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Ante la tragedia de los trenes de Adamuz se me plantean varias reflexiones que me gustaría compartir con ustedes. 

Los accidentes, por más que siempre se les quiera dar un componente fatal de casualidad, siempre tienen un árbol de causas, causalidad, sin las cuales no se hubiera producido.

“Si esa vía pasara por aquí y no por allá…”

Si esa vía pasara por aquí y no por allá, si el terreno fuera de arcilla y no de arena, si ese tornillo estuviera más o menos apretado, o aquel soporte estuviera dañado o no, si esa soldadura estuviera así o asá, si el rail fuera de 1989 o del 2023, si la máquina hubiera ido a 120 km/h en vez de a 200 km/h, etcétera, entonces el accidente no hubiera pasado.

Basta con eliminar una de todas esas circunstancias para que el suceso no se produzca.

Los accidentes se investigan para precisamente desentrañar toda esa cadena de sucesos que llevaron a que se produjera el desastre, para desgranarlos y poder, en el futuro, evitar que se vuelva a producir otro acontecimiento similar.

“Pero entonces entramos en el campo de las responsabilidades.”

Pero entonces entramos en el campo de las responsabilidades. En cada nivel del organigrama, uno debe apechugar con lo que ha hecho, desde el que encarga la obra, hasta el último peón, cada uno tiene su cuota de responsabilidad profesional. Porque alguien fue el que propuso la infraestructura, alguien diseñó el trazado, alguien fue el apretó el tornillo, el que soldó, el que reformó, o el que manipuló.

No seré yo el que juzgue en base a las incompletas informaciones que van surgiendo en medios quién pueda ser más culpable o menos de la muerte de 45 personas, y de docenas de heridos. El equipo técnico que está en esas labores dará su veredicto y los jueces dirán, en su caso, quien debe asumir lo ocurrido.

Al analizar el accidente, los investigadores destapan en la mayoría de las ocasiones al responsable del desastre, que a veces son más de uno, como más de una son las causas de un accidente. Es lógico pensar que el responsable de la infraestructura debiera haber sabido de las incidencias y actuado en algún modo, que las empresas de transporte debieran haber escuchado con más interés las quejas de sus maquinistas sobre baches o vibraciones, que el que renovó la vía hubiera hecho las cosas con conciencia y calidad. El tiempo nos dirá quien tiene que dar las explicaciones y en su caso, asumir las responsabilidades.

“En todo caso, no será consuelo…”

En todo caso, no será consuelo para el que perdió a su madre, a su hijo, a su hermano, o a su familia entera. Saber quien armó el desaguisado no devuelve a los que faltan, aunque sea un cierto alivio saber que se quita de la circulación a un inepto, a un corrupto o a un incapaz, que no volverá a tener posición de repetir la hazaña.

Lo que resulta deleznable es el uso político que unos y otros hacen de este tipo de acontecimientos. Cualquier cosa se aprovecha para lanzarlo a la cara del rival político, se fabrican y difunden “relatos” que nada tienen que ver con la verdad, se resalta lo que pueda favorecer y se opaca lo que pueda salpicar, se hace el paripé de una empatía interesada o se debate el “tú más” entre los que pasaron en algún momento por las máximas responsabilidades.

Y las víctimas, que son víctimas, pero no son idiotas, ven todo este teatrillo y aborrecen de él, y se desesperan viendo en manos de quienes estamos, salvando a algún alcalde, que por definición son políticos de proximidad y por tanto también gente “del pueblo”. Y se niegan a manipulaciones, a funerales laicos y zarandajas que “arrimen el ascua a la sardina” de unos u otros. Además, con buen criterio, porque entrar en ese juego es darles oxígeno.

“Echo de menos más humildad…”

Echo de menos más humildad en los que mandan, más claridad en sus actuaciones y sus explicaciones, y un nivel mayor de exigencia en la ciudadanía, y no convertir cada asunto en “los nuestros” contra “los otros” simplificando hasta el infantilismo todo lo que acontece.

Los que gobiernan deben asumir responsabilidades, porque para eso están, por dignidad y decencia, aunque no sean directos responsables penales, porque sí lo son en el plano político. Y los que están en la oposición pedir esas responsabilidades, con criterio y justicia, y los socios del gobierno ser críticos, por más que les vaya el puesto en ello, porque ser socio no debe significar ser siervo.

Porque no se trata de qué partido es el que está en el cargo, si no que los que están en el cargo se deben a su patria y a sus compatriotas, a las personas, a las que sirven por encima de sus siglas y partidos. Me temo que esto se les ha olvidado a nuestros políticos más insignes, que todo lo ven al final rojo o azul, “conmigo o contra mí”. Y lo que es peor, pretenden que todos lo veamos así.

Y así nos dividen, nosotros, vosotros, ellos. Y nosotros, con vosotros, contra ellos.


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