Hay territorios que progresan porque actúan y otros que se estancan porque solamente hablan.
El Corredor Mediterráneo pertenece, sin discusión, a la primera categoría. No es solo una infraestructura ferroviaria: es el resultado de una forma de entender los líderes cívicos la política económica, el papel de la sociedad civil y la relación entre territorio, Estado y Europa.
El Corredor Atlántico, el que debería impulsar a las regiones del Noroeste español, está en la segunda categoría: la de la pereza institucional, la apatía culpable y el empecinamiento en el engaño.
Una connivencia política, empresarial, sindical y mediática que pasa ya factura a los ciudadanos contra la que siempre advirtió Álvarez-Cascos.
Una idea técnica decisiva
La experiencia de los líderes de las regiones de la España Mediterránea demuestra que los grandes proyectos no avanzan por inercia administrativa ni por proclamación retórica, sino por presión política y social organizada, sostenida y transversal.
Empresarios grandes y pequeños, trabajadores, ciudadanos y organizaciones diversas han sabido articular una reivindicación común bajo una idea técnica sencilla y políticamente decisiva: la Europa ferroviaria empieza donde empieza el ancho europeo.
La Europa ferroviaria empieza donde empieza el ancho europeo.
Ese punto quedó expresado con una franqueza poco habitual por Vicente Boluda un empresario, armador naviero, al explicar el origen del Corredor Mediterráneo: si la sociedad civil no se hubiera unido y no hubiera salido a movilizarse, el Corredor no existiría. No porque faltaran estudios o declaraciones, sino porque no había voluntad política ni liderazgo político o social alguno para hacerlo.
Más aún: también en la España Mediterranea se decía una cosa en público mientras se hacía la contraria en la práctica. Pero al contrario que en Galicia, Asturias, Cantabria o Castilla-León, esa constatación decidió a los empresarios comprometidos con su tierra, aparte de su propio negocio, a diseñar una estrategia propia, porque entendieron que sin presión organizada el proyecto no pasaría de la retórica.
Del privilegio territorial al proyecto europeo
La Asociación Valenciana de Empresarios, presidida por Vicente Boluda, supo convertir esa evidencia en método.
El Corredor Mediterráneo no se planteó como un privilegio territorial, sino como un proyecto estratégico europeo, imprescindible para sectores como la agroalimentación, la industria, el turismo o la logística, además del transporte ferroviario.
En comunidades cuya producción se vende mayoritariamente en Europa, el transporte no puede depender de los avatares de la carretera: necesita fiabilidad, coste competitivo y plazos garantizados. Y eso, hoy, solo lo ofrece el ferrocarril interoperable, que lleva añadido el ser el más favorable a la protección del medio ambiente
Sin presión organizada el proyecto no pasaría de la retórica.
El ancho europeo y el futuro

Vicente Boluda charla con Belarmino Feito (entonces presidente de Fade), Francisco Álvarez-Cascos y Pedro Leal, ante la numerosa concurrencia que acudió a escuchar su conferencia pronunciada en febrero de 2018. ÁLEX PIÑA
En este punto aparece una de las lecciones centrales para el Atlántico. El llamado “ancho internacional” no es un capricho ni una etiqueta ideológica. Como recordó Boluda en Oviedo, invitado y presentado por Francisco Álvarez-Cascos, es simplemente ancho europeo. Toda Europa utiliza el mismo. Negarse a él implica fabricar material específico, más caro, incompatible y condenado a desaparecer. Es, en términos prácticos, cerrar los ojos al futuro y mirar hacia atrás. Ningún país serio va a mantener sistemas ferroviarios singulares para unos pocos tramos mientras el resto del continente avanza hacia la normalización total.
La frontera ferroviaria se desplaza
La documentación oficial del propio Estado confirma esta realidad de forma implícita. Cuando se reconoce que las autopistasIl ferroviarias internacionales se apoyan en la llegada del ancho UIC hasta Vitoria y Barcelona, la consecuencia es inmediata: la frontera ferroviaria europea se desplaza. Ya no está en Irún o Figueras, sino más al sur y al oeste. Los territorios que quedan fuera de ese eje quedan también fuera de los grandes flujos logísticos. No por discriminación explícita, sino por pura lógica técnica y económica.
Un corredor no es un tramo

En todo el Mediterráneo han entendido esta lógica con claridad. Por eso su reivindicación no se detiene en tramos parciales, sino que exige una doble plataforma en ancho europeo desde la frontera francesa hasta Algeciras. No se trata de maximalismo, sino de coherencia: los corredores europeos no funcionan por fragmentos inconexos, sino como sistemas completos.
El coste de no hacerlo
Durante el coloquio posterior a su intervención, Boluda fue aún más explícito al abordar las consecuencias económicas de no disponer del corredor.
No se atrevió a cuantificar el beneficio total, pero sí el coste de no hacerlo: una caída del 30 % de la economía valenciana.
La diferencia logística entre transportar mercancías por carretera o por tren —casi medio euro por kilo en algunos productos— decide quién gana y quién pierde los mercados europeos.
En un modelo productivo sin grandes stocks, donde las fábricas trabajan con suministros para días y no para meses, la fiabilidad logística se convierte en una cuestión de supervivencia.
El coste de no hacerlo sería una caída del 30 % de la economía valenciana.
El contraste atlántico
Frente a este enfoque, el contraste con el Atlántico resulta inevitable.
•Allí donde el Mediterráneo ha subordinado diferencias políticas y territoriales a un interés común, en el Noroeste ha predominado la mangancia, la irrelevancia nacional, la fragmentación, el miedo al riesgo y la confianza en la promesa.
•Allí donde unos han entendido que los proyectos solo se construyen si la sociedad civil tiene líderes que los representa y los exige, otros han confiado en el postureo mediático, esperar o discutir indefinidamente el teórico trazado perfecto.
Liderazgo, organización y voluntad
Boluda lo dijo sin acritud, pero con claridad: no es un problema de tamaño empresarial, sino de liderazgo, organización y voluntad. Y fue más lejos aún, ofreciendo explícitamente apoyo y colaboración a quienes en el Atlántico quieran impulsar un corredor propio.
La experiencia mediterránea demuestra que los políticos acaban subiéndose al proyecto cuando la sociedad civil lo ha asumido y lo ha hecho irreversible. Pretender lo contrario —esperar vagueando a que el impulso venga solo desde arriba— es condenarse a la irrelevancia de ser una isla perdida.
La lección
La lección del Mediterráneo para el Atlántico no es copiar un mapa ni competir en agravios.
Es aprender un método: liderazgo cívico, unidad por interés común, claridad técnica, presión sostenida y ambición europea.
Persistir en infraestructuras obsoletas, acusando de “caprichos” a los dirigentes innovadores no es una opción neutral: es aceptar una salida silenciosa del sistema económico europeo.
Los corredores ya no son solo infraestructuras. Son fronteras económicas.
Los corredores ya no son solo infraestructuras. Son fronteras económicas. Y Europa, sencillamente, no espera. Ya es hora de que tomemos nota los asturianos.
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ANEXO · Breve biografía de Vicente Boluda

Vicente Boluda es un empresario español y armador naviero, presidente desde 2011 de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), entidad que agrupa a los principales empresarios de la Comunidad Valenciana.
Con una trayectoria vinculada al transporte y la logística internacional, ha defendido las infraestructuras como elemento clave de la competitividad económica. Desde AVE ha impulsado la movilización de la sociedad civil en favor del Corredor Mediterráneo, concebido como proyecto estratégico para España y Europa, y ha promovido de forma constante la adopción del ancho ferroviario europeo (UIC) como condición para la integración plena en los flujos logísticos continentales.
Su papel en esta reivindicación se ha caracterizado por subrayar la necesidad de liderazgo cívico, presión social organizada y soluciones técnicas alineadas con los estándares europeos, entendiendo el desarrollo económico como una responsabilidad colectiva más allá de la retórica política.
ENLACES RECOMENDADOS
- Corredor Mediterráneo · Plataforma cívica y empresarial “Quiero Corredor”
- El retraso del Corredor Atlántico y la brecha de infraestructuras en España
- Vicente Boluda · Presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE)

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
