Asturias Liberal > España > 1 de Mayo de 2026

 

El sindicalismo español necesita una reforma urgente: ha perdido el norte, y mucho.

Nuevo 1 de mayo y nueva convocatoria de los sindicatos “de clase” para las manifestaciones.

Me encanta analizar sus convocatorias, expresadas a través de carteles, que los líderes sindicales presentan con orgullo ante la prensa, demostrando una simpleza y una falta de pensamiento profundo apabullante.

Debe ser que la “clase” es la de párvulos.

Por un lado, organizaciones que deberían luchar por la defensa de los trabajadores y de mejoras en sus condiciones laborales no son capaces ni de ponerse de acuerdo entre ellas, ni de comprender contra quién deben luchar para cumplir su misión.


Cartel 1 de mayo CCOO + UGT

Los sindicatos oficialistas y el arte del lema hueco

La convocatoria en Gijón de CCOO y UGT, sindicatos oficialistas, mayoritarios, ultrafinanciados por el Gobierno, se alinea con los intereses de éste y convoca la manifestación con unos lemas de los que nos tienen más que acostumbrados: huecos, simples, que suenan bien y que no quieren decir nada.

Al menos este año no convocan en bable.

“Derechos. No trincheras. Salarios. Vivienda y democracia”.

Os lo traduzco.

Derechos: es una palabra que siempre invoca la izquierda para arrogarse legitimidad y hacer como que hace.

Pero, fijándose con detalle, nunca mencionan qué derechos, cómo van a ser financiados, ni qué obligaciones traen como contrapartida.

Simplemente “luchan por derechos”.

Es un razonamiento simple, de fácil digestión, fácilmente convertible en lema.

Cómodo.

No trincheras: apoyo incondicional al “no a la guerra”, otro lema simple y aparentemente justo, que cala y hace quedar bien.

Pero está absolutamente fuera de las competencias de un sindicato.

Salarios: pedirán un aumento de salarios, y que sean las empresas las que carguen con ello, demostrando un interesado desconocimiento de lo que es la economía, de dónde salen los salarios y de qué depende su cuantía.

Si de verdad quisieran aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores, abogarían por la bajada de impuestos.

La diferencia entre el salario bruto y el salario neto se la queda el Estado.

Que sea él el que renuncie a esos ingresos, y no las empresas.

Vivienda: otro asunto totalmente fuera de la competencia del sindicato, que más bien depende del Estado, de la regulación legal que tiene sobre la construcción y venta de inmuebles y de la liberación de suelo para construir.

Del precio de un piso de nueva construcción, el Estado se embolsa el 33% de su precio final entre impuestos y tasas.

Pero los sindicatos seguramente cargarán sobre los constructores, esos “malvados especuladores”, que suelen tener un beneficio industrial bastante más pequeño que ese 33%.

Democracia: otro lema que, de tan manoseado, está perdiendo su significado.

En muchos casos se usa según el razonamiento “o piensas como yo, o no eres demócrata”, lo cual es una falsa dicotomía de libro.

Sorprende, porque los sindicatos son organizaciones jerárquicas y no muy democráticas.

Un ejemplo: ¿saben ustedes cuánto cobra al año el secretario general de UGT?

No se sabe.

No es público.

Es reservado.

Muy “democrático” y transparente, ¿no?


Cartel CSI, CGT, CNT, INAST

Los alternativos: distinto cartel, misma confusión

Por otro lado, CSI, CGT, CNT e INAST convocan a la misma hora, pero en otro sitio, otra manifestación.

No con los anteriores, que son unos “vendidos al poder”, claro.

Y demandan en su convocatoria “no al imperialismo y a las guerras”, “stop genocidio en Palestina”, “vivienda pública” y “no a la precariedad laboral”.

Como se puede observar, estas demandas son primas hermanas de las anteriores, y no alcanzo a entender, más allá del esfuerzo que tienen que hacer para diferenciarse unos de otros, o de los egos de los líderes sindicales, cómo no pudieron ponerse de acuerdo en ir todos juntos en una única convocatoria.

También aparece el refuerzo al “no a la guerra” y la demanda de vivienda asequible, pero errando, por supuesto, a quién se la hay que exigir.

Porque, para la entrenada mente sindical, todo ha de ser público: “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado”.

¿Les suena?

Pero añaden más cosas que no son incumbencia de los sindicatos: el supuesto genocidio en Palestina y el imperialismo yanqui.

Mejor sería que defendieran a los agricultores y ganaderos españoles antes que a los pobres oprimidos libaneses o gazatíes.

Sin entrar a debatir si es una causa justa o no, está totalmente fuera de lo que debe hacer un sindicato, y no deja de ser un brindis al sol, con el que sólo estarán de acuerdo los más acérrimos.

La precariedad laboral y el Estado desaparecido

Una única demanda sindical aparece en ambos carteles: “no a la precariedad laboral”.

Pero hasta eso depende de la legislación que elaboró el Estado, y las empresas simplemente aplican.

¿Se le puede pedir a una empresa, que por definición es una organización con ánimo de lucro y vocación de crecimiento, que haga fijos a los trabajadores que necesita para “picos” puntuales o para temporadas de más actividad?

Es antieconómico.

La protesta debería ir, en todo caso, contra el Estado y contra la legislación laboral aplicable.

Y el razonamiento es también algo infantil.

Se carga sobre la empresa la responsabilidad de dar estabilidad al empleado, que aparece en esta historia como un sujeto pasivo.

¿Y por qué el empleado no hace algún curso y se forma en otro campo con más demanda?

¿Y por qué el empleado no se muda a otra localidad donde haya más trabajo en su área de actividad?

Queremos trabajo, que esté bien pagado y que nos quede al lado de casa.

¿De verdad eso es un derecho?

¿O un privilegio?


Cartel de Frente Obrero

Frente Obrero y la caricatura del sindicalismo

Como reacción a todas estas incongruencias aparece la convocatoria de Frente Obrero, que simplemente va a afear la conducta de los sindicatos, presuntos defensores de los obreros, pero que claramente defienden las tesis de los partidos actualmente en el Gobierno.

Cosa que no extraña, porque “quien paga, manda”, y los sindicatos no sobrevivirían tal como los conocemos sólo con las cuotas de sus afiliados.

Seguramente habrá algo de “gresca”, porque ya se sabe que, cuanto más simple es una mente, más propensa es al insulto, la amenaza y la violencia.

En definitiva, año tras año, contemplo con tristeza, salvo honrosas excepciones de algún sindicalista inteligente y dedicado, que también alguno hay, cómo los sindicatos son una burda caricatura de lo que deberían ser.

Los trabajadores estamos representados por gentes a las que les importamos poco o nada, que tienen sus propios intereses económicos y políticos y que nos utilizan como moneda de cambio o de presión mediática.

Y al final, arreglan sus diferencias en un restaurante fino.

Y pagamos nosotros.

Es de suma urgencia una reforma del sistema sindical en España. Se ha perdido el norte, y mucho.

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