Fotografía de portada: escultura «Avilés», obra del escultor Benjamín Menéndez, inaugurada en junio de 2005. Fue ejecutada por APLACANSA, del Grupo Daniel Alonso.
A principios de marzo de 1999 empezaba mi andadura profesional en la empresa para la que aún hoy sigo trabajando.
Como saben, mi empresa se dedica a la ingeniería y el montaje de equipos para el almacenamiento de hidrocarburos y productos químicos -la fabricación siempre se ha subcontratado- y en aquel momento el área de fabricación se circunscribía a Asturias, con una política de contratación fundamentada en los talleres de nuestro propio grupo (Felguera Construcciones Mecánicas, TEDESA y Felguera Calderería Pesada, de donde salieron proyectos emblemáticos a nivel mundial, y ya son historia dentro del panorama industrial), a los que se complementaba con un número limitado de empresas externas fidelizadas para tal fin.
Talleres colaboradores y memoria industrial
•En lo que respecta a talleres de fabricación colaboradores, contábamos con Metalúrgica MG (quizá muchos no sepan que MG viene del nombre de sus fundadores, Marcelo y Gregorio) que, si bien hoy en día ya no es el referente que otrora fue durante la construcción de la Universidad Laboral o en las épocas doradas de UNINSA y de los astilleros gijoneses, aún sigue al pie del cañón sobreviviendo y dando respuestas en el cada vez más disminuido tejido industrial asturiano.
•Quizá hoy en día, con la conectividad y medios actuales cueste entenderlo, pero un 3 de marzo de 1999 envié mi primer contrato firmado con la entonces Felguera-IHI a las oficinas centrales de mi empresa -en Madrid- desde el FAX de Metalúrgica MG.
•Para nosotros también trabajaba Montajes del Cantábrico, un taller en el que tenían capacidad para fabricar grandes piezas que después irían sometidas a tratamiento térmico (y donde frecuentemente -para otras empresas- se hacían mantenimientos a los bogies de trenes, de los que estos días se habla tanto), y que –lamentablemente- echó el cierre hace unos diez años.
•Otra de nuestras empresas colaboradoras era Instalaciones y Montajes Albandi, donde fabricábamos grandes estructuras y tuberías de máxima exigencia técnica. A pesar de tener personal altamente cualificado y acreditaciones para proveer e intervenir en refinerías y plantas petroquímicas, esta empresa también se vio abocada al cierre hace unos diez años.
APLACANSA: excelencia, innovación y legado
Por último y en cuanto a fabricación se refiere (dejo aparte a proveedores habituales de logística o tratamientos superficiales) teníamos a un taller en Avilés donde se fabricaban las chapas de nuestros tanques cilíndricos: APLACANSA.
Fundada en 1979 por Daniel Alonso, y con Manuel Gutiérrez “Cantón” al frente (APLACANSA era el acrónimo de APLANACIONES GRUESAS CANTÓN S.A.), tuvo su origen para dar respuesta al aplanado y oxicorte de desbastes y chapas laminadas en caliente.
Aunque su primera ubicación fue en la Avenida de la Playa, en San Juan de Nieva, yo les conocí cuando ya habían estrenado unas nuevas instalaciones en la Avenida Conde de Guadalhorce… y sus servicios y el valor que entregaban a sus clientes no habían dejado de crecer: al oxicorte y la prensa de aplanar se habían unido otras mesas de oxicorte más potentes, corte por plasma, plegadoras, prensas y rodillos para el curvado de chapas que posibilitaban la fabricación de productos mucho más elaborados; en ese momento ya suministraban componentes para cajas de camión, instalaciones para plantas de reciclaje, subconjuntos de todos los tamaños para astilleros, nuestras propias chapas para tanques de almacenamiento, distribuidores hidráulicos a partir de chapa (los denominados “pantalones”), tramos para torres eólicas… y hasta obras singulares como la escultura cuya foto encabeza este artículo o los tirantes del exoesqueleto del edificio “Turning Torso”, algo de lo que presumían mostrando fotos en la recepción de las instalaciones:


Fotos: WIKIPEDIA y WIKIARQUITECTURA
Nos acompañaron hacia nuevos desafíos técnicos ofreciéndonos capacidad de almacenamiento, optimización de métodos y una evolución constante.
En lo que respecta a nuestras manufacturas, como fieles colaboradores nos acompañaron hacia nuevos desafíos técnicos ofreciéndonos capacidad de almacenamiento y clasificación de chapas (algo muy importante cuando hablamos de miles de toneladas y distintas dimensiones), optimizando los métodos de fabricación que tenían en aquel momento y evolucionando, investigando e invirtiendo en nuevas máquinas, métodos y procedimientos de fabricación que les permitieron obtener mejores acabados y tolerancias más precisas, y a nosotros afrontar con éxito unos proyectos cada vez más exigentes, como los tanques de almacenamiento de GNL a baja temperatura, para los que empleamos aceros al 9%Ni que requieren una manipulación cuidadosa y acabados muy rigurosos.
Aprendizaje humano y profesional
En el plano personal, compartir trabajo en aquel taller (como en tantos otros) supuso una experiencia que no se aprende en ningún centro educativo.
Pasar por APLACANSA a cualquier hora era sinónimo de buen ambiente, de experiencia, de tranquilidad sabiendo que lo que debían hacer lo iban a hacer dentro de lo previsto, y que si había un problema sería detectado a tiempo y siempre con la propuesta de una solución.
Si compartir un café o una conversación con el propio Daniel Alonso (como después hice tantas veces con Cantón) para mí eran auténticas clases de máster en liderazgo y visión empresarial, el día a día con el personal de oficina o taller supusieron un aprendizaje de incalculable valor para el resto de mi vida laboral.
Con el paso de los años APLACANSA cambió de denominación, pero para mí es inevitable recordarla con su nombre original. En unos días APLACANSA cerrará sus puertas para siempre, muchas de las personas que trabajaron en aquella época ya llevan tiempo jubiladas (César, Mamel, Pulido, Chano, Ignacio, Diego, Eduardo, Alberto y tantos otros…), pero el recuerdo y la huella de ese tiempo permanecerá.
Una reflexión sobre el presente y el futuro
Volviendo a la imagen global de este artículo, en los últimos veinticinco años han cerrado las puertas los tres talleres de mi propio grupo empresarial con los que teníamos relación, y del resto de colaboradores sólo quedará Metalúrgica MG, algo que puede ser un reflejo de lo que ocurre en el sector.
La imagen del tejido industrial asturiano, que debería ser un “vergel” a la sombra de la única acería integral del país, de algunas ingenierías y de pujantes astilleros (por citar sólo algunas empresas tractoras), tiende a preocupante… para nuestro futuro y para el de nuestros hijos.
Les confieso mi preocupación cuando un sector como el industrial se marchita en Asturias.
En 1964, Bob Dylan publicaba “The times they are a-changin’”, un himno de la canción protesta que viene a decir que los tiempos cambian rápido y que debemos actuar para no quedarnos estancados, pero les confieso mi preocupación cuando un sector como el industrial se marchita en Asturias, así como mi escepticismo sobre si las generaciones que vamos quedando estaremos a la altura de aquellos que nos precedieron para adaptarnos a los cambios y generar riqueza, presente y futuro.

Licenciado en Filología Española (Literatura)
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