Fotografía de portada: Adrián Barbón, en su discurso del 31 de diciembre 2025 dado, irónicamente, desde el Museo de la Emigración
Un presupuesto no solo cuenta euros: ordena la realidad. Y cuando la ordena técnicamente bien, demasiadas veces lo hace para que encubra la verdad .
Es decir: encuadran la realidad de un modo que la vuelve digerible, eso sí, con ayuda del aparato mediático sincronizado.
El Informe Económico-Financiero que acompaña a los Presupuestos del Principado de Asturias 2026 responde exactamente a esa lógica.
Es un documento técnicamente correcto, cuidadosamente redactado, políticamente correcto y económica y socialmente ineficaz .
Precisamente por eso conviene leerlo con atención, pero también con distancia.
El contexto económico como coartada tranquila
El texto se abre con un análisis del contexto económico internacional, nacional y autonómico que cumple una función muy concreta: situar a Asturias dentro de una corriente general aparentemente favorable.
Europa crece poco pero crece; España, algo más; Asturias, en línea.
La palabra que sobrevuela el conjunto es “resiliencia”, ese término cómodo que permite presentar la mera adaptación pasiva como virtud.
El problema no está en lo que se dice, sino en lo que se da por supuesto: que el crecimiento agregado equivale a buena salud económica, y que participar de la media es, en sí mismo, un éxito.
Sin embargo, cuando se observa con algo de detenimiento, la economía asturiana que emerge del informe sigue mostrando los mismos rasgos estructurales de los últimos años:
- •debilidad industrial,
- •baja productividad relativa,
- •fuerte peso del sector público
- •y escasa capacidad propia de generación de crecimiento.
Nada de esto es nuevo, y precisamente por eso sorprende la suavidad del diagnóstico. El contexto sirve más como coartada tranquilizadora que como punto de partida para una reflexión estratégica.
El presupuesto consolidado: el gran titular
Tras ese marco inicial aparece el presupuesto consolidado, el gran titular político. El volumen crece. La cifra impresiona. La sensación es de fortaleza y margen de maniobra.
Pero aquí comienza una constante que se repite, casi mecánicamente, año tras año:
- •el crecimiento presupuestario es en gran medida nominal,
- •apoyado en la inflación acumulada, en ingresos extraordinarios y en la inercia del gasto consolidado.
El presupuesto es más grande, sí, pero no necesariamente más audaz ni más transformador. Cambia de tamaño, no de naturaleza.
Cuando el presupuesto crece pero no cambia de forma, el poder no está impulsando: se está perpetuando sobre la inercia ruinosa .
Ingresos: estabilidad aparente, dependencia real
La sección de ingresos profundiza esa impresión.
El informe habla de estabilidad recaudatoria y subraya la importancia de los recursos procedentes de la Unión Europea. Todo ello es cierto.
Pero leído en perspectiva comparada, el patrón es inquietantemente familiar: gasto estructural financiado con ingresos coyunturales y recaudaciónfiscal extractiva.
- •Los fondos europeos, como antes otros recursos extraordinarios, se integran en el presupuesto con una naturalidad que oculta su carácter temporal. El presente se financia con el futuro, pero sin que el futuro se reformule.
- •La asfixia fiscal lastra el crecimiento de empresas y familias con un sólo beneficiario: una administración pública colosal.
Gastos: la verdad del poder
En el presupuesto de gastos el documento revela una lógica más profunda aún.
Bajo el discurso de la prioridad social —sanidad, educación, servicios— se consolida una estructura en la que el gasto corriente, el personal y las transferencias ocupan el centro del sistema.
No se trata de negar la necesidad mínima (y sólo mínima) de estos ámbitos, sino de observar cómo, año tras año, la inversión productiva queda subordinada a la preservación del aparato administrativo y de los equilibrios existentes.
El presupuesto protege, amortigua, estabiliza; en absoluto impulsa.
La lectura detallada por programas refuerza esta impresión.
El número de programas crece, se diversifica, se fragmenta. Cada uno tiene su justificación, su redacción cuidada, su objetivo declarado. Pero la evaluación real es débil, cuando existe. Muchos programas parecen diseñados más para demostrar actividad que para producir cambios medibles.
El presupuesto se llena de acción declarativa y se vacía de rendición de cuentas.
Fondos europeos y Fondos Mineros: oportunidad diluida
Los capítulos dedicados a los fondos europeos y a los Fondos Mineros merecen una atención especial. En ambos casos, el informe mantiene un tono esperanzador, casi ritual.
El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia aparece como una gran oportunidad, pero su ejecución se orienta principalmente hacia proyectos fácilmente certificables, de bajo conflicto y alta visibilidad administrativa:
- •Digitalización
- •Modernización interna
- •Actuaciones fragmentadas.
Poco de aquello que permitiría hablar de un verdadero salto económico o industrial.
En cuanto a los Fondos Mineros, la historia es ya conocida: décadas de recursos, resultados estructurales modestos, y una fe persistente en que esta vez será diferente.
Deuda: “bajo control” siempre que el futuro no moleste
El análisis del endeudamiento sigue un guion igualmente reconocible. La deuda está bajo control, dicen los datos, siempre que se cumplan los supuestos macroeconómicos previstos.
El problema no es la cifra actual, sino la ausencia de una estrategia de fondo que reduzca la dependencia de escenarios optimistas.
La sostenibilidad se confía al crecimiento barruntado, no a la reforma.
Empresas públicas y consorcios: poder amortiguado
Algo similar ocurre con el sector público instrumental.
Empresas públicas y consorcios se presentan como herramientas técnicas, neutrales, necesarias. En la práctica, funcionan como espacios donde el poder se gestiona con menor exposición política, donde la responsabilidad se diluye y donde las inercias sobreviven a los cambios de gobierno manteniendo prioritariamente el estatus de quienes viven detro de ellas.
Es una constante que el presupuesto 2026 no cuestiona, sino que consolida.
Impacto de género: cumplimiento, no criterio
Incluso el prolijo informe de impacto de género, obligatorio en la decadente narrativa del feminismo administrado, concepto éste acuñado por nuestra colaboradora Sharon Calderón, responde a una lógica justificativa impropia de un presupuesto.
Acompaña a éste, lo ordena simbólicamente, pero no condiciona de manera sustantiva las prioridades ni las asignaciones.
Cumple su función decorativa porque tal feminismo no llega, porque no puede, a ser ni estratégica.
Lo comparado: continuidad con variaciones retóricas
Leído en conjunto, y comparado con los presupuestos de los últimos años, el informe de 2026 confirma una tendencia clara: continuidad con variaciones retóricas.
Cambian los marcos discursivos, se renuevan los énfasis, se incorporan nuevas palabras clave. La estructura profunda permanece.
El presupuesto no es incoherente consigo mismo, es, sencillamente, incompatible con las necesidades de Asturias.
El punto en que lo técnico se vuelve político
Y aquí es donde el análisis deja de ser técnico y se vuelve inevitablemente político.
Porque un presupuesto no es solo un instrumento contable: es una declaración de intenciones sobre el futuro.
Y el futuro que dibuja este presupuesto es el de una Asturias administrada, anulada, de intereses políticos blindados y de ciudadanos bloqueados.
Un futuro en el que el poder público se dedica, ante todo, a gestionarse a sí mismo, a mantener equilibrios internos, a evitar conflictos, a comprar tiempo.
•No hay en estas cuentas un proyecto claro de transformación económica,
•ni una apuesta decidida por alterar las bases productivas,
•ni una voluntad explícita de asumir riesgos políticos en nombre de un cambio real.
Hay prudencia irresponsable, hay oficio de resguardo, hay control social. Hay, en duma, una renuncia implícita a liderar.
Eso explica que el presupuesto funcione políticamente: reparte estabilidad, desactiva tensiones, satisface a los actores que ya están dentro del sistema. Pero también explica por qué, año tras año, Asturias sigue esperando algo más que buena gestión.
Porque cuando una región necesita un giro estructural, la previsibilidad deja de ser virtud. Se convierte en una forma elegante de estancamiento.
Y un presupuesto que solo aspira a que nada se desmorone a quienes lo secuestran acaba transmitiendo, aunque no lo diga, una idea inquietante: que el horizonte ya no es avanzar, sino resistir.
Ese, quizá, sea el mensaje más profundo de estas cuentas. No el que se proclama, sino el que se desprende de su propia arquitectura.
Cuando el poder deja de pensar en transformar y se limita a administrar su propio bienestar no está siendo neutral. Está eligiendo. Y esa elección, por muy bien redactada que esté, también es política.
La pregunta no es si el presupuesto está “bien hecho”. La pregunta es otra: ¿para qué futuro está hecho?
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DOCUMENTO CONSULTADO:
Informe Económico-Financiero de los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias:
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Menos empresas y menos base productiva: la factura real del «modelo» asturiano.(Asturias Liberal)

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED