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A veces en nuestras empresas o en nuestras vidas llegan momentos en los que los referentes desaparecen y las tendencias se dispersan: unas situaciones que pueden dar lugar a decisiones erróneas o a bloqueos mentales, pero que también pueden suponer oportunidades para demostrar nuestra verdadera capacidad.

Vamos a ver cómo la creatividad y el tesón pueden abrirse paso y conducir al éxito más inesperado en un entorno desértico de referentes, en un momento en el que las influencias externas marcan caminos dispares o –incluso- durante un proceso de crisis de la propia identidad.

La primavera de 1970

La primavera de 1970 trajo una cierta sensación de orfandad para el panorama musical británico con el anuncio oficial de la disolución de los Beatles (10 de abril de 1970). Tanto la industria musical como los propios músicos se quedaban sin el referente que había marcado los sonidos y las melodías de los últimos años, y eso generó un ecosistema donde distintas tendencias y experimentos dieron lugar a una amalgama de géneros que convivían buscando nuevas direcciones:

  • ●Folk Rock y Soft Rock: interés por los sonidos acústicos, las armonías vocales y la introspección, como el propio Paul McCartney o Cat Stevens.
  • ●Hard Rock y Heavy Metal: buscando sonidos más eléctricos y pesados, con potentes riffs de guitarra, como el caso de Led Zeppelin o Black Sabbath.
  • ●Rock Progresivo: buscando una nueva música con mayor complejidad técnica y temas de mayor duración que se alejaban de la fórmula comercial, como Génesis o Pink Floyd.
  • ●Pop de Autor: también había hueco para quienes exploraban nuevas fusiones, como Elton John o el Glam Rock de Marc Bolan (T. Rex)
Una isla perfecta dentro del caos

En este caldo de cultivo cultural, tres estudiantes de la London Central High School (Watford), afectados por una cierta crisis de identidad al ser hijos de militares norteamericanos destinados en el Reino Unido, se reunían para tocar canciones acústicas con interesantes armonías vocales que recordaban su origen, sus breves estancias en EE.UU. o las historias que contaban algunos soldados de la base.

Nada más graduarse -en 1970- intentaron profesionalizar su música y dejar huella de su peculiar estilo, para lo que empezaron adoptando el nombre de AMERICA: un rasgo que anticipaba su identificación como una banda estadounidense y no como un mero grupo inglés buscando ese estilo americano.

No tardaron en convertirse en una isla perfecta -dentro de ese caos de estilos y tendencias– con canciones melódicas que destilaban cierta nostalgia: sonaban a la idílica California, pero con la precisión inglesa.

Los tres componentes del grupo

De los tres componentes del grupo, Dewey Bunnell podría considerarse el visionario rítmico: un muchacho nacido en Yorkshire de padre estadounidense y madre inglesa que aportaba el estilo más experimental y folk; con tan sólo diecinueve años compuso el primer éxito de la bandaA horse with no name”, inspirada en los paisajes desérticos californianos que recordaba de su niñez, cuando su padre estuvo allí destinado.

Por su parte, Gerry Beckley era el arquitecto melódico: un excelente y versátil músico que no sólo dominaba el piano, la guitarra y el bajo, sino que también poseía un sobresaliente oído para las baladas pop. A él le pertenece “Sister golden hair”, una de las canciones más famosas del grupo (y mi favorita).

Por último, Dan Peek tenía una personalidad más espiritual, era otro muiltiinstrumentista que también aportaba armonías vocales y daba un toque más roquero al grupo. En 1977 -tras años de giras y abusos de drogas y alcohol– decidió dejar el grupo, encontrando su refugio en la fe cristiana y convirtiéndose en uno de los pioneros músicos entregados al pop cristiano.

El éxito inesperado

El trío America fue descubierto por el promotor Jeff Dexter en un club de Londres en 1971, e ipso facto firmaron con la discográfica Warner Bros. Records. Aunque su primer álbum no incluía inicialmente “A horse with no name”, la discográfica les pidió que grabaran esta canción para que funcionara como sencillo en las emisoras de radio… y fue tan exitosa que tuvieron que reeditar ese primer disco para incluir este tema.

A pesar del éxito, muchos críticos y publicaciones especializadas (que no los habían visto venir) juzgaban negativamente a la banda, acusándoles -entre otras cosas- de ofrecer un producto “demasiado perfecto”, de componer unas letras desmesuradamente simples o de ser una mera copia de los Crosby, Stills, Nash & Young.

A medida que las críticas arreciaban, las ventas crecían y con ellas el reconocimiento y el clamor del público que -ya en 1972- los llevó a conquistar el número 1 en EE. UU., donde se mantuvo cinco semanas en lo que puede denominarse un “éxito inexplicable”.

George Martin y la corrección del rumbo

Aunque ganaron un merecido Grammy en 1973, el grupo entró en un cierto estancamiento comercial, una deriva que fue detectada y corregida en 1974, cuando el trío decidió contar con un productor externo que les ayudara a recuperar el rumbo: una tarea para la que no dudaron en ponerse en contacto con George Martin (antiguo productor de The Beatles).

A partir de entonces Martin les produjo hasta siete álbumes, dotándoles de una sofisticación orquestal con arreglos en cuerdas y vientos sutiles pero decisivos, ayudándoles a enfocar sus ideas y devolviéndoles al número 1 en las listas de éxitos con “Sister golden hair” en 1975. Además, con el prestigio de George Martin en la producción, la prensa y la crítica también empezaron a valorar a la banda, reconociendo por fin su perfeccionismo técnico y sus armonías vocales.

Fidelidad al estilo propio

El éxito les llegó siendo fieles a su estilo, que coincidía con lo que el mercado (público objetivo) necesitaba en ese momento, y sin hacer caso a las tendencias marcadas por los críticos y expertos del momento.

Recuerden estos versos de la canción “A horse with no name”:

In the desert, you can remember your name
‘Cause there ain’t no one for to give you no pain

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