No es solo un golpe militar: es una secuencia de judicialización, legitimidad y sustitución de mando. Y eso cambia el tablero.
La secuencia de las últimas horas marca un salto cualitativo. A la confirmación del juicio de Nicolás Maduro en Nueva York se suma ahora la carta pública de María Corina Machado, difundida por canales internacionales. No es un gesto retórico: es un documento de activación política.
Machado abre con una frase deliberadamente jurídica, no emocional: “Nicolás Maduro desde hoy enfrenta la justicia internacional”. No habla de derrota, ni de venganza, ni de castigo histórico. Habla de justicia. El mensaje es claro: el poder ha salido del terreno de la fuerza bruta y ha entrado en el de la legalidad internacional. Eso desarma el principal argumento del régimen: la resistencia soberana frente al enemigo exterior.
Cuando un régimen pasa de “resistir” a “comparecer”, deja de mandar por inevitabilidad y empieza a sobrevivir por inercia.
Más adelante, la carta introduce el segundo eje decisivo: “Llegó la hora de que la Soberanía Popular y la Soberanía Nacional rijan en nuestro país”. Aquí hay una inversión calculada del lenguaje chavista. La soberanía ya no reside en el aparato militar ni en el partido, sino en el mandato ciudadano. Es un aviso directo a la Fuerza Armada: obedecer al régimen ya no es obedecer a la nación.
Cadena de mando alternativa

El pasaje más sensible es también el más concreto: el reconocimiento de Edmundo González Urrutia como presidente legítimo y Comandante en Jefe. No es simbología: es cadena de mando alternativa. A partir de este punto, cualquier oficial debe decidir si actúa bajo una autoridad sin líder o bajo una autoridad con respaldo constitucional e internacional.
Mientras Diosdado Cabello intenta proyectar continuidad, la carta de Machado cumple la función opuesta: nombrar el vacío y llenarlo. Eso no garantiza una transición ordenada, pero sí la vuelve posible.
El chavismo ya no está combatiendo por el poder: está combatiendo por el tiempo. Y cuando el líder se judicializa, el tiempo deja de ser un aliado.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED