NOTA IMPORTANTE: si eres sensible a las punzadas de realismo, no leas este libro. Ni siquiera este artículo. Y si crees que ya lo sabes todo y eres realista de sobra, estoy seguro de que tus sesgos te traicionan, pero ¿qué le voy a hacer?
El poder no es un misterio: parece complicado porque va envuelto en discurso, pero suele obedecer a una regla simple: quien manda se mantiene si conserva el apoyo del grupo imprescindible.
Voy a decir algo que puede parecer obvio: hay libros que te marcan. Eso lo sabemos todos. También parece simple decir que lo que diferencia a los libros y, especialmente a los que los leen, es por qué se hacen imprescindibles para acompañarte casi cada día.
Cada uno tiene su porqué, sin duda. En mi caso ese es claro y alimenta el hora a hora de mi trabajo: mirar el mundo con vista radiográfica, con una lente que ni la educación ni las ideas comúnmente circulantes te dan.
El manual del dictador, de Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, pertenece a esa categoría. Pero no sigas leyendo esta presentación sin saber algo importante: no va de dictaduras solamente. Va de democracias también. Y de empresas, sindicatos, oenegés, comunidades de vecinos,… Lo que desvela en lenguaje práctico y casos reales es comportamiento universal del ejercicio del poder.
No se limita a describir la política o la empresa, sino que explica su mecánica con una claridad que, a ratos, resulta hasta insolente.
Por eso lo recomiendo hoy en AL, porque ayuda a entender por qué el poder parece tan enrevesado y tan distinto de lo que hacen las personas “normales”, cuando, en realidad, funciona con una lógica bastante más simple.
Premisa inicial
Para empezar, la mayoría de nosotros tiende a suponer que hay líderes que deciden principalmente por ideología, por convicción o por bien común; sin embargo, el libro insiste en que, aunque esas motivaciones pueden existir, lo decisivo es otra cosa.
Y cuando los que tienen visión amplia y espíritu de servicio olvidan lo decisivo, pierden rápidamente el poder.
En concreto, un líder —sea un presidente de gobierno, un ministro, un alcalde, un consejero delegado o el jefe de un aparato interno— necesita mantener satisfecho a un grupo clave de personas, porque, si ese grupo se le gira, pierde el mando. Por consiguiente, lo esencial no es “gustar a todos”, sino no perder a los imprescindibles.
La clave que lo ordena todo: la coalición que te sostiene
En el lenguaje del libro, ese grupo imprescindible es la coalición ganadora, y aquí aparece la primera gran simplificación que te limpia la vista.
Si la coalición es pequeña, el líder puede mantenerse repartiendo favores privados a unos pocos; en cambio, si la coalición es grande, el líder suele verse obligado a ofrecer bienes públicos que alcancen a muchos, porque necesita a muchos.
Así, la diferencia entre democracia y dictadura no se vuelve un cuento moral, sino un asunto de tamaño del apoyo necesario, lo cual cambia por completo la manera de interpretar decisiones que, desde fuera, parecen absurdas.
Traducción a lenguaje humano: si para seguir mandando solo necesitas a pocos, pagas a pocos; y si necesitas a muchos, tienes que dar algo que muchos valoren.
Ahora bien, e insisto en ello, este enfoque no sirve solo para “entender dictadores” en el sentido clásico; al contrario, sirve para entender el poder real donde suele doler: dentro de partidos, instituciones, consejos de administración, sindicatos, lobbies y redes de influencia.
Y, precisamente por eso, ilumina fenómenos cotidianos que suelen desesperar al ciudadano: por ejemplo, decisiones empresariales aparentemente ineficientes que se toman porque blindar apoyos internos compensa más que optimizar resultados; o reformas públicas necesarias que se frenan porque amenazan el equilibrio de quienes sostienen al decisor. En consecuencia, muchas “incoherencias” dejan de ser un misterio y pasan a ser lo que son: movimientos de supervivencia.
Por qué el poder “parece complicado”
Entonces, si la lógica es tan simple, ¿por qué el poder parece tan complicado? Principalmente porque vive rodeado de tres capas de niebla.
•En primer lugar, está la niebla moral, ya que los discursos hablan de valores y justicia incluso cuando el motor real son incentivos.
•En segundo lugar, está la niebla institucional, porque confiamos en que “las reglas” lo determinan todo, aunque, en la práctica, las reglas se interpretan, se estiran o se sortean.
•Y, en tercer lugar, está la niebla popular, dado que mucha gente cree que “manda el pueblo” en bloque, cuando lo decisivo suele ser quién controla el apoyo mínimo necesario para sostener el mando.
Además, el libro tiene una virtud que se agradece: no es un panfleto ni un sermón, porque no pretende decirte lo que “debería” ser el mundo, sino explicarte cómo suele funcionar. Por tanto, si el lector teme que esto conduzca al cinismo, conviene aclararlo: este libro no te hace más cínico, sino más lúcido, porque te enseña a separar relato y mecanismo. Y esa separación, aunque incomode, es higiene mental.
No es un libro para odiar la política: es un libro para dejar de confundir discurso con incentivo, y para empezar a analizar con precisión.
Lo que gana el lector
Lo mejor de recomendar El manual del dictador es que entrega una herramienta práctica: una vez que interiorizas la idea de la coalición, empiezas a hacer mejores preguntas.
En vez de quedarte en “¿por qué hacen esto?”, pasas a “¿a quién necesitan mantener contento?”, y, a continuación, “¿qué le están pagando, con dinero, con poder o con protección?”.
De este modo, el poder deja de parecer un laberinto esotérico, y se convierte en un tablero con reglas reconocibles, lo cual, para un lector que necesita claridad sin vulgaridad, es exactamente el tipo de estímulo intelectual que merece la pena.
En suma, recomendamos este libro porque ayuda a comprender una verdad incómoda, pero liberadora: el poder no es tan complejo; lo complejo, casi siempre, es el decorado que lo envuelve.
Idea final para llevarse puesta: si quieres entender una decisión de poder, mira menos lo que se proclama y más quién sostiene al que decide, porque ahí suele estar el mapa.
- Siruela (ficha editorial): “El manual del dictador”
- Wikipedia: “The Dictator’s Handbook” (datos y contexto)
- Hoover Institution (reseña): “The Dictator’s Handbook”
- Vista previa en PDF (Marcial Pons): índice y primeras páginas

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
