El orden global basado en reglas se agota, pero España no puede permitirse salirse del eje atlántico. De Zapatero a Sánchez, una cronología de fricciones con EE. UU. y un acercamiento creciente a China en plena erosión institucional interna.
Entradilla: El mundo cambia: la norma pierde terreno frente al poder porque la norma internacional ha sido utilizada por los enemigos de las democracias occidentales para reforzar sus posiciones frente a ellas.
España, potencia media, no puede confundir transición histórica con locura estratégica. Abandonar el eje atlántico, además, llega de la mano de un deterioro de la cohesión institucional aportado por quien, además, pretende un cambio de bloque geopolítico para España: el.PSOE de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.
Un mundo que muere… y otro que pugna por nacer
Hace unos días sostuve que el mundo nacido tras la Segunda Guerra Mundial está entrando en una fase de agotamiento.
El sistema internacional basado en reglas —que se consolidó tras 1945 y pareció volverse unipolar tras la caída de la Unión Soviética— muestra hoy signos evidentes de que sirve más a la exaltación de las tiranías que a la promoción de un orden justo.
Las grandes potencias vuelven a competir abiertamente por influencia y el poder reaparece como elemento decisivo frente a la norma.
Ese cambio de época es real. Y la guía básica está aquí, sin repetirla, pero como marco de lectura:
Poder frente a norma: Trump no es causante, sino síntoma.
La conclusión equivocada
Donald Trump y sus acciones acordes con los tiempos expresan la necesidad de reforzar a Occidente frente a sus enemigos.
Decir lo contrario es propio de un pensamiento disminuido en lo estratégico y expresar la última salvaguarda del desacreditado pensamiento social-comunista.
La España democrática construyó su posición internacional sobre tres pilares muy claros: integración europea, alianza atlántica y estabilidad institucional interna. Ese marco estratégico se consolidó durante los gobiernos de Felipe González y José María Aznar. Con diferencias políticas evidentes entre ambos, sus etapas compartieron dos características fundamentales: una apuesta por la solidez de las instituciones del Estado y una preocupación constante por preservar la cohesión territorial.
Ese contexto permitió que España se integrara plenamente en el espacio occidental, tanto en la Unión Europea como en la arquitectura de seguridad atlántica.
2004: el punto de inflexión

El punto de inflexión comienza en 2004. La retirada de las tropas españolas de Irak, anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero pocas semanas después de llegar al poder, marcó el primer gran gesto de distanciamiento respecto a la política exterior atlántica que había caracterizado a los gobiernos anteriores.
Conviene señalar que esa etapa no supuso una ruptura total con Estados Unidos. Las bases de Rota y Morón siguieron desempeñando un papel relevante en operaciones logísticas y en la proyección de capacidades aliadas. Sin embargo, el giro discursivo y diplomático ya estaba ahí: España empezaba a introducir señales de traición frente a Washington.
La aceleración: Sánchez y el desplazamiento por piezas
Durante años ese desplazamiento estratégico se mantuvo dentro de límites relativamente moderados. Pero en los últimos años parece haberse intensificado. Bajo los gobiernos de Pedro Sánchez se han acumulado señales que apuntan hacia una política exterior más diferenciada respecto al eje atlántico tradicional: divergencias en cuestiones de seguridad, fricciones diplomáticas en determinadas crisis y reticencias ante compromisos de defensa en el seno de la OTAN.

A ese contexto se añade un hecho particularmente significativo: la intensificación de las relaciones políticas y económicas con China.
Sánchez ha realizado varias visitas oficiales en pocos años, con una narrativa insistente en la “cooperación estratégica” y la búsqueda de un papel español de intermediación o “puente” entre Europa y Pekín.
Nada de esto significa que las empresas de España deban renunciar a desarrollar relaciones económicas con China. Sería absurdo en un mundo donde el gigante asiático es uno de los grandes centros de gravedad de la economía global.
Pero sí plantea una cuestión estratégica más profunda:
¿qué alineamiento cómo Estado se está construyendo, con qué coherencia, y con qué respaldo interno?
La paradoja: moverse fuera cuando la casa se agrieta

Los cambios de alineamiento internacional son movimientos de enorme trascendencia. Y suelen requerir tres condiciones básicas:
- •fortaleza institucional, que en España el propio poder prochino fomenta
- •cohesión territorial, que los pactos con los enemigos de la unidad nacional detrioran
- •capacidad económica y militar suficiente para sostener una política exterior autónoma, que es cada vez menor en relación a las necesidades urgentes de fortalecimiento.
Es precisamente ahí donde aparece la mayor paradoja del momento actual. Porque realizar cambios esenciales de alineamiento y desconexiones parciales del eje tradicional —como parece estar produciéndose mediante una sucesión de decisiones aparentemente dispares— no resulta el mejor escenario cuando al mismo tiempo se observa un deterioro creciente de la cohesión interna de las instituciones y de los territorios del Estado.
Un cierre estratégico: prudencia de potencia media
El mundo está cambiando. El orden internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial atraviesa una fase de transformación profunda y el sistema global evoluciona hacia una estructura más competitiva y multipolar.
Pero precisamente en momentos de transición histórica las potencias medias suelen actuar con prudencia estratégica. Los países emergentes con potencial suficiente y con capacidad sistémica, como la India, pueden permitirse redefinir alianzas o ensayar posiciones autónomas.
Los demás, como España, construyen su estabilidad apoyándose en marcos de seguridad consolidados.
España es una potencia media profundamente integrada en el espacio político, económico y militar occidental. Su prosperidad, su seguridad y buena parte de su influencia internacional se han desarrollado dentro del eje atlántico establecido durante la transición democrática.
Modificar ese alineamiento puede ser legítimo si responde a una estrategia clara y a una posición interna sólida. Pero hacerlo mientras se deteriora la cohesión institucional del Estado y se agravan las tensiones territoriales introduce una paradoja difícil de ignorar.
Y el mero hecho de quien trabaja en el deterioro interno propugne una deriva peligrosa, es señal suficiente de que nada de ella pueda salir bien.
Las grandes decisiones estratégicas suelen apoyarse en países estables y no en países que atraviesan procesos de fragmentación política.
El mundo cambia, sí. Pero precisamente por eso conviene recordar una regla elemental de la estrategia internacional:
antes de buscar nuevos equilibrios fuera, conviene asegurar los que sostienen la casa por dentro.
Cronología útil: fricciones España–EE. UU. y señales de deriva (2004-2026)
2004 — Ruptura simbólica
- Gobierno: José Luis Rodríguez Zapatero.
- Hito: Retirada de las tropas españolas de Irak, gesto de distanciamiento político con Washington.
2004-2008 — Relación política deteriorada
- Dinámica: Enfriamiento bilateral y ausencia de sintonía política con la administración Bush.
- Nota: Se mantienen colaboraciones operativas y compromisos generales, pero el clima político es significativamente más frío.
2011-2018 — Reequilibrio atlántico
- Gobierno: Mariano Rajoy.
- Dinámica: Reforzamiento del encaje atlántico, estabilización de la relación con EE. UU. y normalización de la cooperación.
- Infraestructura estratégica: Consolidación del papel de Rota y Morón en la arquitectura aliada.
2018 — Nuevo ciclo político
- Gobierno: Pedro Sánchez (inicio tras moción de censura).
- Lectura: Comienza una etapa con señales crecientes de singularización diplomática.
2018-2021 — Tensiones en el marco OTAN
- Debate recurrente: Compromisos de gasto en defensa y discusión sobre objetivos aliados.
2022 — Cumbre OTAN de Madrid
- Hecho: España acoge una cumbre clave de redefinición estratégica.
- Matiz: Convivencia de encaje institucional sólido con debates internos sobre prioridades y costes.
2023-2025 — Divergencias y aproximación visible a China
- Dinámica general: Mayor diferenciación en determinados posicionamientos internacionales y énfasis político en la relación con Pekín.
- Señal: Repetición de viajes oficiales de alto nivel a China en un periodo corto (2023, 2024, 2025).
2026 — Crisis Irán
- Hito: Reticencias a facilitar el uso de bases estadounidenses en operaciones vinculadas al conflicto con Irán.
- Efecto: Reabre el debate sobre el alineamiento español dentro del eje atlántico.
Enlaces relacionados

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED

