Asturias Liberal > Aportaciones > La democracia está sobrevalorada

 

El pasado día 24 de marzo tuvo lugar un acto de reflexión y debate promovido por la Junta General del Principado de Asturias y la Universidad de Oviedo, cuyo tema principal fue la salud democrática en España y el contexto global.

El análisis de eminentes catedráticos constitucionalistas fue unánime al poner de manifiesto “una preocupante erosión de la democracia y el constitucionalismo, impulsada por el auge de los populismos tanto en occidente como en América”, conclusión a la que llegaron basándose en la crisis de la democracia representativa o del funcionamiento parlamentario, en las dificultades a las que se enfrentan algunos órganos independientes de control o en la influencia gubernamental sobre los medios en algunos países que impiden el pluralismo político.

Origen del término democracia

El término democracia proviene del griego demos (pueblo) y kratos (poder o gobierno), y quiere decir “el gobierno del pueblo”.

La democracia ateniense

En la Atenas del año 508 antes de Cristo, y tras años de tiranías y conflictos sociales, Clístenes propuso una serie de reformas radicales que sentarían las bases de una nueva organización social, buscando arrebatar el poder a las élites para entregárselo al pueblo (a una Ekklesía o Asamblea de ciudadanos): para ello dividió a la población en 10 tribus artificiales, mezclando a gentes de costa, montaña y ciudad con el objetivo de romper los vínculos y servidumbres que beneficiaban a los nobles de la época; estableció la Boulé, un Consejo de 500 ciudadanos elegidos por sorteo encargados de preparar las leyes… e introdujo el concepto del ostracismo, un mecanismo de defensa a merced de la Asamblea para desterrar por un plazo de diez años a cualquier político que fuera una amenaza la incipiente democracia.

Un siglo más tarde, Pericles perfeccionaría este sistema con la introducción de la mistoforia, un salario o compensación destinado a que cualquier ciudadano electo para participar en la Asamblea, en el consejo o en los tribunales no perdiera poder adquisitivo al tener que dejar su trabajo: esta medida permitía que pobres, los artesanos y los campesinos (y no sólo los pudientes nobles) pudieran participar en la todavía incipiente democracia.

Limitaciones del modelo clásico

A pesar de la idealización que podamos tener hoy en día, la democracia ateniense era restringida y excluyente, reservándose el derecho a participar sólo a los varones adultos que hubieran terminado su servicio militar, a los hombres libres y a los atenienses “de pura cepa” (Pericles, en el 451 a.C., estableció que sólo serían considerados ciudadanos atenienses aquellos que fueran hijos de padre y madre atenienses). Estas tres condiciones dejaban fuera del sistema democrático a las mujeres, a los metecos (extranjeros residentes que pagaban impuestos) y a los esclavos; se estima que, de una población de 300.000 personas, apenas unas 30.000 ó 40.000 formaban el cuerpo político activo.

La anécdota de los bombones

Regresando al presente, hace unos días en una exclusiva tienda de chocolates una señora pidió una caja de 250 gramos de bombones; después de que el servicial dependiente le preguntara si tenía alguna preferencia la mujer se empeñó en ir seleccionando uno a uno cada bombón, deliberando en cada caso la pertinencia o no de la elección.

Esto no tendría mayor importancia si no fuera porque el establecimiento tiene una oferta de 120 bombones distintos, la cajita de 250 gramos puede contener unas 20 unidades y la señora fue examinando bombón a bombón sin tener claro qué elegir… ante la paciencia del dependiente y el estupor de los que estaban haciendo cola en la bombonería.

A quien me lo contó le respondí: “la democracia está sobrevalorada, hay gente que no está capacitada ni para elegir bombones y hay que dárselo hecho”… y -como tantas otras veces- me sirvió para que me llamaran radical.

La elección como problema cotidiano

Recuerdo que, cuando era crío, en la pastelería lo habitual era que la gente pidiera los pasteles por docenas (media docena, una docena, etc…) y el confitero de turno te solía poner esa cantidad de pasteles variados… hasta que empezó a ponerse de moda la elección a gusto del consumidor, con los consecuentes problemas de tiempo en la elección y despacho, y de logística para la persona que sirve y tiene que ordenar la caprichosa elección en la bandeja: intenten hacer lo mismo con la carga de un barco en un muelle cualquiera, a ver si les dejan.

También nos hemos acostumbrado a esperar varios meses por un coche nuevo cuando vamos al concesionario (los que puedan permitírselo), salvo que nos quedemos con algún vehículo de los que están en exposición: hoy en día los extras y variables de configuración de un coche nuevo al alcance del consumidor son tan numerosas que nuestros automóviles casi entran en la cadena de montaje personalizados ad hoc.

Errores en decisiones importantes

Si estas indecisiones -en muchos casos por desconocimiento– pueden ocasionar leves molestias y repercutir en el tiempo de espera o en la calidad de los servicios que recibimos, todas ellas se quedan en meras anécdotas si las comparamos con la insensatez que muchas personas demuestran a la hora de administrar e invertir su propio dinero: dejando a un lado los casos ya conocidos de estafas, les aseguro que una gran parte de inversores se fía más de su intuición, de su olfato o de su percepción que de lo que les diga un asesor profesional o de lo que reflejen unas cuentas auditadas de una empresa cotizada que –dicho sea de paso- muchos de ellos no sólo no se molestan en repasar, sino que ni las entienden; hay personas que invierten su patrimonio en productos financieros o renta variable como si fuera una ruleta o máquinas tragaperras en un casino (y luego se sienten engañados).

Rituales funerarios y cambio social

Volviendo a otros ejemplos mundanos, nuestra manera de despedir a los difuntos también ha cambiado en los últimos años: hace tan solo unas décadas no quedaba más remedio que velar al difunto en casa, rezar por él y enterrarlo en el cementerio… pero la moderna sociedad de hoy en día también se arroga el derecho no sólo de despedir a los muertos de cualquier manera, sino de administrar sus restos de las maneras más inopinadas. Conozco algunos casos sorprendentes, pero recordemos esta peripecia del presidente del Real Betis:

Ritos funerarios en la Atenas clásica

Si comparamos algunas conductas actuales sobre este tema con otras civilizaciones, debemos recordar que en la Atenas clásica de la que hablábamos más arriba, las exequias fúnebres eran un deber religioso y social ineludible; se creía que el alma de quien no recibía sepultura estaba condenada a vagar eternamente, persiguiendo a sus familiares por su descuido. El proceso tradicional se dividía en tres etapas principales:

1. La Próthesis (Exposición del cuerpo): El cuerpo era lavado, ungido con aceites y perfumado, y se vestía al difunto con sus mejores ropas según su posición social. En el velatorio se exponía al difunto en el hogar sobre un lecho funerario y las mujeres de la familia realizaban lamentos rituales y cantos fúnebres.

2. La Écfora (Procesión fúnebre): Antes del amanecer del tercer día, el cuerpo era llevado en procesión hacia el lugar de entierro o cremación. El féretro solía ser transportado en un carro o a hombros por amigos y familiares, y se acompañaba de músicos y dolientes que expresaban su duelo públicamente.

3. El Entierro y Rituales Posteriores: Sepultura o Cremación: Se depositaban ofrendas como cerámica, joyas, alimentos o herramientas que se consideraban útiles para el tránsito al más allá. Tras el entierro, se celebraba un banquete fúnebre en la casa del difunto denominado perideipnon que servía para honrar su memoria y permitir que la familia se reuniera tras el duelo.

Ritos en la tradición judeocristiana

Estos días de Pascua, la Biblia nos presenta en los que se comprueba que en la época de Jesucristo, en Judea, los rituales funerarios también seguían las estrictas leyes y tradiciones judías que daban una importancia sagrada al respeto por el cuerpo y a la rapidez del entierro: se preparaba el cuerpo (los familiares daban un último beso al difunto, se lavaba el cuerpo y se ungía con aceites y especias), se envolvía el cuerpo en sábanas de lino y se cubría el rostro con un sudario y no se embalsamaba ni se cremaba (a diferencia, por ejemplo, de los egipcios). A continuación, el cuerpo era llevado en procesión y se enterraba en tumbas excavadas en roca o en fosas en la tierra… y la familia guardaba luto estricto durante siete días.

Reflexión final

Volviendo a la actualidad y al tema con el que empezábamos, hoy en día la democracia (algo tan importante como es el mecanismo mediante el que se rige el destino de los pueblos) se ha convertido en una fiesta en la que cualquiera puede participar… aunque tenga dificultades para elegir los bombones que le gustan, para invertir su dinero o para enterrar dignamente a sus seres queridos: ¿es posible que los riesgos detectados en la democracia -que observan y denuncian las eminencias del ramo- estén relacionadas con esa falta actual de restricciones que sí había en la Atenas clásica, con una sociedad alelada y acrítica o –tal vez- con la mengua de unos referentes éticos y morales de otras épocas?, ¿de verdad nuestra sociedad está capacitada para una democracia universal?.

 

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