Una de las noticias del verano ha sido -sin duda- el Campeonato de Mundo de Fútbol conquistado por nuestra selección femenina el pasado 20 de agosto. Les recuerdo la emisión de ese día de uno de los programas radiofónicos de mayor audiencia en España:

En ese programa, sin ser conscientes remotamente de las dimensiones que adquiriría la polémica horas más tarde, entrevistaron a Luis Rubiales (minuto 31:05) y a Jenni Hermoso (minuto 35:30), quienes celebraban el título y dejaban el incidente del famoso beso en una mera anécdota, mitigando la importancia que el resto del populacho le estaba dando en ese momento.

Lo que ha pasado desde entonces lo conocemos todos: en lugar de centrarnos en la celebración del título, en lo que nos une y en lo que debemos festejar, los focos y la discusión se han dirigido hacia el comportamiento inapropiado y soez del presidente de la Federación, que ha demostrado no estar a la altura del cargo que ostentaba.

Luis Rubiales llegó a la presidencia de la RFEF en 2018, y desde entonces ha dado motivos más que suficientes para ser cuestionado: entre otras cosas se le achacan fiestas y gastos privados con cargo a la Federación, nepotismo, negocios de fútbol con futbolistas en activo… o pasar por alto uno de los mayores escándalos que salpica al fútbol español, como es el “Caso Negreira” o “Barçagate” (por cierto, bastante oculto y silenciado por demasiada prensa, líderes de opinión y entidades deportivas), en el que la Fiscalía investiga unos pagos probados del F.C. Barcelona al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (Enríquez Negreira) y su hijo, y en el que el titular del Juzgado de Instrucción nº 1 de Barcelona, Joaquín Aguirre, ha denunciado “la existencia de una corrupción sistémica en el Comité Técnico de Árbitros (CTA)”:

https://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2023-09-05/juez-caso-negreira-denuncia-corrupcion-sistemica-comite-arbitros-7046217/

Todo lo anterior no ha debido ser motivo bastante y suficiente para ninguna institución, ni para la prensa, ni para la sociedad en general con el que argumentar la solicitud de la dimisión, el despido o la intervención de la justicia contra Luis Rubiales, y ha tenido que ser un comportamiento vulgar, soez e impropio quien haya arrancado la maquinaria de la defenestración.

Casos similares al que nos ocupa seguro que hemos visto alguno que otro en algunas organizaciones (a vuelapluma recuerdo Federaciones de Fútbol, políticos a todos los niveles, etc) y empresas: casos de personas corruptas con el conocimiento y la anuencia de sus subordinados, colegas o –incluso- de sus superiores sin que nadie hiciera nada por evitarlo o denunciarlo para no meterse en líos, por mantener el puesto de trabajo o porque es muy difícil luchar contra el statu quo siendo consciente de quién es la parte fuerte, a quien en un momento dado le van a ayudar con una boca cerrada o incluso –lo que es peor- falso testimonio.

Ante una situación así, y en una posición en la que poco podemos hacer, sólo cabe esperar: la vida es una serie en la que cada capítulo nos depara una aventura distinta y en la que –al final- más pronto o más tarde, todos tendremos el áurea o el estigma que hayamos cosechado.

Hemos asistido a la paradoja de haber conquistado un mundial de fútbol femenino gracias a Rubiales, cuando hace un año tomó la decisión acertada de respaldar y mantener en el cargo al seleccionador -Jorge Vilda- ante el chantaje y el motín de 15 de las jugadoras internacionales que pedían su cabeza (por causas que aún hoy se desconocen) y que se negaron a jugar con la selección nacional: Rubiales apoyó a su seleccionador y así Vilda pudo hacer un grupo de jugadoras más unido (a las que se unirían antes del mundial 3 de las amotinadas al recapacitar y deponer su actitud) que hicieron a España campeona del mundo.

No tengo claro que como país hayamos merecido este triunfo, puesto que no hemos sabido celebrarlo ni disfrutarlo como se merece, al estar más pendientes de la condena a un patán y del despido del seleccionador que nos guio por este camino que de saborear el triunfo.

Quizá debamos reflexionar sobre qué personas nos representan, y si sería necesario no ya una formación académica mínima, sino un “saber estar” y una “ética” mínima para ocupar algún cargo de cierta responsabilidad.

Un tipo cuya gestión está plagada de decisiones y acciones controvertidas e impropias no es cuestionado por nadie, toma una decisión que implica la consecución de un campeonato del mundo y por un comportamiento protocolariamente indigno le llega la inhabilitación (y veremos si algo más) y salpica a todo su entorno, incluyendo al seleccionador que nada tuvo que ver con ese comportamiento y que hizo que el equipo consiguiera el triunfo. Todo es paradójico, como lo ha sido tener de presidente de la Real Federación Española de Fútbol a un “rubiales” con un cuero cabelludo semejante al de Kojak.