Captura de la web del diario El Comercio

El 20 de septiembre de 2023 el diario El Comercio organizó un interesante desayuno de trabajo dentro de las celebraciones de su 145 aniversario y que le hacen merecedor de ser el decano de la prensa regional.

En la intervención del presidente del Principado, que se puede ver íntegramente aquí, apuntaba Barbón que tiene planificadas 3 líneas fundamentales de trabajo , siendo la primera la que define como “el cambio de modelo productivo”.

Barbón es el ejemplo perfecto del planificador político, pleno de “fatal arrogancia”, que Hayek definió en su obra “Los fundamentos de la libertad”, cuando afirma que la región debe pasar de un modelo industrial tradicional, que supone el 21% del PIB y por tanto nada desdeñable como para jugar con él,  a otro basado en la economía verde y la digitalización, conceptos cuya ambigüedad es manifiesta y que se alinean de manera clara con la ideología de izquierdas con la que estamos siendo bombardeados constantemente. 

Porque la capacidad de Barbón o de cualquier otro gobernante para cambiar un tejido industrial es limitada salvo que se dediquen con regulaciones dañinas a condenar y mutilar el crecimiento de esas grandes empresas, lo que supondría un enorme perjuicio tanto para el empleo como para la actividad económica de su hinterland.

Si el sector secundario ya se está viendo afectado por ese invento tributario maquillado de ecologismo denominado derechos de emisión de CO2, que grava de manera escandalosa toda actividad industrial intensa, solo faltaría que a Barbón se le ocurriera estrangularlo aún más con alguna ecotasa que mermaría sus beneficios, por tanto la posibilidad de seguir generando riqueza para él y sus accionistas, sus proveedores, sus trabajadores, los territorios que ocupa, etc, encareciendo el producto final (tenemos un buen ejemplo en la energía eléctrica).

Todo eso lo pagaría el usuario, usted, el consumidor, con una capacidad de ahorro limitada, gastando por tanto mucho menos, ralentizando la economía, llevando al paro a determinados sectores que no consumirían productos de esas industrias, que cerrarían… en una secuencia fatídica que nos llevaría a la pobreza, el desempleo y la despoblación.

Eso de la economía verde queda muy bien en foros, mítines, charlas e informes impresos en papel reciclado, en esos entornos endogámicos que tanto gustan organizar. Porque si en Asturias tenemos un tejido industrial potente no hay que cambiarlo, hay que incentivarlo, mejorarlo y potenciarlo. Y si no es del verde que quiere Barbón, que no lo sea.

La sociedad ha avanzado lo suficiente como para exigirles el cumplimiento de normativas ambientales cada día más estrictas y a la vez justas. Pero de ahí a obligar al paso a la economía verde, signifique lo que signifique, media un abismo. 

La misma idea se aplica a la digitalización: es el progreso y no los designios de Barbón los que determinan la adopción de nuevas tecnologías no solo en el ámbito industrial sino también en sectores tremendamente ajenos a las Tecnologías de la Comunicación y la Información (TIC) como es el campo.

La industria se digitalizará cuando hacerlo genere un valor añadido tan grande que supere con creces el abandono de los actuales procesos más el coste de adopción de los nuevos, no cuando el presidente quiera o en un determinado plazo de tiempo.

Por tanto, palabras vacías que se podían haber convertido en algo más sencillo: el gobierno del Principado facilitará y colaborará con la industria asturiana para que la transición hacia formas de producción más respetuosas con el medio ambiente y la incorporación de las nuevas tecnologías en sus procesos sean lo más eficaces posibles. Nada más. 

Pero no. Hayek lo dejó escrito: ignorancia radical, conocimiento disperso, errores de cálculo económico, incapacidad para prever el futuro.. Tal cual.


Imagen de la parte superior: captura de la página web del diario El Comercio