¿Puede ayudar esto a Sánchez?
Desde el punto de vista táctico, la jugada es comprensible por más que inadmisible, porque el PSOE de Sánchez y Zapatero, que acumula en su haber más casos de corrupción, deterioro institucional y abandono de la gestión pública de los que desde 1981 se hayan dado, intenta fugarse del encuadre: se pasa del presente crítico al pasado fundacional, y se habla de democracia, de golpe de Estado, de defensa institucional y, mucho cuidado, de «extrema derecha».
Así, esta operación puede servir para proyectar imagen de partido responsable y para frenar inútilmente la fuga de votos hacia Vox y/o la abstención del votante socialista.
Ahora bien, el movimiento tiene un efecto lateral, porque la extrema izquierda, tan cercana al PSOE de hoy, denuncia un supuesto “blanqueo” del Rey Emérito, y ahí aparece una incoherencia importante.
El PCE de 1981 no fue ambiguo
En 1981 el Partido Comunista de España, dirigido por Santiago Carrillo, actuó con sentido tactico, ya que defendió la legalidad constitucional y no alimentó teorías que implicaran al Rey en el golpe; al contrario, denunció que sectores de «extrema derecha» intentaban hacerlo para debilitar la institución.
Sabedor de que la legalización del partido y su reingreso en España, peluca mediante, fueron facilitadas por el mismo Juan Carlos I en cooperación con Adolfo Suárez, Carrillo no pudo hacer otra cosa que apoyarles.
Mas para la reconstrucción de la extrema izquierda que pretenden hoy Gabriel Rufián, Enrique Santiago, Ione Belarra y otras fracciones de ese ámbito y sostener a Sánchez en 2027, necesitan renegar del carrillismo negando incluso que el PCE de entonces haya apoyado, aunque sea tácticamente, al Rey.
Y por parte de Sánchez, el rédito buscado es que aparezca en los papeles del 23F el sintagma «golpe de la extrema derecha» como si el golpe de Estado de entonces fuera trasladable a la derecha actual (PP +Vox). Y como si los ciudadanos de hoy no viéramos el proceso deformador del régimen constitucional que el Ejecutivo lleva a cabo en España. O sea, otro golpe.
En 1981 el riesgo era un golpe militar, mientras que en 2026 el riesgo es otro tipo de golpe
Hoy el deterioro institucional no proviene de la Corona, ni de la derecha, se diga moderada o se diga extrema, sino que proviene de la obsesión del poder socialista por ocupar y condicionar instituciones centrales del Estado en perjuicio de la democracia nacida a pesar de la intentona de Alfonso Armada y Antonio Tejero.
Y todo esto por más que los estrategas de Sánchez busquen normalizar su golpe paulatino «recordando» aquel golpe abrupto de signo contrario.
Un golpe, el que el PSOE transita en dosis desde 2004 y concreta en una creciente colonización política de órganos de control, acosos constantes al poder judicial, dependencias parlamentarias que generan cesiones territoriales intolerables y disfunciones graves en la coordinación entre Estado central y autonomías.
Por eso, aunque criticar a la Corona o al Rey Emérito pueda sonar moderno y democrático, no es ahí donde reside hoy el foco del desequilibrio institucional, ya que la Jefatura del Estado tuvo y tiene funciones limitadas, mientras que el Ejecutivo tiene poder efectivo de nombramiento, influencia y dirección.
El análisis y la denuncia deben dirigirse donde está el poder operativo.
Y mientras tanto, los problemas estructurales siguen
España enfrenta desafíos urgentes,
- •porque el modelo económico está excesivamente terciarizado,
- •porque la productividad sigue estancada o a la baja,
- •porque el paro estructural permanece elevado,
- •porque la desigualdad territorial crece,
- •porque la fragmentación del sistema autonómico dificulta la gobernanza
- •porque se debilita la cultura institucional
- •y muy importante, porque la posición internacional de España ha caído muchos enteros situándola en un punto máximo de irrelevancia.
Falta mucho orgullo de nación, mucha conciencia de empobrecimiento y mucha ignorancia histórica para no darse cuenta de todo ello.
Conclusión
La desclasificación busca igualar a Tejero con el tándem Feijóo-Abascal, pero exonera a la Corona: muy desesperado ha de estar Pedro Sánchez para lanzar una pedrada tan dispar.
Mas que el Ejecutivo concentre poder rayando la autocracia y suprima contrapesos, ingredientes básicos de la democracia, ese es el debate relevante.
Y donde existen fallos estructurales en gobernanza y modelo productivo, ahí ha de ponerse el foco.
El pasado merece rigor, tanto como prioridades exige el presente. Y éstas no están en el 23-F.
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