Cuando el relato sustituye a la realidad industrial, la caída no es de una persona, sino de todo un sistema de validación.
La recogida de impresiones publicada por La Nueva España tras la dimisión de Ángel Escribano como presidente de Indra ofrece una imagen aparentemente cohesionada: Gobierno del Principado, empresarios y sindicatos coinciden en elogiar su figura y en pedir continuidad para los proyectos en Asturias.
Unanimidad aparente
Borja Sánchez, consejero de Industria, lo define como “interlocutor leal, fiable y serio”; Carlos Paniceres, presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, subraya su “trato impecable”; Janero Martínez (UGT-FICA) y representantes de CCOO insisten en la necesidad de mantener la cadena de valor; Ignacio Requena, desde el ámbito sindical, pide que no decaiga el impulso en la región.
El mensaje es unánime: que nada se detenga, pero esa unanimidad, lejos de reflejar solidez, revela otra cosa.
El relato que no fue industria
El desconcierto de quienes apostaron por un relato que no se ha materializado en realidad industrial y que nunca tuvo visos de concretarse es evidente.
Porque lo que hoy se lamenta no es solo la marcha de Escribano.
Lo que se lamenta, en el fondo, es haber quedado descolocados y expuestos.
Durante meses —con acceso a información, con interlocución directa y con capacidad de análisis— estos mismos actores validaron un proyecto que, tal y como describimos en AL sustentados en fuentes del sector, tenía dos vectores claros.
Los dos vectores del proyecto
●La operación de autocompra de EM&E a través de Indra en beneficio exclusivo de los hermanos Escribano.
●Y el intento de desplazar a SBS-GDELS, la única estructura con capacidad real de producción de vehículos terrestres en Asturias.
Mientras tanto, el Tallerón representaba el papel de núcleo industrial cuando en realidad era, en gran medida, una apuesta de posicionamiento contra Santa Bárbara y sin base productiva consolidada.
Ese desfase —entre lo que Escribano prometía y lo que podía ejecutarse— no fue señalado por los representantes políticos, empresariales y sindicales; no les faltó información, les faltó voluntad de denunciar unas promesas como nada más que promesas; prefirieron el relato a la realidad industrial.
El nerviosismo ante Simón
Hoy, ese mismo bloque institucional y económico reacciona con un tono que mezcla elogio al que se fue con sus anuncios y temor a que cese el espectáculo publicitario; es este y no otro el verdadero elemento de las reacciones de cámaras, sindicatos y consejero: el nerviosismo, el no saber qué hará Ángel Simón, nuevo hombre fuerte de Indra.
Si Simón opta por mantener el pulso con SBS-GDELS y seguir impulsando el Tallerón, el sistema regional respirará: el relato y la ilusión superficial se mantienen.
Pero si adopta una posición prudente —esperar al recurso de SBS-GDELS ante el Supremo antes de comprometer inversiones— o, más aún, si reorienta la estrategia hacia una coexistencia o entendimiento con SBS, el problema para esos dirigentes emerge con toda su crudeza: quedarán en evidencia tanto el proyecto defendido como su propia credibilidad.
Las ausencias que hablan
En este contexto llama la atención un detalle silencioso pero revelador.
Las ausencias de Félix Baragaño (presidente de la Cámara de Comercio de Gijón) y de Carmen Moriyón (alcaldesa de Gijón) en el coro de elogios y rezos por el relato de ilusiones: toda una señal.
Quienes están más cerca del terreno donde debía materializarse el proyecto —Gijón, el Tallerón— optan por no exponerse públicamente ante lo que primero apoyaron con entusiasmo; ni se suman al aplauso hacia Escribano ni lo contradicen, simplemente se apartan; en política real, estas ausencias suelen decir más que cualquier declaración.
Dependencia y alineación
El cierre del cuadro es aún más claro cuando se observa la estructura de incentivos, que es tanto como decir de subvenciones.
Los protagonistas de la noticia —Gobierno regional, cámaras de comercio, sindicatos— comparten un rasgo común.
Dependen, en mayor o menor medida, del flujo de recursos públicos del gobierno de Adrián Barbón y eso condiciona su comportamiento:
●Reduce a cero el margen de crítica real
●incentiva a 100 la alineación con el relato dominante;
●y convierte la estabilidad del discurso frívolo en un activo en sí mismo.
No es defensa del futuro de Asturias: es protección del relato que les permite llegar hasta aquí asentados en su privilegio no ganado.
Enlaces relacionados
- Reacciones en Asturias a la dimisión de Escribano (La Nueva España)
- Ángel Escribano, dimisión necesaria; Ángel Simón, mero control de daños (Asturias Liberal)
- Indra, El Tallerón y el silencio culpable de La Nueva España (Asturias Liberal)

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
