Asturias Liberal > España > Santa Bárbara o Indra. Por qué Alemania sí contrata a GDELS y Sánchez abona al especulador

La defensa no se construye con eslóganes ni con organigramas, sino con capacidad industrial verificable, con calendarios, con CAPEX y con la humildad de aceptar que el acero no entiende de relatos, aunque los relatos sí pretendan domesticar al acero.

(NOTA: CAPEX, Capital Expenditure o Gasto de Capital, es la inversión que una empresa destina a adquirir, mejorar o mantener activos físicos de larga duración. Es lo que diferencia a un inversor real de un simple especulador).

En el debate español sobre la industria de defensa se ha instalado una percepción tan cómoda como equivocada, que consiste en tratar a GDELS como si fuera un proveedor local más, intercambiable y disciplinable, una pieza menor dentro de un ecosistema que gira alrededor de actores considerados políticamente centrales, cuando en realidad se trata de la rama operativa de un gigante sistémico, con experiencia industrial continua, con productos maduros sometidos a uso real, con capacidad probada de producción y, sobre todo, con músculo financiero suficiente para asumir riesgos industriales que otros actores simplemente no pueden absorber sin respaldo público.

Esta reducción deliberada de escala ya no puede interpretarse como un simple error de percepción, ni como una lectura ingenua del mapa industrial desde parámetros domésticos, porque a estas alturas responde a un patrón consciente de poder, en el que la relevancia estratégica global se minimiza a propósito cuando estorba a un diseño previo. No es ignorancia técnica lo que explica que se trate a un actor sistémico como si fuera un proveedor local prescindible, sino la necesidad política de encajar la realidad industrial en un relato de control personalista, donde el llamado “campeón nacional” funciona como coartada para concentrar decisiones, recursos y capacidad de arbitraje en torno al eje Escribano–Sánchez. En ese esquema, la escala real deja de ser un dato objetivo y pasa a convertirse en una variable que se ajusta o se deforma según convenga a la arquitectura de poder que se pretende consolidar, incluso al precio de erosionar racionalidad industrial y competencia efectiva.

Cuando el Estado trata a un reputado actor global como si fuera un proveedor prescindible, rara vez es torpeza: suele ser mecanismo, y el mecanismo casi siempre busca control.

Soberanía sin ideología: la lección alemana

La diferencia más profunda entre el enfoque alemán y el español no reside en el volumen de gasto ni en la urgencia geopolítica, sino en la definición misma de soberanía.

Alemania ha asumido, con notable claridad, que la soberanía defensiva no se mide por la nacionalidad del accionista último, sino por el control industrial efectivo de los procesos críticos, por la capacidad de imponer calendarios, por la localización del CAPEX, por la transferencia tecnológica real y por el anclaje de la producción al territorio a largo plazo.

Por eso Alemania compra a GDELS sin complejos, exige que produzca en suelo alemán, fuerza inversiones en plantas nuevas y existentes, integra pymes locales en la cadena de suministro y asegura una capacidad productiva sostenida que no depende de promesas futuras, sino de contratos ejecutables.

En España, en cambio, la soberanía se ha vinculado de forma casi automática al accionariado español, incluso cuando la capacidad productiva asociada a ese accionariado es todavía inmadura, dependiente de licencias externas o directamente externalizada.

La paradoja es evidente y, al mismo tiempo, incómoda: Alemania es más soberanista precisamente porque es menos ideológica, porque separa el control industrial de la bandera corporativa.

La soberanía no es una bandera en la puerta de la fábrica, sino una fábrica, con máquinas, personal y plazos que no se negocian con comunicados.

El criterio del mercado que no perdona

Hay un argumento que, por sí solo, debería bastar para ordenar el debate y que, sin embargo, rara vez se formula con toda su crudeza:

Si Alemania considerara, cosa que no ocurre, que Indra y EM&E son capaces de entregar mejores plataformas terrestres que GDELS, con mayor fiabilidad, menor riesgo y mejores prestaciones, sencillamente se las habría encargado, y no lo ha hecho.

Esto no sucede por desconocimiento, porque Alemania conoce perfectamente a Indra y su trayectoria en radares, sistemas electrónicos, integración, BMS y simulación, y conoce también, con precisión industrial, las capacidades específicas de EM&E.

Y aun así, cuando se trata de plataformas terrestres críticas, de producción en serie y de mantenimiento de flotas, el encargo va a quien ha demostrado saber hacer ese trabajo, lo cual deja una conclusión sencilla y devastadora para ciertos relatos: el mercado más exigente de Europa no compra narrativas de transición industrial; compra metal probado.

Empresa tractora frente a empresa fabricante

Otra grieta estructural aparece cuando se confunden funciones que, en los ecosistemas industriales maduros, están claramente diferenciadas.

Indra es, y nadie lo discute, un integrador de sistemas sofisticado, un coordinador de programas complejos, un arquitecto tecnológico capaz de articular electrónica, software, sensores y mando y control en plataformas diversas, mientras que GDELS es un fabricante puro de sistemas terrestres, con décadas de iteración industrial, series largas, mantenimiento de flotas reales y aprendizaje acumulado en condiciones operativas exigentes.

• España ha decidido invertir esta lógica, otorgando el papel de “empresa tractora” precisamente a quien menos experiencia tiene en la fabricación de plataformas pesadas, mientras relega a quien sí la posee a una posición defensiva y cuestionada.

• Alemania hace exactamente lo contrario: compra al que sabe fabricar y, a partir de ahí, articula el ecosistema tecnológico alrededor de esa capacidad material.

El falso dilema del campeón nacional

Durante meses se ha presentado el debate en términos binarios, como si la única alternativa posible fuera apoyar sin reservas a un eje Indra–EM&E o resignarse a entregar el sector a multinacionales extranjeras.

Alemania demuestra que este dilema es falso, porque utiliza multinacionales como instrumentos de su política industrial nacional, no como sustitutos de ella, imponiéndoles condiciones, inversión local y compromisos productivos estrictos.

Desde esta perspectiva, el problema español no es la presencia de GDELS ni su justa protesta legal, sino la forma en que se está intentando construir el llamado campeón nacional, apoyándolo más en expectativas futuras y en centralidad política que en capacidad industrial demostrada.

No es una cuestión de patriotismo económico, sino de arquitectura productiva y de incentivos.

CAPEX frente a expectativa

El contraste final es difícil de eludir. En Alemania, los contratos se traducen de forma inmediata en CAPEX, en plantas, en empleo y en ritmos productivos concretos, mientras que en España los contratos a Escribano se acompañan de MoU, de narrativa, de promesas de ecosistema, de capacidades en construcción y de un riesgo industrial que tiende a desplazarse hacia el Estado, hasta el punto de que a quien invierte de verdad se le trata con recelo, mientras que a quien solo promete coordinar se le financia con generosidad.

Y ahí emerge la paradoja última: España declara querer soberanía, rapidez y capacidad industrial, pero penaliza al que ya la tiene y apuesta por quien todavía la está construyendo con dinero público, mientras Alemania compra a quien sabe hacer y lo obliga a producir dentro.

Y esto es absolutamente incontestable: Si el criterio para repartir miles de millones es el “campeón nacional”, conviene precisar si hablamos de campeón industrial o de campeón político, porque uno fabrica y el otro reparte, y cuando se confunden ambos papeles el país no gana soberanía: gana dependencia.

En defensa, como en todo lo que importa, las capacidades reales acaban imponiéndose a los relatos, aunque los relatos hayan sido financiados con una arbitrariedad presupuestaria que roza la temeridad.


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Enlaces para documentar los hechos citados
  1. Indra: MoU Indra–Rheinmetall sobre vehículos blindados (13/05/2025)
  2. InfoDefensa: estrategia industrial 25/500 de GDELS (500 vehículos/año)
  3. El Independiente: disputa Indra vs Santa Bárbara por contratos de artillería (18/01/2026)
  4. SIPRI: Top 100 empresas de armamento y servicios militares (visualización 2025)
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