Aragón 2026 no fue una elección autonómica. Fue un capítulo de guerra nacional escrito desde Madrid: Feijóo buscando derrotas tangibles del PSOE y Sánchez aceptando perder territorio para comprar algo más valioso: marco mental y tiempo hacia 2027.
CLAVE: La campaña se planteó en clave nacional por decisión de Feijóo y Sánchez, cada uno por motivos distintos.
PARADOJA: El PP gana, pero quien crece es Vox. El resultado “territorial” se vuelve dependencia política.
LECTURA 2027: Sánchez nacionaliza la contienda porque su objetivo ya no son las autonomías: es resistir en Moncloa y llegar vivo a 2027.
La apuesta de Feijóo: convertir desgaste en derrotas visibles
Desde la dirección nacional del PP se empujó —con mayor o menor intensidad— a que 2026 concentrara elecciones autonómicas en territorios ya gobernados por los populares: Aragón, Extremadura, Castilla y León y Andalucía.
La lógica era clara: transformar el desgaste político del Gobierno central en derrotas tangibles del PSOE, acumulables como prueba de cambio de ciclo.
Aragón, como Extremadura y las sucesivas, encajan bien en ese diseño. El PP gobernaba, podía hablar de gestión y aspiraba a revalidar mandato presentándose como refugio de estabilidad frente al ruido nacional. El cálculo era razonable… pero incompleto.
El giro de Sánchez: aceptar la derrota territorial para blindar el marco nacional
Pedro Sánchez entendió desde el principio que Aragón no era una plaza recuperable en términos clásicos. Y, precisamente por eso, decidió no jugar la partida autonómica, sino otra mucho más amplia.
En lugar de centrar la campaña en el balance regional —terreno donde el PSOE partía en desventaja—, Sánchez nacionalizó conscientemente el debate: extrema derecha, vivienda, escudo social, protección de los menores en redes, bloque democrático frente a bloque reaccionario. No es un error. Es una elección estratégica.
Perder ahora para no perder después
¿Por qué hacerlo, si eso no favorece a sus candidatos autonómicos? Porque el objetivo real no era ganar Aragón, sino fijar el marco mental de 2027.
Desde el punto de vista de la supervivencia en Moncloa, perder comunidades donde el PSOE ya no gobernaba es un mal menor.
Lo verdaderamente costoso sería permitir que el ciclo electoral se estructurase en torno a una comparación de gestiones territoriales, donde el PP tiene hoy ventaja.
La mecánica del movimiento
Sánchez evita ese escenario elevando todas las campañas a una lógica de bloques nacionales. Así consigue varias cosas a la vez:
- Desplaza la responsabilidad de la derrota desde el candidato regional al “clima nacional”.
- Moviliza a su electorado fiel, incluso aunque no gane territorios.
- Refuerza la polarización, el terreno donde puede compensar la debilidad parlamentaria actual.
- Normaliza pactos futuros similares a los actuales, presentándolos como barrera necesaria frente a la “ultraderecha”.
Dicho sin rodeos: Sánchez ya está en campaña para 2027, y Aragón fue un capítulo asumido del coste.
El resultado paradójico
El PP gana Aragón, sí. Pero lo hace más dependiente de Vox. Vox es quien capitaliza el crecimiento. Y la llamada “España vaciada” queda diluida en una contienda que no iba de territorio, sino de relato nacional.
Feijóo buscaba una demostración de fuerza territorial. Sánchez buscaba tiempo y marco.
Ambos jugaron. Pero solo uno asumía la derrota como parte del plan.

