Imagen de portada: Las últimas imagenes de Rocío San Miguel son las difundidas por el regimen chavista como prueba de vida en diciembre de 2024. E.E.
Rocío San Miguel no es un accidente del sistema venezolano: es una consecuencia lógica de su funcionamiento.
La historia de Rocío San Miguel, magníficamente documentada por Laura Garófano en El Español, suele contarse como la de una presa política que resistió, enfermó y fue finalmente liberada.
Es una narración comprensible, incluso tranquilizadora, porque permite cerrar el episodio en clave humana. Sin embargo, esa forma de contarla oculta lo esencial:
Rocío San Miguel no es un accidente del sistema venezolano: es una consecuencia lógica de su funcionamiento.
Para entenderlo no basta con mirar a la víctima; hay que mirar el lugar.
El lugar

El Helicoide no es una cárcel en el sentido clásico. No está diseñado para ejecutar penas ni para reinsertar a nadie. Es otra cosa: un espacio administrativo-policial donde el derecho se suspende sin necesidad de derogarlo. Allí opera el SEBIN, formalmente encargado de la seguridad del Estado. El problema no es el nombre de la institución, sino la distancia entre ese nombre y los hechos verificables.
Rocío San Miguel fue detenida el 9 de febrero de 2024 en el aeropuerto de Maiquetía. No estaba escondida, no huía, no conspiraba en la sombra. Era una abogada conocida, especialista en seguridad y defensa, fundadora de una ONG dedicada a analizar compras de armamento y políticas militares. Había trabajado dentro del propio Estado venezolano. Sabía cómo funcionaba el poder desde dentro. Ese es un dato crucial, porque permite desplazar el análisis del plano político al cognitivo: no fue castigada por hacer ruido, sino por comprender demasiado.
El patrón
Desde el primer momento, su detención mostró un patrón reconocible.
- •Días sin paradero conocido.
- •Imposibilidad de designar defensa de confianza.
- •Ausencia de plazos claros.
Ninguna de estas prácticas es excepcional en El Helicoide. Todas han sido documentadas por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela. Cuando una conducta se repite de forma sistemática, deja de ser abuso y pasa a ser función.
Cuando una conducta se repite de forma sistemática, deja de ser abuso y pasa a ser función.
Conviene detenerse aquí, porque el discurso oficial suele hablar de “excesos” o “errores”. Pero los errores son aleatorios; en El Helicoide, los efectos son constantes. La ley se vuelve irrelevante. Ese desplazamiento es clave para entender por qué el régimen puede negar torturas mientras produce resultados que solo se explican mediante coerción.
El dato empírico
El episodio médico de Rocío San Miguel ilustra este mecanismo con una claridad incómoda.
Durante su reclusión enfermó de laberintitis. Vértigos, pérdida de equilibrio. Ningún tratamiento.
En agosto de 2024 cayó y se rompió el hombro. Pasó cinco meses sin atención médica. No cinco horas, no cinco días: cinco meses. Cuando finalmente fue atendida, el diagnóstico fue grave y la intervención tardía. Sin rehabilitación posterior, el daño quedó fijado.
Aquí el análisis exige una inversión de causalidad.
No es que el sistema fallara y por eso Rocío resultara lesionada. Es al revés: la lesión prolongada explica cómo funciona el sistema. Las intenciones declaradas —custodia, investigación, seguridad— son irrelevantes frente al resultado empírico: deterioro físico evitable. Ningún discurso compensa una escápula rota sin tratamiento durante meses.
A menudo se argumenta que no hubo golpes directos. Es cierto, y precisamente por eso el caso es más revelador. El Helicoide no necesita violencia visible. Funciona por omisión calculada.
Negar atención médica no deja marcas inmediatas, pero produce sufrimiento sostenido. No genera mártires espectaculares, sino cuerpos desgastados. Desde el punto de vista del poder, es un método más eficiente.
La extensión del daño
El castigo, además, no se limita al detenido. El exmarido de Rocío continúa en prisión. Sus hermanos fueron detenidos. Esta extensión del daño a la red familiar responde a una lógica conocida, documentada incluso por la ONU: aumentar el coste psicológico multiplicando los frentes de preocupación. No se trata de venganza, sino de señalización. El mensaje es simple: nadie está fuera del alcance.
Algunos defensores abiertos o velados del régimen, cono es el caso del Gobierno de Pedro Sánchez, señalan que finalmente Rocío fue liberada, como prueba de flexibilidad o humanidad.
El argumento no resiste un examen mínimamente riguroso. La excarcelación no invalida el diagnóstico; lo confirma. Un sistema que puede detener sin garantías, mantener sin atención médica y liberar cuando cambian las presiones externas no es arbitrario: es perfectamente racional dentro de sus propios objetivos.

De hecho, la liberación de Rocío solo fue posible como efecto inmediato de la extrema presión ejercida por los EE.UU con la captura de Nicolás Maduro.
Ese dato introduce otro elemento revelador: la diferencia entre causas internas y causas reales.
No salió porque el sistema se corrigiera, sino porque el coste externo superó al beneficio interno. Cuando eso ocurre, el sistema se afapta lo justo sin modificar la estructura.
Arquitectura del poder
El El Helicoide, como edificio, ayuda a entender esta lógica. Fue concebido como símbolo de modernidad. Rampas amplias, circulación continua, arquitectura del progreso. Hoy funciona como metáfora inversa: movimiento sin avance, tránsito sin salida. No es un detalle estético. Es una forma de poder materializada.
La espiral no conduce a ninguna parte, pero mantiene al individuo en movimiento constante, sin punto final claro.
En este contexto, la figura de Rocío San Miguel adquiere un significado que trasciende su biografía. No es solo una víctima, ni siquiera solo una disidente. Es una prueba empírica.
Su cuerpo lesionado, su proceso sin garantías, su castigo extendido a la familia permiten formular una ley general que va más allá de Venezuela: un Estado comunista convierte la detención administrativa en herramienta central, el derecho deja de ser límite y pasa a ser decorado.
Por eso el foco no debería ponerse en cuántos presos salen, ni en cuántos gestos se anuncian. La pregunta relevante es otra: por qué lugares como El Helicoide siguen siendo necesarios para el sistema. Mientras lo sean, cada liberación individual será contingente, reversible y estratégica.
La excarcelación no invalida el diagnóstico; lo confirma.
Rocío San Miguel salió de prisión con secuelas físicas y con una certeza difícil de refutar: el problema no era ella. El problema es un edificio que sigue funcionando exactamente como fue diseñado para funcionar. Y mientras esa arquitectura del poder permanezca intacta, el caso de Rocío no será una excepción recordada, sino un precedente plenamente explicativo.
El problema es un edificio que sigue funcionando exactamente como fue diseñado para funcionar.
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ENLACES RECOMENDADOS:
- El infierno de Rocío San Miguel, la presa española liberada: “Pasó cinco meses con el hombro roto sin atención médica” (EL ESPAÑOL)
- Venezuela: nuevo informe de la ONU detalla responsabilidades por crímenes de lesa humanidad (menciona el SEBIN y El Helicoide) (OHCHR)
- El calvario de un preso político (Antonio Ledezma en Asturias Liberal)

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED