Asturias recuerda a aquella obra de Antonio Buero Vallejo, Historia de una escalera. Generaciones que hablan de cambiar las cosas, que sueñan con subir un peldaño más, pero que acaban viviendo dentro del mismo edificio y discutiendo en el mismo rellano. Como gritaba uno de los personajes con desesperación:
“¡Treinta años subiendo esta escalera para nada!”.
Asturias no carece de talento, historia industrial ni capacidad técnica. Lo que hace ya mucho que escasea, de verdad, es la ambición de unas élites políticas y empresariales que parecen haberse acostumbrado a gestionar la inercia.
Y mientras tanto, la región sigue perdiendo pulso, careciendo de liderazgo y sin signo alguno de hambre de progreso.
Una tierra con capacidad, pero sin empuje
Basta con mirar alrededor y hacerse esta pregunta tan sencilla como fastidiosa : ¿en qué momento empezamos a conformarnos con tan poco?
Asturias no es una región sin talento. Tampoco es una región sin historia industrial ni sin conocimiento técnico.
Lo que parece haberse ido apagando poco a poco es otra cosa: la ambición de quienes deberían empujar el carro.
Durante años se ha ido formando un equilibrio cómodo entre política, sindicatos y parte del empresariado. Un equilibrio que evita grandes conflictos, pero que tampoco produce avances.
Cada uno cumple su papel dentro de un guion bastante lamentable, demasiado indigno.
●La política gestiona el reparto. Y vive bien con esa gestión
●Los sindicatos administran la queja sin que el sistema se desestabilice porque, igualmente, viven de él.
●Y muchos empresarios, los asentados cómodamente en FADE y Cámaras de Comercio, han aprendido que llevarse bien con el sistema suele ser más rentable que intentar cambiarlo. Aspiran, sin duda, a la rentabilidad fácil pues una parte de ella les viene dada como subsidio público.
¿Para qué arriesgar si extender la mano junto a un cartel de «necesito…..» sentado en la sala de espera de un despacho político resulta suficiente?
Y así pasan los años, las décadas y las generaciones. La Historia de una escalera, de Buero Vallejo, trasladada a la historia reciente de una región entera.
“La vida es así: siempre la misma escalera.”
Asturias vive a la defensiva
Asturias se acostumbra a vivir a la defensiva. La conversación pública, la de los bares y la publicada, la de la prensa, también subvencionada, gira alrededor de ayudas, subvenciones, fondos europeos o planes de transición y casi siempre con la misma lógica: mantener lo que queda en pie, no levantar algo nuevo y si algo nuevo aparece, es para convertirse en el enésimo Petromocho.
Fuera, el mundo industrial se mueve a otra velocidad. La defensa, la ingeniería, la tecnología o la energía están cambiando a un ritmo tremendo. Hay regiones que están peleando por estar ahí. Asturias, con todo lo que sabe hacer, muchas veces ni siquiera aparece en la conversación.
Y lo más inquietante es la sensación de que a nadie parece preocuparle demasiado.
Un Gobierno ausente y una oposición en espera
El presidente del Principado, por ejemplo, cuyo nombre ni siquiera he de escribir por irrelevante que es su ejercicio, lleva meses prácticamente desaparecido de los grandes debates estratégicos de la región.
Si uno observa su actividad pública, la que señala en la red X de Elon Musk en la que sigue a pesar de todo, se encuentra celebraciones de la sidra, reivindicaciones del bable o mensajes emotivos sobre la paz en el mundo. Ni de red social cambia, como prometió hacer en protesta del «fascista» multimillonario norteamericano.
Todo muy respetable si se tratara de un animador de fiestas en un centro social de la tercera edad, claro. No sé, quizá Asturias sea solo esto.
Pero uno no puede evitar preguntarse quién está pensando seriamente en el futuro económico de Asturias mientras tanto.
Y enfrente, tampoco es que se note demasiada urgencia. La oposición del PP y de Vox parece instalada en una espera tranquila, como si el tiempo fuera a hacer el trabajo por ellos. Se critica, se protesta, se ocupa el escaño en la Junta General. Pero cuesta ver un proyecto de fondo que sacuda de verdad esta inercia que arrastramos desde hace años.
La resignación como clima
Así se va formando un paisaje curioso. Un gobierno cómodo, una oposición paciente y unas élites económicas que han aprendido a convivir con ese equilibrio sin hacerse demasiadas preguntas.
Y al final la sociedad termina respirando ese mismo aire, instalada en una especie de resignación tan suave como asfixiante. Como si las cosas fueran así y poco más se pudiera hacer y como si Asturias estuviera condenada a ir siempre un paso, o dos, o muchos, da igual cuántos…….por detrás.
Pero la historia económica no funciona así. Las regiones que avanzan no son las más prudentes, sino las que se atreven a romper inercias.
Lo que Asturias necesita de verdad
Asturias no necesita, lo sabe todo el mundo, discursos épicos ni planes estratégicos llenos de palabras bonitas. Necesita algo mucho más simple. Élites que vuelvan a tener hambre. Hambre de competir, de atraer industria, de discutir decisiones equivocadas y de defender de verdad los intereses de esta tierra.
Porque lo peor que le puede pasar a un territorio no es una crisis. Las crisis obligan a reaccionar. Lo peor es acostumbrarse a la mediocridad sin darse cuenta.
Y a veces uno tiene la impresión de que en Asturias nos hemos acostumbrando demasiado a subir siempre la misma escalera. Una pena.
Ningún derecho reservado. No hay orgullo alguno en tener que escribir este artículo.

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
