Asturias Liberal > España > Escribano pide ayuda a Puigdemont en medio del caos político en Moncloa

Lo que estamos viendo en Indra no es una simple suma de episodios de una mera guerra de poder empresarial, sino la manifestación de un problema más profundo: un proyecto que nunca tuvo diseño y que ahora se pretende corregir en plena ejecución.

Otra cuestión es que la corrección vaya en buena línea, lo cual es bastante improbable. 

Presión, alianzas y relato: las piezas visibles

Las informaciones recientes encajan con precisión, porque mientras Moncloa presiona a los consejeros independientes para forzar la salida de Ángel Escribano, el propio Escribano busca apoyos políticos, incluso en el Junts de Puidemont para resistir como sea para sostener su desacreditado pelotazo, su grave conflicto de intereses que amenaza la credibilidad del también desacreditado proyecto de campeón nacional de la industria de defensa.

La presión del Gobierno sobre Escribano confirma que la operación Indra está rota (siempre lo estuvo) y Moncloa no lo quiere admitir.

De ahí que la presión se ejerza también sobre consejeros independientes de la multinacional para vestir como técnica una decisión que es política.

Frente a ello, la reacción de Escribano tampoco es neutra, porque buscar apoyos  en el ámbito parlamentario para sostener su posición indica hasta qué punto la lógica empresarial ha quedado subordinada a la lógica política, y porque ya no se trata de convencer al consejo o al mercado, sino de construir una mayoría de poder.

Una lógica política, la de Ángel Escribano, con visos de desesperación. Si pedir ayuda al separatismo catalán ya es en sí suficiente razón para desacreditarle, el hecho que además, Junts sea una fuerza política declinante como revelan las encuestas, revela el grado de obcecación del de Costa da.

El vacío de modelo: lo que no se está discutiendo

Sin embargo, si se ordenan estos movimientos, aparece la cuestión central, que no está en ninguna de esas noticias: qué modelo de industria de defensa hay detrás de todo esto.

Porque ese es el vacío real, ya que no ha habido:

●ni un diagnóstico previo de seguridad nacional que defina capacidades, alianzas o necesidades,

●ni se ha decidido si España quiere una empresa dominante que absorba al resto o un sistema coordinado donde cada actor aporte lo que sabe hacer mejor.

Contar con todos los actores: condición necesaria

Y en ese punto hay una primera exigencia que no se puede eludir, porque cualquier modelo serio tiene que contar con todos los actores industriales relevantes, incluidos los que hoy están en conflicto, y eso implica necesariamente integrar a SBS-GDELS dentro del esquema, no como problema a desplazar, sino como capacidad existente que no se puede sustituir con promesas o anuncios.

El frente judicial: una cuestión que no se puede esquivar

Además, esa integración no es solo una cuestión industrial, sino también jurídica, porque sigue pendiente el recurso de SBS ante el Tribunal Supremo contra adjudicaciones realizadas sin suficiente justificación, y cualquier diseño de futuro tendrá que aclarar cómo se resuelve ese frente, ya que no se puede construir una política industrial sólida sobre decisiones que pueden ser cuestionadas en sede judicial.

Movimientos de corto plazo, problema de fondo

Por eso, lo que estamos viendo ahora es perfectamente lógico dentro del desorden inicial, porque el Gobierno intenta recuperar el control de un instrumento que percibe como desviado, mientras Escribano intenta consolidar su posición, y los medios de comunicación redactan relatos que simplifican el conflicto, pero ninguno de esos movimientos resuelve el problema de fondo.

De hecho, la salida o permanencia de Escribano será relevante en el corto plazo, pero no cambiará la cuestión esencial, porque sin un modelo claro, cualquier relevo, ya sea técnico o político, operará sobre el mismo vacío.

La pregunta pendiente

La pregunta sigue siendo la misma, y sigue sin respuesta: para qué quiere España su industria de defensa y cómo quiere organizarla.

Y mientras esa respuesta no exista, lo que veremos no será una estrategia que ordena el sector, sino una secuencia de movimientos donde cada actor intenta ocupar espacio.

Porque cuando no hay plan, lo que aparece no es coordinación, sino disputa por el control.


 

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