Asturias Liberal > Aportaciones > Mujeres con encanto

Olimpia de Gouges, Marie Gouze, escritora y una de las precursoras de la igualdad de derechos para todos, hombres y mujeres, negros y blancos, en plena revolución francesa fue encarcelada y guillotinada por sus colegas al rechazar la esclavitud del mundo negro y hacer pública la Declaración sobre los Derechos de la Mujer.

Hasta la fecha, se ha superado la miserable inferioridad al hombre de la valía de la mujer a lo largo de la historia.

Es claro que ella participa y debe hacerlo en todos los ámbitos de la vida pública donde se mueve: familiar, laboral o allí donde ella lo estime oportuno.

Más aún, a lo largo de los últimos años nos ha hecho saber que ha estado igual preparada que el hombre, tanto para trabajar como en acceder a cualquier ámbito: empresarial, militar, política, economía, jurídica, etc.

Son muchas, más de lo que pensamos, que han optado no solo por la vida y su familia, también por su inteligencia y otros menesteres.

Y alguna que otra vez, por falta de sabiduría y sentido común, se han sentido víctimas de un complejo de inferioridad, cuando no de desviaciones patológicas más severas.

Cuando muchas veces se desea ladear al otro, a la otra, sabemos cierto que nos echan sobre nuestras espaldas toda clase de “san Benito” con el único objetivo de no conquistar aquello que eres capaz de realizar o piensas de otra manera que no es políticamente correcto.

Hablar del tema desde la experiencia

Que un artículo de este tema lo escriba un hombre puede ser de una osadía que está fuera de lugar -aparentemente-, pero si antes de hacerlo, hablas con “varias muchas” y entiendes sus postulados, lo ves más sensatos y no hay “peros algunos” para escribir de estos temas.

Según me han comentado, su lucha de hoy respecto al Día internacional de la mujer en el 8 de Marzo, es defender su propia dignidad como ser humano y para todo ser humano. Aquí no existe “malogrado día del feminismo” donde todo es tortura y coacción hacia el hombre y cualquier tipo de poder. Todo lo que vemos, seguían argumentando, ha salido de las cuevas ideológicas con el simple hecho de hacer daño e ir contra el buen sentido de la vida.

Ellas me comentan que aceptan y con gusto las diferencias, y que lo bueno no es ser iguales.

Ellas vislumbran el feminismo de tal diferencia, y hacen hincapié en que todo conocimiento y respeto por lo “femenino” es el modo correcto de interpretar la necesaria complementareidad entre la mujer y el hombre desde que este mundo empezó a deambular para construir ambos y en pareja el destino de la humanidad.

El encanto como actitud vital

Con gracia y salero, más de una me ha dejado caer que no desean ser mujeres-florero, que tienen su encanto, su glamur. Que tales condiciones no están “per se” en su cuerpo serrano sino más bien en saber ocupar su lugar en un plano de auténtica igualdad.

Me he acordado que encanto o glamur, es sinónimo de buen gusto interno y, es más, no por lo que se ve de cara a la galería. Con el encanto de hablar, con un saber maravilloso, con alegría de la buena, me han hecho consciente que lo bueno de la persona, sea hombre o mujer, es todo aquel, aquella que combina principios, creencias, cultura y educación, saber estar y sensibilidad, donde son conscientes del principio de toda calidad y el propio atractivo que provoca con aquel que se cruza en su caminar.

Una pregunta de fondo

La cuestión a la que me llevaban tan “grandes sabidurías encantadoras” eran las siguientes: ¿por qué no brillar las anteriores excelencias con los anteriores desgarbos y osadías propias de las que se saben con encanto?

Tengo por sentado que sigue habiendo mujeres que andan algo acomplejadas, posiblemente por su feminidad o “primas hermanas”; que ellas mismas se sienten algo anticuadas y desean acallar su conciencia. Otras, sin embargo, desean más que pervertir sus palabras y no mojarse en tales cuestiones, de quedar bien y de ir de perfil.

Estamos, señoras y señores, ante una ortodoxia donde nos jugamos mucho y, entre ellas la coherencia y la identidad.

Mujeres orgullosas de serlo

Opino a ciencia cierta que existen muchas mujeres en España, en Europa, que están más que orgullosas de serlo sin vestirse de “feminismo radical y político” y que van por la vida en dirección opuesta a lo que se desea hoy desde un grupo minoritario con fuerza política y de huchas repletas de subvenciones.

Las anteriores, la mujer-mujer, la mujer serena, la que brilla por su saber estar, la que aporta al mundo un caché humano con esmerada humanidad, ella, por el hecho de ser así ya no está ennobleciendo la vida misma, aunque sea unos –muchos-pocos- la algarabía, que las consideren como un trasto, sin atractivo alguno y que se quedaron en la era de los cavernícolas.

El alma del mundo

No han sido ni serán nuestras mujeres personas de poca sustancia. Las han sido, son y serán al alma del mundo. Las que nos dan humanidad en cada casa, la que nos sorprenden con sonrisas, ternuras y la mejor compasión que tenga un ser humano.

Para ellas: un “Gracias” es muy poco. Ellas, por ser mujeres, siempre han dado a cambio de nada.

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