Asturias Liberal > Asturias > Venezuela: cuando Estados Unidos decide y España duda

 

La caída de Nicolás Maduro ha colocado a los actores internacionales ante un espejo incómodo. Algunos han actuado. Otros han dudado. Y en esa diferencia se entiende mucho mejor el papel que cada cual aspira a jugar en el nuevo orden que se está configurando.

Estados Unidos ha optado por una vía abrupta, jurídicamente agresiva y políticamente explícita. Donald Trump no ha escondido el enfoque: captura, judicialización en Nueva York y control del proceso posterior.

No hay épica democrática en su discurso; hay seguridad, energía, crimen organizado y estabilización. Primero orden, luego política. O, más exactamente, política cuando el orden lo permita.

España, en cambio, ha elegido el camino del temor equidistante. Pedro Sánchez y su ministro de Exteriores han reaccionado apelando a la legalidad internacional y a la “desescalada”, evitando cualquier gesto que pudiera interpretarse como celebración del fin de una tiranía. El énfasis no ha estado en la caída del régimen, sino en las formas de su caída.

El contraste es revelador

Washington asume el coste político y diplomático de intervenir y decide que el problema venezolano se gestiona como una amenaza criminal transnacional.  Otra cosa es que Trump lo consiga, pues el estamento militar venezolano retiene aún claramente el poder.

España, en cambio, se sitúa en el terreno del lenguaje normativo, incluso cuando ese lenguaje resulta insuficiente para explicar —o afrontar— una dictadura que ha destruido el Estado, colonizado las instituciones y expulsado a millones de ciudadanos.

La paradoja española es aún más llamativa si se observa la secuencia completa. España acoge al presidente electo Edmundo González Urrutia, le permite liderar desde el exilio y mantiene abiertos sus canales diplomáticos. Pero no lo reconoce formalmente como jefe de Estado.

Expide miles de visados a la diáspora venezolana, pero guarda silencio ante el Nobel de la Paz concedido a María Corina Machado.

Defiende los derechos humanos en abstracto, pero evita nombrar con claridad a sus verdugos cuando la Historia acelera.

Estados Unidos no ha tenido ese problema. Ha dejado claro que pretende que la transición venezolana será tutelada, funcional y condicionada.

Y, en ese marco, ha deslizado algo aún más inquietante: la legitimidad electoral de la oposición no será necesariamente el punto de partida del nuevo proceso.

Trump ha llegado incluso a desautorizar públicamente a Machado, no por falta de legitimidad moral, sino porque no encaja en una fase de control duro.

Dos lógicas, dos tiempos

Ahí está la diferencia de fondo. Para Washington, Venezuela es un problema a resolver. Para Madrid, es un dilema a administrar.

Esta ambigüedad no es nueva. En 2019, España reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado. Un año después, Guaidó dejó de ser recibido y Delcy Rodríguez aterrizó en Madrid.

Desde entonces, la política española hacia Venezuela ha oscilado entre la cautela, la inacción, la connivencia corrupta y la confianza en negociaciones auspiciadas por terceros que la oposición democrática siempre denunció como un juego de engaños.

La captura de Maduro ha vuelto a poner esa trayectoria bajo los focos.

Mientras Washington actúa y asume el coste, España parece debatir todavía si el problema es Trump o Maduro; la intervención o la dictadura; la soberanía formal o la soberanía real de los venezolanos.

El Partido Popular ha leído el momento con más claridad estratégica, alineándose sin matices con la idea de transición democrática y liberación de presos políticos.

No es solo una diferencia partidista: es una diferencia de lectura histórica. Para unos, el día marca el fin de una tiranía. Para otros, es un episodio incómodo que conviene amortiguar.

El resultado es que, en una jornada decisiva para Venezuela, España vuelve a aparecer como actor secundario, atrapado entre su retórica multilateral y sus compromisos no resueltos con el pasado. Estados Unidos decide. España explica.

Y en política internacional, cuando unos deciden y otros explican, la Historia suele pasar por delante de estos últimos sin detenerse.


Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin la cita expresa de Asturias Liberal y de su autor.


ENLACES RECOMENDADOS:

Trump, tras bombardear Venezuela: «Dirigiremos el país hasta que podamos hacer una transición segura y adecuada (El Mundo)

Comunicado de Corina Machado: hacia la transición (Asturias Liberal)

Declaración de Antonio Ledezma. El amanecer de la libertad (Asturias Liberal)

Asturias Liberal
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.