La posible implantación en Asturias de nuevas enseñanzas sanitarias ligadas a la Universidad Alfonso X el Sabio y a la Universidad Antonio de Nebrija ha sido recibida con una ofensiva política y corporativa perjudicial para la región.
No estamos ante una discusión seria sobre cómo ampliar la capacidad formativa de la región, retener talento joven o reforzar su ecosistema biosanitario.
Estamos, más bien, ante la convergencia de dos acciones negativas: el resabio ideológico de Izquierda Unida y la la protección del privilegio corporativo de la Universidad de Oviedo y de su rector, Ignacio Villaverde.
Ambos empujan en la misma dirección. Ambos buscan cerrar el paso. Y ambos, conviene decirlo sin maquillaje, no coinciden en absoluto con el interés de Asturias.
Qué estaba realmente en juego
La propuesta conocida no era una invasión universitaria ni una operación de demolición de la universidad pública. Era algo mucho más concreto:
●Nebrija plantea impartir el Grado en Enfermería en Avilés.
●Y la Alfonso X el Sabio propone en Oviedo Medicina, Enfermería, Odontología y Farmacia, además de varios másteres del ámbito sanitario.
Es decir: no se está discutiendo una sustitución del sistema público, sino una ampliación de la oferta en el área donde hoy Asturias tiene más presión, más demanda y más necesidad futura: la sanitaria.
Primer beneficio de las nuevas universidades: absorber demanda que hoy la Universidad de Oviedo no puede cubrir

La mejor prueba de que aquí hay una necesidad real está en la propia Universidad de Oviedo. Medicina ofertó 162 plazas para el curso 2025-2026. Y desde la propia institución se ha reconocido que la demanda se mueve en torno a 4.000 solicitudes para unas 165 plazas.
Eso significa una cosa muy sencilla: la universidad pública asturiana no puede absorber toda la demanda existente. No porque sea mala. No porque funcione mal. Sino porque tiene un cuello de botella objetivo.
Autorizar nuevas plazas en centros vinculados a universidades privadas no destruiría la pública. Absorbería una parte de la demanda que hoy ya existe y que hoy ya está siendo expulsada fuera de Asturias. Negar esa realidad no la borra. Solo la desplaza a Madrid, Navarra, Salamanca, Portugal o donde toque.
No se protege a la universidad pública impidiendo que se forme a más asturianos. Se protege un statu quo.
Segundo beneficio de las nuevas titulaciones privadas: formar más profesionales sanitarios en una región que los va a necesitar
Asturias es una comunidad envejecida, con presión asistencial creciente y con una necesidad obvia de reforzar a medio plazo su base de profesionales sanitarios. En ese contexto, cerrar la puerta a más formación en Medicina, Enfermería, Odontología o Farmacia no parece una decisión previsora, sino defensiva.
Además, hay una evidencia bastante elemental: una parte relevante de los profesionales termina desarrollando su carrera cerca de donde estudió. No todos, por supuesto, pero sí una parte. Y con ello, al aumentar la capacidad formativa de la región aumenta también la probabilidad de que parte de ese capital humano se quede o regrese.
Asturias no necesita menos médicos potenciales, menos enfermeros potenciales o menos farmacéuticos potenciales. Necesita más.
Tercer beneficio de las propuestas de la UAX y la Nebrija: evitar la fuga de jóvenes asturianos
Hoy muchos estudiantes asturianos con vocación sanitaria tienen que marcharse porque no encuentran plaza aquí. Eso implica coste económico para las familias, desarraigo temprano y una pérdida de vínculo con la región. Y, como tantas veces ocurre en Asturias, lo que sale para estudiar no siempre vuelve para trabajar.
La ampliación de la oferta universitaria sanitaria permitiría retener parte de ese talento. Y no solo eso: también podría atraer estudiantes de fuera, con el consiguiente efecto sobre alquiler, consumo, servicios, actividad profesional y densidad académica.
Una región pequeña no debería frivolizar con la fuga de jóvenes cualificados. Y menos aún cuando dispone de instrumentos para reducirla.
Cuarto beneficio que el gobierno rechaza: ganar ecosistema, no solo aulas
Las enseñanzas sanitarias no son solo docencia. Son también prácticas clínicas, investigación aplicada, convenios hospitalarios, ensayos, innovación farmacéutica y conexiones con el tejido sociosanitario.
Asturias tiene hospitales, tiene médicos, tiene estructura asistencial y tiene capacidad científica. Lo que no tiene es masa institucional suficiente. Ahí está una de sus carencias más claras. Un ecosistema universitario más denso puede generar más nodos de colaboración, más especialización y más actividad investigadora.
La idea de que todo debe pasar por una sola institución para preservar la calidad es una idea administrativamente cómoda, pero estratégicamente pobre. En ciencia y en educación superior, la densidad suele generar más oportunidades que el monocultivo.

Quinto beneficio, el que se quiere evitar para mantener privilegios: la competencia también mejora a la universidad pública
Éste es un punto central. La competencia institucional introduce incentivos de mejora. Cuando una universidad sabe que no tiene rival territorial, la tentación de acomodarse existe. Y no solo existe, en la Universidad de Oviedo es un mal que la carcome.
Cuando sabe que pueden aparecer otros actores, el funcionariado de la UNIOVI y su Rector Magnífico entran en pánico ante la necesidad de revisar inercias, modernizar estructuras y cuidar más la formación real y competitiva.
Esto no significa convertir la universidad en un bazar ni rebajar exigencias. Significa algo mucho más sobrio: introducir una presión saludable para no vivir instalado en la comodidad del monopolio.
La concurrencia universitaria funciona en regiones con grandes universidades públicas
Uno de los argumentos más flojos del bloqueo asturiano es insinuar que la convivencia entre públicas potentes y privadas debilita automáticamente a las primeras. La experiencia española dice exactamente lo contrario.
En Madrid, el sistema universitario regional cuenta en 2024-2025 con 206.501 alumnos en centros propios de universidades públicas y 121.900 en universidades privadas y de la Iglesia Católica.
Es decir, la convivencia no solo existe: tiene una escala enorme. Y, sin embargo, Madrid sigue albergando a universidades públicas de referencia como la Autónoma, la Complutense o la Carlos III.
En Cataluña, los datos del Ministerio muestran una fuerte densidad institucional: 47 centros adscritos a universidades públicas y 38 centros privados, propios o adscritos. Y, sin embargo, la Universidad de Barcelona sigue siendo la única universidad española situada en la franja 151-200 del ranking de Shanghái 2025.
Es decir, la coexistencia no ha arruinado a las grandes públicas; convive con ellas, las rodea y forma parte de entornos académicos más densos y más competitivos.
Los dos incentivos negativos que hoy mandan en Asturias
Lo más interesante de este debate no es solo el contenido de la decisión, sino los incentivos que la explican.
●El primero es el de Izquierda Unida. Se trata de un incentivo claramente ideológico. Como socio del gobierno regional, IU difícilmente puede presentarse ante su electorado diciendo que dejó pasar dos proyectos universitarios privados. Su lógica no es la de preguntarse qué necesita Asturias, sino la de no traicionar su liturgia política ante los suyos. Y la lógica de Adrián Barbón es resistir en el gobierno como sea aunque ello implique perjudicar a quienes viven en Asturias. Como su jefe en la Moncloa.
Eso explica la presión. Y explica también la dureza simbólica de la reacción. Para IU, ceder aquí sería pagar un coste identitario y para el PSOE significa mantener a un socio que puede revalidar el gobierno si en 2027 PP y Vox no llegan a un acuerdo.
●El segundo incentivo negativo procede de la propia Universidad de Oviedo. El rector, Ignacio Villaverde, se ha mostrado rotundamente contrario a la entrada de nuevas universidades y ha dejado claro que la institución pública no cedería sus plazas de prácticas a una entidad privada.

Esa posición es comprensible desde la defensa de su egoísta estatus, pero no por ello deja de merecer un severo reproche por el perjuicio que le ocasiona a la región.
La Universidad de Oviedo y su estamento funcionarial viven hoy en una posición de monopolio regional de hecho. Y todo monopolio tiende a defenderse y a presentar la concurrencia como una amenaza. Villaverde confunde su propia comodidad y prebenda con el interés general.
Y aquí está la clave más jugosa del asunto: el incentivo ideológico de IU, el del PSOE y el corporativo de la UNIOVI resuenan perfectamente en la misma dirección.
- •Uno no puede vender a los suyos que dejó entrar a dos privadas.
- •Otro quiere revalidar en la Presidencia
- •Y el tercero no quiere perder la comodidad del monopolio. Resultado: Asturias blbloqueada.
La región pierde una oportunidad de ampliar su oferta, retener talento y densificar su entorno sanitario y académico.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
