Hace unos meses publicamos en Asturias Liberal una realidad incómoda: el paro real podía duplicar al oficial. No era una provocación. Era una lectura estructural. Si se incorporan los fijos discontinuos inactivos, los perceptores de ayudas o las categorías que el sistema decide no contabilizar como desempleo efectivo, el número de personas fuera del mercado laboral se dispara.
Ver:
Paro real, doble que el oficial. Desde Castilla-León a Asturias y España
La conclusión era clara: el sistema reduce el paro con definiciones, no con empleo real.
Pero hay un dato aún más inquietante —y más profundo— que aquel: la tasa de actividad.

Asturias se sitúa en torno al 52%. Es decir, apenas la mitad de su población en edad de trabajar está dentro del mercado laboral. El resto no trabaja… pero tampoco figura como parado. Simplemente desaparece del indicador. Y si el 48% de los que pueden trabajar no están en el mercado laboral, ni Barbón ni Sánchez los enseñan como lo que son: desempleados.
Este dato de la tasa de actividad no interesa explicarlo porque cambia su relato de triunfante a verdadero, cosas ambas incompatibles en la España y la Asturias socialista. Pero a nosotros sí que nos interesa.
La ilusión estadística
Porque cuando se habla de paro, se habla de quienes buscan trabajo y no lo encuentran. Pero ¿qué ocurre con quienes han dejado de buscar? ¿Qué ocurre con quienes están en categorías administrativas que los sacan del cómputo? ¿Qué ocurre con quienes viven en una zona gris entre la ocupación, la ayuda pública y la inactividad?
Ocurre algo muy simple: dejan de existir estadísticamente.
Por eso, una falsa reducción del paro convive perfectamente con una economía débil, del mismo modo que una mano de pintura no hace desaparecer las grietas de las paredes.
Porque el paro puede bajar sin que se esté creando empleo. Es lo que ocurre cuando se reduce el número de personas que lo buscan activamente. Y es lo que sucede en la España y la Asturias que proclaman Sánchez y Barbón: una apariencia pura de mejora, un bulo oficial.
El problema real: la participación que se hunde

Pero aún puede ser más grave: el dato verdaderamente decisivo no es cuántos parados hay. Es cuántos siguen dentro del sistema.
Y en Asturias cada vez son menos.
Esto no responde a una sola causa. Es una suma de factores:
Envejecimiento acelerado
Desánimo laboral
Salida del talento hacia otros territorios
Estructura productiva incapaz de absorber perfiles cualificados
Y un aparato político, mediático y burocrático que oculta la realidad
El resultado es un mercado laboral que se reduce y se vacía lentamente.
La paradoja perfecta: paro, vacantes y talento importado
En este contexto aparece la escena que desconcierta a cualquiera que mire el problema de forma superficial: Asturias mantiene cifras de paro relevantes y, al mismo tiempo, necesita atraer talento extranjero cualificado. ¿Cómo puede ser esto?
No es una contradicción, sino la consecuencia lógica de una Asturias desajustada.
Hay exceso de paro, pero no apto para los perfiles que muchas empresas necesitan. Además, una parte de nuestro talento local ya no está: se fue porque encontró fuera lo que aquí no se le ofrecía.
Y aparece otro elemento incómodo: el factor salarial.
Casos reales lo muestran con claridad. Empresas que buscan perfiles cualificados ofreciendo condiciones que no reflejan la escasez. La baja productividad de esas empresas y la elevada fiscalidad asturiana impiden ofrecer mejores sueldos.
El resultado es previsible: o no encuentran a nadie, o lo pierden rápidamente cuando aparece una alternativa mejor.
No es un problema moral. Es un problema de valor.
El error de diagnóstico
El debate público se divide entre dos simplificaciones que generan círculos viciosos:
Culpar a las empresas por no pagar lo suficiente sin ver que su productividad no alcanza
Culpar a los individuos por no querer trabajar cuando los incentivos y ayudas públicas desincentivan hacerlo, resultando más atractivo componer ingresos a partir de ellas
Asturias no genera suficiente valor económico, ni suficiente productividad, como para sostener, atraer y retener talento de forma consistente.
Pero eso sí, de Asturias se extraen recursos suficientes de los pocos productores que hay vía presión fiscal para sostener la improductividad.
Y cuando eso ocurre, todo lo demás se desajusta.
Del paro ficticio a la inactividad estructural
Si el paro ya estaba parcialmente distorsionado, la actividad revela algo más profundo: el tamaño real del sistema, y ese sistema es pequeño y decreciente.
Porque una economía no se mide solo por lo que produce, sino por cuántos están en condiciones —y en disposición— de producir.
Cuando esa base se reduce, todo lo demás queda condicionado: crecimiento, salarios, dinamismo empresarial.
Porque una economía empieza a caer no cuando falta trabajo, sino cuando falta gente participando en él y ese es, hoy, el dato que explica por qué Asturias esta a la cola, a pesar de las proclamas.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
