Richard Dawkins explicó que el gen usa al organismo para replicarse. Si aplicamos la metáfora a la izquierda española, el PSOE aparece como “gen” y España como “vehículo”.
Richard Dawkins popularizó en El gen egoísta una idea tan simple como corrosiva: la unidad decisiva de la evolución no es el individuo ni la especie, sino el gen, pieza mínima de información que “usa” a los organismos como vehículos temporales para copiarse una y otra vez, de modo que lo importante no es la buena salud del portador, ni su armonía interna, ni siquiera su longevidad, sino su eficacia para facilitar la replicación.
El organismo vive y muere con el único propósito de servir al gen . Éste, si se transmite, gana.
A esta altura de la lectura se habrá usted dado cuenta de que no hablamos de biología sino del Partido Socialista Obrero Español, el PSOE como el gen y España como el vehículo.
Lo decisivo deja de ser “el país” entendido como proyecto común —su cohesión, su calidad institucional, su energía productiva— y pasa a ser la continuidad del código-partido dentro del sistema.
No es una acusación moral; es una constatación historica con muy pocas excepciones en la historia de ese partido. Y desde luego esta etapa no es una de ellas.
Por incómoda que les resulte a algunos, encaja demasiado bien con el estado actual del organismo.
Alfonso Guerra dijo que España acabaría de tal manera que no la reconocería “ni la madre que la parió”. La frase se atribuye a la noche del triunfo socialista de 1982 y él mismo la ha reconocido en entrevistas.
Leída hoy, suena menos a chascarrillo y más a diagnóstico: el cuerpo muta, se reorganiza, se recompone a golpes. Pero desde la lógica del gen, la mutación no es un pecado; es adaptación. Si el entorno cambia, sobrevive quien mejor lo explota.
La polarización como incubadora
En biología, al gen egoísta no le importa que el organismo se desgaste, siempre que antes haya servido para copiar la información.
En política ocurre algo parecido cuando la lógica de partido (socialista) se impone a la lógica de país, cuando el deterioro del debate público, la tensión institucional o la fatiga social no se leen como alarmas sistémicas, sino como “ruido asumible” si mantiene abierta la carretera hacia la próxima victoria.
Y aquí entra la polarización, que no es solo un clima, sino un mecanismo. Polarizar divide una comunidad en dos bloques contrapuestos, alimenta rechazo emocional hacia el otro y reduce la complejidad a un plebiscito moral.
Es, literalmente, una estructura que convierte cada elección en “salvación” o “catástrofe”.
Con ese terreno abonado, el gen-PSOE puede aspirar a replicarse en 2027 aunque el organismo esté exhausto.
Si no hubieran existido o existiesen Francisco Franco, Antonio Tejero, Donald Trump, Vox o el Susun Corda, Sánchez lo inventaría. No porque comparta su naturaleza, sino porque necesita su función simbólica: antagonistas que activen reflejos emocionales, que fabriquen urgencia, que conviertan el voto en “trinchera”.
Incluso cuando esa función simbólica no coincide con la verdad objetiva de sus antagonistas. Por supuesto que para ello cuenta con un equipo de asesores de marketing de eficacia mayor, con bastante, que la de sus ministros. Sin enemigo no hay adrenalina y sin ésta no hay movilización.
Un gen que necesita a los dos bandos
Esta es la pieza final de la metáfora. El gen no se replica integrando; se replica subdividiendo.
Parte el cuerpo político en dos mitades enfrentadas, pero necesita a ambas. Necesita a los suyos para votar. Necesita a los otros para justificar su existencia, para mantener el relato de amenaza permanente, para que el “nosotros” tenga sentido. La confrontación no es un accidente: es el entorno óptimo de reproducción.
El límite, sin embargo, también es darwiniano: si el organismo colapsa, el gen pierde soporte. Un partido que deteriora en exceso el marco institucional que lo sostiene puede acabar dañando su propio hábitat y paradójicamente, resultando en una victoria de «la derechona», los «fachas».
Así las cosas, si la estrategia genética no le saliera bien, al menos le quedará al presidente el consuelo de haber j….. a España más aún de lo que Rodríguez Zapatero la j….
La pregunta real, entonces, no es solo si el gen PSOE se copiará otra vez, sino cuánto cuerpo queda, y a qué precio, para seguir prestándose a la operación.

