La diferencia entre un golpe “espectacular” y un golpe “decisivo” no es el ruido: es si el poder queda realmente descabezado.
La noticia de un ataque militar estadounidense contra Venezuela ha recorrido el mundo a velocidad de vértigo. La afirmación de Donald Trump sobre la supuesta captura de Nicolás Maduro ha colocado al régimen chavista ante un escenario binario: o colapso acelerado, o supervivencia reforzada.
La historia reciente ofrece una lección clara. Un ataque externo solo provoca la caída rápida de un régimen si descabeza efectivamente el poder político-militar. Si Maduro ha sido realmente capturado y aislado del aparato coercitivo —en especial del entramado conocido como Los Soles— el final del régimen podría ser cuestión de días o semanas. Sin liderazgo central, sin capacidad de mando y con fracturas internas, el chavismo quedaría expuesto a una transición inevitable.
Sin decapitación política real, lo militar puede ser contundente… y aun así no cambiar el régimen.
Pero si la captura no se confirma, el precedente es inquietantemente conocido. Tras la Operación Tormenta del Desierto de 1991, Saddam Hussein sobrevivió más de una década en el poder. El golpe fue devastador desde el punto de vista militar, pero no decisivo políticamente. El régimen resistió, se replegó, cerró filas y prolongó su existencia mediante represión interna y control territorial.
Venezuela podría repetir ese patrón. Un ataque sin descabezamiento efectivo permitiría al régimen reconstruir su relato —agresión exterior, resistencia nacional—, justificar un estado de excepción permanente y profundizar la militarización del poder. En ese escenario, la caída no solo no se aceleraría: se retrasaría.
La variable política: transición preparada
La diferencia clave respecto a Irak es política, no militar. La oposición venezolana sí tiene preparado un plan de transición. María Corina Machado, junto con el conjunto del arco opositor —incluido el colaborador de Asturias Liberal Antonio Ledezma— ha trabajado durante meses en un esquema de salida ordenada: restitución institucional, garantías mínimas, reintegración internacional y reconstrucción económica.
Ese plan solo es viable si el régimen pierde su núcleo de poder. Sin esa condición, ninguna hoja de ruta puede ejecutarse desde fuera.
Por eso, más allá del ruido informativo y la propaganda cruzada, todo se reduce a una sola pregunta: ¿ha sido realmente capturado Nicolás Maduro?
Si la respuesta es “sí”, estamos ante el principio del fin. Si es “no”, podríamos estar ante el principio de una larga resistencia.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED