Asturias no está perdiendo empresas; está perdiendo capacidades industriales. Y cuando una comunidad política permite eso sin debate, sin estrategia y sin rendición de cuentas, la responsabilidad ya no es del mercado: es de quienes decidieron no mirar.
El artículo de Aurelio Suárez Devesa, El enigma del cambio, publicado en Asturias Liberal, no es un texto de nostalgia ni un lamento generacional. Es un testimonio técnico y humano que, leído con atención, dibuja algo mucho más serio: la desaparición progresiva del ecosistema industrial auxiliar asturiano sin que exista una asunción clara de responsabilidad política.
No estamos ante el cierre aislado de una empresa concreta. El propio relato de Aurelio enumera una cadena de talleres, capacidades y saberes industriales que han ido desapareciendo a lo largo de los últimos veinticinco años. Talleres distintos, con especializaciones distintas, pero con un rasgo común: eran piezas necesarias de cadenas de valor complejas vinculadas a la energía, la siderurgia, el naval, la ingeniería pesada o el almacenamiento de productos críticos.
La política industrial no es un eslogan
La responsabilidad política comienza cuando ese proceso se trata como algo natural, inevitable o ajeno a la acción pública. No lo es. La política industrial no consiste en proclamar grandes objetivos abstractos, sino en identificar capacidades estratégicas, protegerlas cuando el mercado falla y facilitar su continuidad cuando el relevo generacional o la presión regulatoria las pone en riesgo. Nada de eso se ha hecho en Asturias.
Durante años se ha regulado sin jerarquía, sin distinguir entre actividades prescindibles y capacidades críticas.
Durante años se ha regulado sin jerarquía, sin distinguir entre actividades prescindibles y capacidades críticas. Se ha licitado sin cláusulas de inteligencia industrial. Se ha permitido que las empresas tractoras compren fuera, incluso cuando dentro ya no quedaba oferta, porque antes se dejó morir. Y, sobre todo, se ha renunciado a una política activa de sucesión empresarial: cuando el fundador se jubila, la empresa cierra. Punto.
Descapitalización silenciosa y dependencia exterior
El resultado no es una “reconversión”, sino una descapitalización silenciosa. Se pierde conocimiento práctico, se pierden oficios cualificados, se pierde flexibilidad productiva. Y lo que se pierde no se recupera con fondos europeos, ni con discursos verdes, ni con planes estratégicos de PowerPoint. Se sustituye —mal— por dependencia exterior.
Lo más grave es el silencio posterior. Nadie explica qué consecuencias tendrá esta pérdida acumulada. Nadie cuantifica el coste futuro de no disponer de industria auxiliar local. Nadie asume que una región sin tejido industrial propio no tiene margen de decisión económica, por muy buenas intenciones que proclame.
Una región que deja morir su industria auxiliar no se “reconvierte”: se descapitaliza y pierde margen de decisión.
El texto de Aurelio Suárez Devesa obliga a una conclusión incómoda: Asturias no está perdiendo empresas; está perdiendo capacidades. Y cuando una comunidad política permite eso sin debate, sin estrategia y sin rendición de cuentas, la responsabilidad ya no es del mercado. Es de quienes decidieron no mirar.
Aurelio Suárez Devesa — “El enigma del cambio” (Asturias Liberal)

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED