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Hace unas semanas un niño necesitaba un corte de pelo y sus padres agendaron una cita en una conocida peluquería.

Sin saber el uno del otro, ambos hicieron reserva para un mismo día, pero a dos horas distintas (en definitiva, hicieron dos reservas), algo de lo que enseguida se dio cuenta el niño y —afortunadamente— pudieron consensuarlo entre ellos y llamar al establecimiento para anular una de las citas.

Este es un caso claro de falta de comunicación entre los que tenían que actuar (reservando la cita) que pudo tener consecuencias en un tercero (la peluquería) con una falsa reserva, aunque —como hemos avanzado— finalmente se pudo corregir llamando y aclarándolo.

No pocos establecimientos hosteleros se quejan —con razón— de servicios que se pierden porque los clientes no comunican la no asistencia a reservas previamente hechas y confirmadas, así como los perjuicios que esto supone para ellos: mesas vacías que podrían ser aprovechadas por otras personas en los casos más leves y severas pérdidas en materia prima perecedera comprada y no usada en las situaciones más extremas.

Hace años una pareja quería casarse en una ciudad en la que ninguno de ellos residía habitualmente, así que cada uno inició el expediente de matrimonio en su respectiva parroquia e hizo traslado a la que —en principio— sería la parroquia donde se iba a oficiar el sacramento.

Las semanas pasaban y los trámites iban realizándose sin contratiempos: cada uno por separado iba trabajando y completando su expediente… hasta que el padre del novio tuvo que llevar un documento que faltaba a la parroquia del casamiento y descubrió que ambos novios estaban trasladando la documentación para el expediente de matrimonio a la misma ciudad, pero en parroquias distintas.

Afortunadamente, y gracias a la “detección precoz” de esta circunstancia, el incidente pudo corregirse, no pasó a mayores y el desposorio pudo celebrarse.

En este caso entre ambos novios había comunicación, puesto que cada uno iba avanzando en su expediente, pero esta comunicación no era completa y este hecho estuvo a punto de chafarles el día de su boda.

Un entrenador de fútbol base que conozco se suele lamentar de que tiene “un equipo de mudos”, porque los muchachos no se hablan entre sí en el campo, y la comunicación entre jugadores en el campo de fútbol es un pilar fundamental para el éxito del equipo: va más allá de las instrucciones tácticas; es un lenguaje constante que coordina acciones, previene errores, fomenta la confianza y permite una adaptación fluida a las dinámicas cambiantes del juego.

La comunicación entre jugadores es el catalizador que convierte la unión de talentos individuales en un rendimiento colectivo exitoso: desde un grito de advertencia hasta un sutil gesto visual, cada interacción comunicativa es una hebra vital en el tejido de una estrategia ganadora; su dominio es tan crucial como la técnica con el balón o la preparación física.

Dentro del terreno de juego, la comunicación entre jugadores no es distinta a la comunicación con la que solemos relacionarnos en la vida cotidiana, y se manifiesta de dos formas principales: verbal y no verbal.

Comunicación verbal: instrucciones claras y códigos compartidos

La comunicación verbal es la transmisión directa de información a través del habla. En el fútbol, esto debe ser rápido, conciso y —a menudo— codificado:

  • •Instrucciones tácticas inmediatas: Gritos como «¡Presiona!», «¡Cubre la espalda!», «¡Marca a ese!», “¡Voy!”, “¡Salimos!”, etc… son vitales para reorganizar la defensa o iniciar un ataque en segundos.
  • •Códigos internos: Los equipos suelen usar palabras o frases específicas y preestablecidas que solo ellos entienden; esto agiliza la toma de decisiones y mantiene al equipo contrario desinformado sobre la estrategia inminente.
  • •Alerta de peligro: Avisos como «¡Balón aéreo!» o «¡A la espalda!» (por citar algunos) son cruciales para prevenir fallos defensivos y garantizar que los compañeros estén preparados para la acción.
Comunicación no verbal: el lenguaje universal del fútbol

Quizás aún más predominante en el fragor de un partido, la comunicación no verbal es un flujo constante de señales, gestos y lenguaje corporal:

  • •Señales visuales: Un simple gesto con la mano, un movimiento de cabeza o un pulgar hacia arriba pueden indicar un desmarque, una permuta de posición o la aprobación de una acción.
  • •Contacto visual: El contacto visual entre un pasador y un receptor antes de un pase anticipa la jugada y asegura que ambos están en la misma sintonía, a menudo sin mediar palabra.
  • •Lenguaje corporal: La postura de un jugador puede comunicar confianza, frustración o fatiga, lo cual influye en sus compañeros. Un defensor que se posiciona de cierta manera indica a sus colegas cómo deben colocarse para mantener la línea defensiva.
  • •Jugadas a balón parado: Las señales con las manos o los dedos antes de un córner o una falta son un ejemplo clásico de comunicación no verbal planificada, donde cada gesto tiene un significado táctico específico.

La comunicación efectiva no es un extra, sino un requisito indispensable para el rendimiento óptimo del equipo que permite:

  1. Cohesión y sincronización: Una comunicación fluida permite que los jugadores actúen como una unidad sincronizada, minimizando la descoordinación y maximizando la eficacia de las jugadas colectivas.
  2. Toma de decisiones rápida: En un deporte que se juega a alta velocidad, la comunicación instantánea es fundamental para la toma de decisiones en fracciones de segundo. Una instrucción clara puede ser la diferencia entre un gol y una oportunidad perdida.
  3. Prevención de errores: Muchos errores tácticos y defensivos son resultado de malentendidos. Una comunicación clara y constante ayuda a evitar confusiones sobre quién debe cubrir a un jugador o dónde posicionarse.
  4. Adaptación al juego: Permite a los jugadores ajustarse rápidamente a los cambios en la estrategia del equipo contrario o a situaciones imprevistas, reorganizándose sobre la marcha sin necesidad de la intervención del entrenador en cada momento.
  5. Fomento de la confianza y la moral: Una comunicación positiva, que incluye ánimos y felicitaciones, fortalece la confianza individual y colectiva, mejorando el ambiente y la motivación del equipo.

Como vemos, todos los aspectos que se destacan en cuanto a la comunicación en un campo de fútbol —y sus repercusiones en el resultado del trabajo del equipo— son perfectamente aplicables a los grupos laborales en nuestras empresas (privadas o públicas), algo que no debería caer en el olvido y sobre lo que se debería trabajar sin descanso, puesto que el rendimiento y resultados de estas empresas será directamente proporcional a la eficiencia en la comunicación entre sus miembros.

Les dejo el vídeo de un histórico entrenador (sobrado de comunicación) en el que comprobamos cómo la charla táctica para el equipo se queda en la intimidad de la caseta, las correcciones o las instrucciones deben ser inmediatas, las reflexiones siempre son imprescindibles, la insistencia en la comunicación perseverante… y cuando el idioma nos separa no nos queda más remedio que buscar ayuda.

Y recuerden: para evitar manipulaciones y malos entendidos, las instrucciones deben ser ad pedem literae.

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