Imagen de portada: Adrián Barbón, Presidente del Principado de Asturias y Ángeles Rivero, Directora de La Nueva España, impulsores de un fiasco.
Tras el revés judicial, el Principado y La Nueva España ensayan un repliegue: ya no empujan, ahora “instan” y piden acuerdos. LNE huye en direcciones contradictorias —de “guerra empresarial” a geopolítica global— para eludir su responsabilidad editorial. Reconoce, a regañadientes, que la experiencia industrial real es de GDELS–SBS.
Las retiradas de la escena pueden hacerse hacia atrás o hacia los lados.
El resultado del repliegue lateral del Gobierno asturiano y de La Nueva España es el mismo que el de una fuga del lugar de los hechos : evitar el golpe frontal con la evidencia del fraude.
Eso es lo que está ocurriendo en Asturias desde que el Tribunal Supremo ha admitido a trámite el recurso de Santa Bárbara Sistemas contra la concesión de préstamos públicos a Indra–EM&E.
El conflicto no ha cambiado de naturaleza; lo que ha cambiado es la actitud de quienes lo narraban con entusiasmo cuando el viento soplaba a favor.
Empecemos por el Gobierno del Principado. Durante meses, el Ejecutivo de Adrián Barbón no fue un actor pasivo ni un espectador prudente.
Asumió sin disimulo el marco diseñado en Moncloa:
- •Indra como campeón nacional,
- •El Tallerón como símbolo del nuevo ciclo industrial
- •y Santa Bárbara como pieza incómoda a la que había que presionar para que encajara en un guion ya escrito.
La alineación con la estrategia impulsada desde Moncloa —con asesoramiento político bien conocido— fue explícita y constante.
Hoy, tras el revés judicial, el tono se ha vuelto súbitamente blando. El Principado “insta” a Santa Bárbara a buscar una solución negociada. Instar, después de haber tomado partido, no es mediación: es pedir auxilio sin reconocer la apuesta previa.
No hay revisión del camino recorrido ni explicación pública y honesta del giro. Solo una retirada vergonzante, intentando desplazar el foco hacia el Estado, los tribunales o el “clima general” del sector.
La política regional pasa así de impulsora a comentarista, como si no hubiera empujado la ficha clave del dominó.
Ese mismo movimiento —aunque con mayor sofisticación narrativa— se observa en La Nueva España, dirigida por Ángeles Rivero.
Y aquí conviene detenerse, porque el caso del periódico es más revelador aún.
LNE no solo informó: construyó relato.
•Durante meses acompañó la estrategia pro-Indra con titulares, enfoques y silencios que presentaban a Santa Bárbara como el obstáculo y a Indra como la promesa.
•Cuando surgieron los problemas del 8×8 Dragón, el sesgo fue claro: la culpa se desplazó hacia el fabricante histórico, pese a que los datos técnicos demostraban que la coordinación del montaje correspondía a Indra y a EM&E. Asturias Liberal hubo de rectificar informaciones técnicas que culpaban a SBS, sin que el medio extrajera consecuencias editoriales proporcionales a la magnitud del error.
Lo verdaderamente llamativo llega ahora, con el intento de fuga. Porque LNE no huye en una sola dirección: huye en dos, y además contradictorias. •En un primer momento, el artículo de Vicente Montes optó por reducir el conflicto a una mera “guerra empresarial”, casi un choque de intereses privados con derivadas políticas inevitables. Una forma clásica de diluir responsabilidades: si todo es empresa contra empresa, nadie tiene que explicar por qué se tomó partido.
•Pocos días después, el artículo de Yago González ensaya la escapatoria inversa: elevar el conflicto a la geopolítica global, al rearme europeo, a la presión de la OTAN y a los equilibrios estratégicos internacionales.
Ya no sería una pugna local ni empresarial, sino una consecuencia casi natural de fuerzas mayores que desbordan a Asturias, al Principado y —por supuesto— al propio periódico. El problema es evidente: ambas narrativas se contradicen, pero eso parece irrelevante cuando el objetivo es el mismo en los dos casos: eludir la responsabilidad editorial.
O es una simple guerra empresarial, o es un capítulo de la geopolítica global. No pueden ser ambas cosas a la vez. Pero todo vale si sirve para desengancharse del relato anterior, aquel en el que el diario no se limitó a observar, sino que tomó posición.
Hay, además, un detalle significativo en el texto de Yago González: el reconocimiento —tardío y casi lateral— de que la experiencia real en la fabricación de blindados la tiene GDELS–Santa Bárbara, histórico constructor de los vehículos del Ejército español.
Es un reconocimiento importante precisamente porque llega sin énfasis, como quien introduce un dato incómodo sin convertirlo en conclusión.
Importante, pero tardío, demasiado tardío.
No corrige el pasado, pero prepara una salida «digna» si el escenario judicial termina desmontando el relato previo.
El patrón, por tanto, se repite con precisión casi mecánica.
- •Primero, implicación. Después, cuando llega el revés, distanciamiento y reencuadre.
- •Ayer se empujaba una estrategia; hoy se pide acuerdo.
- •Ayer se tomaba partido; hoy se describe el conflicto desde una altura que pretende ser neutral.
Todo esto va más allá de una disputa industrial sin ninguna duda. Revela una forma de ejercer el poder político y mediático en la que la neutralidad se invoca solo cuando conviene, y siempre a posteriori. Revela también una inversión moral inquietante: cuando una empresa recurre a los tribunales para cuestionar un trato privilegiado, el foco deja de estar en el privilegio y pasa a estar en la incomodidad que genera la denuncia.
La metáfora que circula estos días lo explica con crudeza doméstica: alguien sufre durante años el abuso, avisa, intenta negociar y, cuando finalmente denuncia, es reprendido por no haber sido lo bastante dialogante.
En ese mundo al revés, el problema nunca es el abuso, sino quien decide ponerle fin.
Asturias no necesita relatos que se contraen o se expanden según convenga. Necesita instituciones y medios capaces de asumir su papel cuando apuestan y cuando fallan.
Porque no hay nada más corrosivo que pedir serenidad después de haber empujado el desequilibrio.
Y porque cuando el relato huye en direcciones opuestas para no rendir cuentas, lo que queda no es análisis: es desconfianza estructural.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED