Asturias Liberal > Economía > Cierres y pérdida de empleo: el acuerdo UE–Mercosur y el contraarancel oculto contra el campo

Fotografía de portada: los mandatarios de Argentina, Javier Milei, de Uruguay, Luis Lacalle Pou, de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Paraguay, Santiago Peña, posan con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Montevideo, Uruguay, el 6 de diciembre de 2024.


El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur se ha presentado como una gran jugada estratégica, un mercado de casi mil millones de consumidores, una promesa de dinamismo exportador y una prueba, dicen, de que Europa sigue creyendo en el libre comercio.

Todo eso suena bien. Demasiado bien. Porque cuando uno baja del titular al terreno, del papel al barro, lo que aparece es otra cosa:

  • •un acuerdo que no derriba barreras, sino que las redistribuye;
  • •que proclama libertad comercial mientras mantiene, intacto, un contraarancel encubierto que castiga de forma selectiva al campo europeo y, de manera muy concreta, al asturiano.

No es el libre comercio lo que debería inquietar a ganaderos y agricultores. El problema es competir con una mano atada a la espalda.

Europa exige a sus productores una acumulación creciente de regulaciones ambientales, fitosanitarias y administrativas que encarecen cada kilo producido, cada cabeza de ganado, cada hectárea trabajada.

Exigencias sobredimensionadas pensadas para sostener a una casta funcionarial y política que vive de establecerlas y gestionarlas.

Porque esas mismas exigencias no se imponen a los productos que entran desde Argentina, Brasil, Uruguay o Paraguay, países que integran Mercosur y que operan con costes muy inferiores, controles más racionales y estándares de bienestar animal y seguridad alimentaria más ajustados a la sensatez en la relación calidad/consumo.

El resultado es una competencia formalmente abierta y materialmente tramposa. Se eliminan aranceles visibles, pero se mantienen aranceles regulatorios ocultos, que solo pagan los de casa. Eso no es libre comercio. Es dumping normativo con coartada moral.

Asturias lo sabe bien. El sector cárnico regional emplea a 832 personas y mueve cerca de 118,7 millones de euros al año. No es una cifra abstracta. Son empleos, industrias, comarcas enteras que dependen de una cadena productiva ya tensionada.

Introducir en ese ecosistema carne importada producida con estándares aceptados para ellos y prohibidos a los nuestros no es una apertura al mercado.

Es una invitación al cierre ordenado, lento y silencioso de explotaciones que no pueden competir en precio porque Europa decidió competir en burocracia para los propios en un alarde de voluntad de suicidio.

La solución no pasa por levantar muros ni por renunciar al comercio internacional. Pasa por algo más simple y más honesto: igualar las reglas.

Una propuesta clara: armonización y reglas simétricas

Europa debería tener el coraje político de reconocer que ha sobrerregulado a su propio sector primario y proceder a una armonización a la baja, alineando las exigencias europeas con las del área Mercosur.

  • •No se trata de producir peor, sino de producir viable y razonable.
  • •De dejar de usar al campo como coartada ética y empezar a tratarlo como lo que es: un sector estratégico.

Porque un acuerdo comercial que necesita sacrificar a quienes producen alimentos para funcionar no es progreso. Es mala contabilidad política. Y, a medio plazo, una ruina perfectamente evitable.


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