Un abril inglés
En enero de 1966 se publicaba el segundo álbum de Simon & Garfunkel, titulado Sounds of Silence. Aunque resulte desconcertante en esta época de música digital, la cuarta canción de la cara A era una discreta composición de título April Como She Will, que ya había sido publicada el año anterior en un íntimo disco de Paul Simon para el público británico.
La historia se remonta a 1964, cuando Paul Simon era un joven y desconocido músico neoyorquino que se sentía decaído -y un extraño en su propia tierra- tras el fracaso del primer álbum, publicado con su inseparable Art Garfunkel (Wednesday Morning, 3 A.M.); una crisis de identidad que le llevó a alejarse y buscar refugio temporal en Inglaterra.
Allí, durante un periodo de introspección, conoció a Katheen Mary “Kathy” Chitty en el Railway Inn Folk Club, quien -con sólo diecisiete años– se convirtió en el faro que estaba buscando y en su musa: Kathy solía recitar una rima infantil que -junto con los idílicos campos ingleses- sirvió de inspiración e influencia a Simon para componer este April Come She Will:
La fragilidad del sentimiento
Paul Simon escribió esta pieza bajo la influencia de una sencillez que la convierte en su mayor sofisticación; la canción funciona como un reloj de arena biológico que empieza en abril (el mes que estamos empezando), cuando el amor es tan sólo una promesa que «empapa la tierra»: es tierno, verde y frágil.
Musicalmente, la guitarra acústica de Simon dicta un arpegio constante, como una gota de lluvia que cae rítmicamente… refiriéndose a un amor que nace con la primavera pero que, en su propia génesis, ya anuncia su final.
Tras un precioso viaje a través de los meses, en «September, I remember«, el ciclo y el fin son inevitables y la belleza se asume como efímera. La canción no sólo representa el amor, sino que también traslada un cierto poso de la ansiedad de quien teme que no sólo el amor, sino la carrera profesional y la vida son transitorias: Paul Simon estaba viviendo un idilio, pero en su mente temía que éste, al igual que su incipiente carrera profesional, fueran tan efímeros como una flor de primavera que se marchita en septiembre.
Emily como ideal
También en 1966, pero en el tercer álbum del dúo (Parsley, Sage, Rosemary and Thyme), se publica la canción For Emily, Whenever I May Find Her, una composición donde Paul Simon pone a disposición de la incomparable voz de Garfunkel una lírica densa, un relato onírico que representa una idealización absoluta: Emily no es una mujer de carne y hueso, sino un ideal que buscamos y -paradójicamente- sólo se nos aparece en sueños.
En esa época, el mundo de Simon & Garfunkel había dado un vuelco de 180 grados y gracias al éxito de The Sound of Silence el dúo era ahora la voz de una generación. Paul Simon sentía la inmensa presión de ser considerado un «poeta», y eso le llevó a componer For Emily, Whenever I May Find Her en una sola noche de inspiración febril.
Como adelantábamos más arriba, el autor ha aclarado en varias ocasiones que Emily no es una persona, sino la personificación de un amor ideal que aún no ha llegado… o que quizás solo sea posible en el plano de los sueños.
Esta canción marca un punto de inflexión en su relación personal: Paul la escribió pensando en que sólo la voz de Art Garfunkel podía darle la trascendencia necesaria, y realmente Art -con su registro vocal casi angelical– convierte la balada en una experiencia transcendente… y mientras Art se elevaba vocalmente las composiciones hacia ese ideal etéreo, Paul comenzaba a sentirse como un arquitecto que construye catedrales para que otro las habite.
Cecilia y la ruptura
Las inseguridades de Paul Simon llegaron hasta el quinto y último disco del dúo (Bridge Over Troubled Waters) en 1970. Unos meses antes, durante la grabación, las diferencias y tensiones entre ambos eran cada vez más evidentes, y durante una de las jornadas de trabajo en Los Ángeles, en un momento de aburrimiento y frustración, comenzaron a golpear objetos que dieron lugar a un ritmo en bucle tosco y rudimentario, aunque bastante pegadizo, que propició una conocida canción que ha servido a algunos fans para hacer recientemente un interesante vídeo:
Bajo la apariencia de una canción pop alegre, Cecilia esconde una metáfora ácida: como saben, Santa Cecilia es la patrona de los músicos y, en la letra, el narrador le ruega que «vuelva a casa» porque le está rompiendo el corazón… un pasaje que representa la desesperación del propio Paul Simon ante una situación en la que –por una parte- sentía que su inspiración se estaba escapando y –por otra parte- la distancia con respecto a ante un compañero (su compañero) que físicamente ya no estaba en “la habitación”.
El pasaje que habla de un amante que encuentra a otro en su cama con Cecilia mientras se ausenta un rato para lavarse la cara es una parodia de una infidelidad, sirve para romper la imagen de poeta sensible de Paul Simon a la vez que deja entrever el sentimiento de traición que éste sentía hacia un Garfunkel, embarcado por esa época en nuevas aventuras profesionales; el ritmo frenético de Cecilia no es solo una invitación al baile, sino el sonido de dos hombres tratando de mantener el paso mientras su mundo compartido se desmoronaba. Al final, el autor grita de júbilo (“jubilation”) al comprobar que, a pesar del temor, del dolor e incluso de la infidelidad, la inspiración y la música han vuelto a fluir.
Tres canciones, una vida
En apenas seis años, Simon & Garfunkel pasaron de la fragilidad de un abril inglés a la compleja polifonía de una despedida en Los Ángeles; estas tres canciones no solo son hitos musicales, sino los restos arqueológicos de una amistad que, en su intento de alcanzar la armonía perfecta, terminó por descubrir que la realidad, al igual que Cecilia, siempre acaba rompiendo el corazón… aunque la vida siga.
El viaje por estas tres canciones puede considerarse un ciclo de la vida emocional o un inventario de la vulnerabilidad humana: desde el nacimiento frágil del sentimiento (April Come She Will), pasando por la idealización mística (For Emily, Whenever I May Find Her), hasta el choque rítmico y terrenal de la realidad (Cecilia).
Quizá esta tempestad de sentimientos a través de la música sea hoy impensable, motivo por el cual algunos que ya peinamos canas podemos y debemos considerarnos afortunados, por haber disfrutado de una época y de una herencia musical que hoy cuesta encontrar. Por cierto: algunos hasta tuvimos la suerte de compartir pupitre y juventud con Cecilia o con Emilia, chicas maravillosas cuyo recuerdo sigue estando impregnado de tiempos inevitablemente mejores… aunque ahora no nos vaya mal.

Licenciado en Filología Española (Literatura)
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