupados en bailarinas moldavas o en sus propias aficiones que en su desempeño profesional, algo que -sin duda- causa confusión entre la tripulación y puede hacer zozobrar la nave.
Sin embargo, también hemos visto como la fe sigue en aumento en todo el mundo con nuevos bautizos en los últimos años, nuevos nombres que mantienen el ánimo, la alegría y la esperanza incluso entre los más descreídos.

Licenciado en Filología Española (Literatura)
https://www.linkedin.com/in/j-aurelio-su%C3%A1rez-devesa/
