Asturias Liberal > Aportaciones > Lo políticamente correcto

La definición y su intención original

Se define comúnmente «Políticamente correcto» como el uso del lenguaje, la implementación de políticas o el uso de comportamientos diseñados para evitar ofender, excluir o marginar a grupos desfavorecidos o discriminados. En teoría se busca promover la inclusión y el respeto.

De consenso inicial a degradación

La corrección política, que es algo con lo que en principio cualquiera debería estar de acuerdo, porque a nadie se le ha de discriminar o perjudicar en democracia ya pertenezca a una mayoría o a una minoría, pero que en los últimos tiempos, como tantas otras cosas, como concepto abstracto, ha degenerado profundamente.

El giro hacia el “buenismo”

Y lo ha hecho en el «buenismo», el hecho de pensar que todo el mundo tiene buenas intenciones, que el mundo es una utopía de amorosos hermanos de sentimientos fraternos, donde estamos obligados moralmente a repartir nuestros magros bienes y servicios con cualquiera que los necesite, por puro altruismo, y dando por hecho que ese prójimo se comportará con bondad y agradecimiento, colaborando con nosotros y participando en la producción y el crecimiento del país, para así poder hacer llegar a más hermanos las maravillas de nuestro sistema.

La realidad antropológica

La realidad, que es tozuda, nos muestra con abundantes ejemplos que no es así. Hablando en términos generales, el ser humano no es «bueno», si no básicamente egoísta y busca su propia supervivencia personal por encima de la del grupo.

Probablemente estemos antropológicamente programados así, ya que durante miles de años convivíamos en grupos reducidos, familia, aldea, que eran los que nos importaban, y el resto del planeta nos interesaba poco, mas allá de poder robarles algo.

Manifestaciones del egoísmo cotidiano

Los hay que reciben una paga que no merecen, los hay que ostentan cargos que no ejercen, pero cobran por ellos, los hay que se aprovechan de los demás sin pudor ni vergüenza, y se consideran más “listos” por hacerlo, los hay que trabajan en negro y no participan del sistema, pero luego reclaman una pensión, los hay que tapan los delitos de “los suyos” denunciando los mismos delitos en los “otros”, pecando doblemente por cómplice y por hipócrita… perlas constantes de egoísmo personal o grupal podríamos enumerar durante folios y folios…

Relativismo y decadencia social

Ejemplos hay muchos, a todos los niveles, de que las personas son egoístas, y legitimar o incluso premiar esos comportamientos basándose en la «picardía» o «el ingenio», o justificarlos de alguna manera, nos está llevando como Sociedad a un relativismo moral, a una falta de valores absoluta, a la decadencia en suma. Poco a poco, tal vez de un año a otro no nos demos ni cuenta. Pero ¿a que hace 20 ó 30 años eran impensables cosas que hoy son cotidianas?

Nos estamos comiendo la ventana de Overton con patatas.

Igualdad ante la ley y límites del poder

¿Significa eso que hemos de pasar por encima de las minorías? En absoluto, nuestra constitución en el artículo 14 consagra la igualdad ante la ley de todos, sin discriminación posible por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Pero no es lógico, ni funcional, ni sensato que las minorías manden, legislen y gobiernen pasando por encima de las mayorías.

Ser correcto sin apellidos

Así que creo yo que ha llegado al fin el momento de ser correcto, sin apellidos.

Ser correcto es elegir siempre el camino de la verdad y la responsabilidad, incluso cuando nadie nos mire.

Es cumplir con las normas y leyes, buscando si no son justas su derogación o cambio por los métodos legales, pero no vulnerarlas ni saltárselas.

En todo el orden social, desde los que mandan, los que legislan, los que juzgan y hasta el último y más humilde miembro de la sociedad: que todos entendamos como censurable y nefasto el aprovecharse o bordear la ley, porque rompe el principio de igualdad de oportunidades y nos degrada a todos, aunque a corto plazo sea beneficioso para el infractor.

Los pilares de la honradez

Implica:

  • Estética, evitar las malas apariencias, como la mujer del César, y no solo se ha de ser bueno, si no además parecerlo.
  • Honorabilidad, cumplir con la palabra dada siempre, y si cambiaran las circunstancias, explicarlo bien y llegar a nuevos acuerdos, basándose en la verdad.
  • Sinceridad, que sustenta todo lo anterior, con transparencia, con conciencia.
  • Ética, ser recto, justo y honesto, con los hechos por delante.
  • Veracidad, decir siempre la verdad y actuar con ella.
  • Responsabilidad, reconociendo errores y aceptando las consecuencias si los cometemos.

Cada punto es parte y refuerza la misma idea: Honradez.

La consecuencia de un cambio real

Cuando éstos valores sean los comúnmente aceptados por todos, cuando ésta sea la verdadera “corrección política”, veremos como tanta injusticia y tanta desigualdad se aminora o desaparece, cómo los recursos que todos proveemos van a lo que es necesario, sin arbitrariedades ni favoritismos, y que por encima de todos impera la democracia, la ley y la libertad personal responsable.

Reflexión final

Ahora sí, la Arcadia feliz. ¿estoy siendo demasiado idealista… o ingenuo? Lo más gracioso del caso es que a la postre, tanto el rey como el mendigo mueren, y nadie se lleva ninguna riqueza. Cada átomo vuelve a la tierra, el rico y el pobre se convierten en polvo. ¿de verdad merece la pena ser “el listo” y dejar un legado vergonzoso a la siguiente generación?


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