Asturias Liberal > Aportaciones > No es lugar para visionarios

Según la R.A.E. un visionario es “una persona que, por su fantasía exaltada, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas”, o también “que se adelanta a su tiempo o tiene visión de futuro”.

En el artículo anterior hacíamos referencia a un proyecto singular del famoso arquitecto Santiago Calatrava cuyo desarrollo amerita una visión más detallada.

En 1923 se fundó en Suecia la cooperativa HSB (Hyresgästernas sparkasse- och byggnadsförening), que tenía por cometido fundamental proporcionar viviendas asequibles, gestionar comunidades y -en muchos casos- promover el “cohousing”. Ni que decir tiene que HSB, compuesta hoy en día por más de 670.000 miembros que gestionan aproximadamente un 10% de las viviendas del país, fomenta los valores de ayuda mutua, sostenibilidad y democracia en sus procesos y gestión.

A finales del siglo XX, y coincidiendo con la construcción del puente Oresund -que conecta Suecia con Dinamarca– el CEO de la cooperativa HSB, Johnny Örbäck, quedó impresionado al encontrar en un folleto una escultura de mármol de Santiago Calatrava llamada “Twisting Torso” que representa a un ser humano girando sobre sí mismo.

En aquel momento, la ciudad de Malmö buscaba un símbolo que ocupara el lugar de la enorme grúa Kockumskranen (icono de la ciudad) y sustituyera la huella del pasado industrial de Malmö por algo nuevo e ilusionante, un edificio que liderara la transformación de un espacio industrial obsoleto y deprimido a una zona residencial moderna… así que a Johnny Örbäck se le ocurrió la idea de proponer a su cooperativa y a las autoridades locales la construcción de un rascacielos, un revolucionario edificio autosostenible diseñado por Santiago Calatrava a imagen de su escultura Twisting Torso: su enamoramiento y pasión por Calatrava se mezclaron con sus convicciones políticas (socialdemócrata) para argumentar ante HBS y autoridades que ese edificio devolvería a Malmö un “skyline” que sustituiría a sus fábricas y sería un símbolo para la ciudad: un monumento al esfuerzo de la clase trabajadora a la vez que una obra de arte moderno.

Las reticencias iniciales de socios y autoridades fueron vencidas gracias al afán y la obstinación de Örbäck:

Ante HSB, para justificar el alto coste y el lujo contrapuestos a una cooperativa de raíces socialistas, comparó el nuevo edificio con un coche de Fórmula 1, argumentando que, al igual que las innovaciones técnicas implementadas en la alta competición se trasladan a los vehículos utilitarios, los desafíos que se afrontarían con este proyecto elevarían los estándares constructivos en las viviendas del futuro.

Ante las autoridades políticas no tuvo tanta resistencia, puesto que éstas ya estaban buscando un edificio emblemático (si bien algo mucho menos ambicioso) para la exposición de vivienda Bo01 que se iba a celebrar en la misma zona portuaria donde iba a implantar el rascacielos.

Creo que conviene destacar que, el hecho de que Santiago Calatrava nunca antes hubiera diseñado un edificio residencial no pareció ser un argumento que hiciera dudar a nadie de la viabilidad del proyecto.

Ingeniería preliminar y ejecución

Una vez aprobado el proyecto, la ingeniería preliminar describía un edificio que tendría 190 metros de altura y 54 plantas repartidas en 9 cubos que irían rotando sobre un eje de hormigón armado de 10,6 metros de diámetro, a los que se uniría un exoesqueleto de acero con tensores que aportarían estabilidad ante los fuertes vientos.

Poco después de empezar la excavación de los cimientos los contratistas se dieron cuenta de que el presupuesto inicial se quedaría corto, aunque en ese momento aún nadie sospechaba lo que se les vendría encima al finalizar el proyecto: de un presupuesto inicial de 550 millones de coronas suecas (unos 55 millones de euros) pasaron a una factura final para completar el rascacielos de unos 1.600 millones de coronas (unos 170 millones de euros aproximadamente).

Todo apunta a que nadie fue consciente de la complejidad y exigencia del proyecto antes de embarcarse en él, puesto que requería una cimentación especial por la situación en terrenos cercanos al mar, a lo que se sumaba la carestía del montaje usando un encofrado de andamios trepadores, el coste de los materiales fabricados ad hoc para respetar la curvatura de la fachada (aluminio, vidrio)… a todo eso también se unió la necesidad de emplear un hormigón armado de alta resistencia (unas 15.000 toneladas) para garantizar la estabilidad del edificio y un exoesqueleto más robusto que el diseñado inicialmente (unas 820 toneladas de acero) que -en conjunto- limitaran el balanceo del edificio a 30 centímetros cuando éste estuviera sometido a tormentas y a fuertes rachas de viento de hasta 150 km/h en el Báltico.

Por si lo anterior fuera poco, tampoco nadie previó la decisiva repercusión de los vientos de la zona en el desarrollo del montaje, puesto que por motivos de seguridad las grúas y los operarios no pueden trabajar con rachas superiores a 17 nudos (unos 32 km/h), y ese umbral se superaba con mucha frecuencia durante los inviernos en Malmö; los trabajos de hormigonado del núcleo central también se vieron interrumpidos por los fuertes vientos, puesto que en tales circunstancias no se podía alcanzar la precisión requerida. Estos parones, forzados por inclemencias climatológicas y no contemplados en la planificación inicial del proyecto, dispararon los costes de la mano de obra y los alquileres de maquinaria pesada.

El proyecto se vio afectado igualmente por una huelga de los electricistas subcontratados, que se extendió durante varias semanas y ralentizó o paralizó a otras actividades críticas de la obra como pintores, carpinteros, instaladores de suelos, etc… con un impacto estimado en unos 10 millones de coronas suecas por semana.

Fallos de comunicación y responsabilidades

Otro factor determinante, y que ha inspirado lecciones en escuelas de negocios como ejemplos de acciones a eludir, fueron los distintos fallos en la comunicación:

Desconexión entre el equipo de diseño y el equipo de ejecución: Mientras el equipo de Calatrava trabajaba en Zurich los ingenieros de construcción estaban en Malmö, y se ha acreditado que la comunicación fue manifiestamente mejorable: los planos de detalle llegaban tarde o con errores, por lo que los trabajadores en obra llegaban a improvisar sus propias soluciones.

Para mantener vivo el proyecto, Johnny Örbäck maquillaba la realidad de la situación y filtraba -a su conveniencia- la información a la junta directiva de HSB, minimizando los informes económicos que alertaban de sobrecostes y pasando de soslayo los problemas técnicos: esto pudo hacerlo hasta que la situación financiera se hizo insostenible.

Diferencias culturales: La cultura laboral sueca -basada en el consenso y la planificación estricta– chocó con el estilo de gestión más “fluido” del estudio de Calatrava. Este aspecto se vio agravado por la barrera del idioma y de las diferencias en las normativas de construcción de Suiza y Suecia.

El SITE: La falta de liderazgo en campo y la presión transmitida a los trabajadores -sin la suficiente información o negociación- para recuperar el tiempo perdido por los parones debidos al viento generó una tensión que desembocó en huelgas y conflictos.

Consecuencias judiciales y reputacionales

A finales de 2004, meses antes de terminar la obra y durante la presentación de cuentas anuales ante la cooperativa HSB, Johnny Örbäck no tuvo más remedio que desvelar que el coste de la torre se había triplicado, circunstancia para la que solicitaba a los asociados una “exención de responsabilidad”, una dispensa que la asamblea de HSB Malmö le negó… y esa decisión de los propietarios transmitió a la junta directiva la presión suficiente y necesaria para cesar al idealista CEO.

Los socios de HSB sentían que Örbäck había secuestrado las finanzas de la organización, así que lo acusaron de no informar a tiempo, de no alertar de la magnitud de los sobrecostes del proyecto y de comprometer el capital de la cooperativa (recordemos que estaba destinado a viviendas sociales y asequibles) en un proyecto de lujo sin visos de viabilidad.

Formalmente -ante la justicia sueca– la acusación sobre Johnny Örbäck se centró en fraude y abuso de confianza, imputándosele el haber causado a HSB Malmö pérdidas de 38 millones de coronas suecas (unos 4 millones de euros). La fiscalía argumentó que Örbäck había autorizado pagos y ventas a precios fuera de mercado para intentar sanear las cuentas de la cooperativa y ocultar el agujero del proyecto del Turning Torso.

En diciembre de 2007 Johnny Örbäck fue condenado (junto con otro ejecutivo de HSB y un agente inmobiliario) a una pena de 18 meses de prisión, si bien meses más tarde el Tribunal de Apelación absolvió a Örbäck de todos sus cargos: aunque reconocieron una gestión “desastrosa e imprudente”, encontraron que no hubo intención criminal ni enriquecimiento personal, sino intentos desesperados por salvar el proyecto y la reputación de la ciudad.

Reconocimientos y balance final

El Turning Torso se concluyó en 2005, consiguiendo diversos premios internacionales, entre los que destacan:

•Emporis Skyscraper Award (2005): Recibió la medalla de oro como el mejor rascacielos del mundo finalizado ese año, destacando su diseño helicoidal único.

•10 Year Award del CTBUH (2015): Concedido por el Council on Tall Buildings and Urban Habitat, este prestigioso premio reconoce rascacielos que han demostrado un valor duradero para su ciudad y el entorno urbano una década después de su finalización.

••MIPIM Award (2005): Galardonado en la feria inmobiliaria de Cannes como el mejor edificio residencial del mundo.

•FIB Award for Outstanding Concrete Structures (2006): Otorgado por la Federación Internacional del Hormigón por su excelencia estructural y el uso innovador del hormigón.

•SBI Silver Beam Award: Un reconocimiento a su diseño y soluciones técnicas en el ámbito de la construcción.

•50 Most Influential Tall Buildings (2019): El CTBUH lo incluyó en su lista de los 50 rascacielos más influyentes de los últimos 50 años por haber cambiado el paradigma del diseño en 3D.

A pesar de estos reconocimientos a la fabulosa construcción, para HSB el proyecto le supuso airadas críticas por un conflicto con sus valores, por financiar un suntuoso edificio para la élite con capital de una organización socialista y cooperativista. Además, muchos miembros de la cooperativa retiraron sus ahorros de la organización al sentirse traicionados.

Debido a los altos sobrecostes HSB no logró vender los apartamentos como propiedad privada, así que, para evitar la quiebra total del proyecto, la cooperativa tuvo que mantener la propiedad y poner las viviendas en alquiler a precios de lujo, renunciando a sus principios de fomento de la vivienda asequible. En 2012 HSB intentó de nuevo vender el edificio completo para recuperar capital, pero no logró encontrar un comprador que cumpliera con sus expectativas.

A pesar de haber sido absuelto por el Tribunal de Apelación, Johnny Örbäck sufrió un grave daño reputacional que puso fin a su carrera como figura destacada en el sector inmobiliario y cooperativo sueco, al quedar demostrada legalmente su responsabilidad y culpabilidad en una “mala conducta financiera” y “falta de transparencia” ante la cooperativa HBS.

Santiago Calatrava nunca llegó a entender las medidas tomadas contra Johnny Örbäck, argumentando que éste no tuvo las personas adecuadas a su alrededor para sacar adelante el proyecto, y criticando el conservadurismo de HSB y de Suecia para entender el proyecto: de ahí sale su famosa frase “Suecia no es un lugar para visionarios”.


Si tienen interés en este asunto, les comparto el documental de Fredrik Gerten, filmado durante el proyecto y que vio la luz en 2005, titulado “The Socialist, the architect and the twisted tower”

 

Tras repasar esta historia, que a buen seguro nos recuerda a casos parecidos en empresas privadas o -incluso- en administraciones públicas, cabría preguntarse si en todas partes la respuesta sería igual hacia los responsables de estos desaguisados… o reflexionar hasta qué punto hay que hacer caso a los visionarios de turno y quién paga la aventura.

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