Desde su preámbulo, el texto fija una premisa clave: “Después de más de dos décadas de destrucción económica, social e institucional devastadora”. No hay eufemismos ni coartadas externas. El colapso venezolano se presenta como resultado directo de decisiones políticas internas.
Un programa que habla el lenguaje del mundo libre
El plan se articula sobre tres pilares claros: libre desarrollo del individuo, Estado al servicio del ciudadano y economía de libre mercado. No son consignas: son criterios operativos. Privatización de empresas públicas —incluida la industria petrolera—, estabilización macroeconómica, reinserción financiera internacional y atracción de inversión privada. Venezuela vuelve a ser presentada como país gobernable e invertible, no como una causa humanitaria perpetua. 2
El propio documento lo resume sin rodeos: “El crecimiento económico es la clave para destruir de manera drástica la pobreza y ampliar masivamente la clase media”.
También en lo social el enfoque es nítido: salud universal por aseguramiento, educación con libertad de elección y fin del adoctrinamiento, pensiones sostenibles que eviten nuevas expropiaciones estatales. Política social orientada a la autonomía, no a la dependencia.
El factor decisivo: Marco de Transición y Desmontaje
Precisamente por eso, el valor estratégico del plan se multiplica cuando se asume —como es razonable— que Machado cuenta ya con un Marco de Transición y Desmontaje del Régimen. No como plan táctico ni provocación, sino como arquitectura estratégica: fractura de coaliciones, incentivos condicionados, líneas rojas claras y papel definido de la comunidad internacional. (La lógica del propio programa apunta en esa dirección).
Hacer visible ese marco en Estados Unidos —ante una eventual administración Trump, congresistas, senadores y grupos de presión— no es un gesto retórico. Es una señal de madurez política: demuestra que la alternativa venezolana no solo sabe qué país quiere reconstruir, sino cómo llegar a él sin caos ni aventuras.
Cierre
Venezuela no necesita más consignas ni administradores del colapso. Necesita instituciones, reglas, mercado y dirección. El plan de María Corina Machado demuestra que la alternativa existe. Y, esta vez, también hay camino.

