Sánchez asume derrotas autonómicas en 2026 y activa su segunda muleta hacia 2027: recomponer la izquierda no PSOE. Rufián lo explicita y Aragón 2026 muestra el riesgo para el PP de ganar sin crecer.
Rufián ha dicho en voz alta lo que Sánchez necesita para llegar vivo a 2027: no basta con “resistir” perdiendo autonómicas en 2026; hace falta recomponer nacionalmente la izquierda no PSOE para evitar que el desgaste del PSOE se traduzca en una mayoría PP-Vox. Aragón 2026 lo sugiere con datos: el PP gana, pero no crece apenas; Vox sube; y el espacio izquierdista se reordena en lugar de colapsar.
No miremos sólo al resultado de Pilar Alegría. A su izquierda hay una recomposición que en Aragón no resuelve nada pero que en el nivel nacional será vital para Sánchez.
Y España se parece electoralmente a Aragón más que a Extremadura.
Lo esencial en 30 segundos
- Segunda pata (nueva): la “gran coalición” o bloque amplio anti-PP/Vox que verbaliza Rufián como arquitectura de supervivencia.
- Primera pata (recordatorio): la estrategia Sánchez de asumir derrotas autonómicas en 2026 y convertirlas en campaña nacional «o conmigo o contra mí» hacia 2027.
- Lección Aragón 2026: el desgaste del PSOE no se convierte automáticamente en “crecimiento PP”; hay redistribución interna (y Vox capitaliza parte del impulso).
1) La jugada que Rufián verbaliza: bloquear PP-Vox y recomponer el bloque
Gabriel Rufián ha formulado una idea que, por incómoda, suele decirse a media voz: si el objetivo prioritario es frenar un Gobierno PP-Vox, no basta con esperar a que el PSOE aguante; hay que construir una mayoría funcional que lo sostenga. Dicho de otro modo: la izquierda no PSOE deja de ser un adorno ideológico y pasa a ser una pieza estructural del tablero de 2027.
Desde el punto de vista de ERC, el cálculo es transparente. Un Ejecutivo PP-Vox endurecería el marco y reduciría los márgenes de negociación para la agenda catalana. En ese contexto, ayudar a Sánchez no es caridad: es preservar un entorno negociable. Por eso, cuando Rufián insiste en la necesidad de un bloque amplio para frenar a PP y Vox, está describiendo una arquitectura de supervivencia, no recitando un catecismo.
Fuente: El País (Rufián y la “gran coalición”)
2) Aragón 2026: cuando la derrota no se convierte en derrumbe
Aragón 2026 es útil porque funciona como miniatura del escenario nacional: pluralidad real, voto más táctico, y “válvulas” que evitan que el descontento se traduzca en un vuelco limpio hacia un solo actor. En esa fotografía, el PSOE cae; pero no se desintegra. El PP gana; pero no ensancha de forma decisiva su base. Y Vox crece con fuerza, recordando que parte del impulso de cambio no va necesariamente hacia el PP.
La lectura estratégica es simple y contundente: derrotar al PSOE no equivale a desactivar el bloque que puede sostenerlo. Si la izquierda no PSOE se recompone (o al menos coordina), el sistema absorbe mejor la volatilidad. Si se fragmenta, la caída se acelera.
Fuente: El País (Aragón 2026 en siete gráficos)
3) Recordatorio: la primera muleta ya estaba en marcha
Esta segunda pata —la recomposición de la izquierda no PSOE— se entiende mejor si recordamos la primera: Sánchez ha asumido que 2026 es un año de autonómicas hostil y que varias derrotas son plausibles. Su apuesta no consiste en evitarlas a toda costa, sino en nacionalizarlas: convertir cada cita autonómica en un episodio de una campaña larga que desemboca en 2027.
La lógica es la del poder resistente: perder hoy para no perder mañana. En ese marco, las autonómicas pendientes de 2026 se interpretan menos como “exámenes regionales” y más como actos de precampaña nacional. Esta es la tesis ya planteada en Asturias Liberal: Feijóo busca victorias en 2026 para prolongarlas hasta 2027; Sánchez las acepta para sostenerse en 2027.
Fuente: Asturias Liberal (análisis previo)
4) El riesgo para Feijóo: ganar sin crecer (y que Vox crezca por él)
El problema del PP no es ganar territorios; eso lo está logrando. El problema es que, según sugieren dinámicas como Aragón 2026, puede estar ganando sin desplazar el centro. Es decir: capitaliza desgaste ajeno, pero no siempre construye una mayoría propia expansiva. Y si la derecha alternativa que sí crece es Vox, el PP puede llegar a 2027 con poder territorial, sí, pero condicionado y sin margen para fijar una agenda estable.
En política, ganar sin crecer es una victoria frágil cuando se está en la oposición, cuando no se reside en La Moncloa: basta un cambio de clima, un error propio o un reajuste del bloque contrario, como pretenden Sánchez y Rufián para que la inercia se rompa.
Y aquí es donde la segunda muleta de Sánchez —la recomposición de la izquierda no PSOE— se vuelve más relevante: si ese espacio logra ordenarse, el PP deja de jugar contra un adversario aislado y pasa a jugar contra un bloque que sumado a PNV y Juntos por Cataluña.
5) La trampa tribal
Hay que evitar evitar el error tribal: analizar la estrategia de supervivencia de Sánchez no es legitimar su gestión, es entenderla, pues quien no conoce bien a su enemigo se asegura la derrota. Y surgen serias dudas de que el PP sepa a qué se enfrenta.
España acumula señales de deterioro en múltiples frentes: calidad institucional, colonización del Estado, degradación de incentivos, corrupción y retroceso de sectores productivos. Asturias no se casa con un bloque: mide resultados y castiga trampas.
Conclusión
Sánchez no necesita ganar 2026. Necesita que 2026 no lo deje solo para 2027. Para eso, su estrategia descansa en dos muletas:
- •la primera, aceptar y nacionalizar derrotas autonómicas;
- •la segunda, la que Rufián ha explicitado, recomponer y coordinar la izquierda no PSOE para impedir que el desgaste del PSOE se traduzca en una mayoría PP-Vox.
Aragón y Extremadura sugieren que el PP puede seguir gobernando autonomías sin crecer, y que Vox puede ser el principal beneficiario del clima. Ignorar esa aritmética sería un error de manual.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
