Asturias Liberal > Asturias > Zima–Dajin y la eólica marina: Asturias llega tarde a lo que vio antes que nadie

 

La eólica marina (offshore) no es nueva en Asturias. Lo que se repite no es la oportunidad, sino el retraso en convertirla en realidad industrial.Zima–Dajin reabre una pregunta incómoda: ¿por qué Asturias llega tarde a oportunidades industriales que identificó antes que nadie? Una historia de eólica offshore y decisiones aplazadas.

La noticia del acuerdo entre Zima y el grupo chino Dajin para instalar en El Musel una planta de fabricación de cimentaciones para eólica marina se ha presentado como un hito industrial para Asturias. Vocación exportadora, integración en la cadena europea, impulso económico, puerto de logística. El relato es conocido. Demasiado conocido.

Porque lo que se anuncia hoy como oportunidad estratégica es, en realidad, la última iteración de una historia larga, marcada por una constante: Asturias identifica las oportunidades antes que nadie… pero llega tarde a ejecutarlas.

El problema no es la eólica offshore.
El problema es cómo se decide —o no se decide— hacer política industrial.

Una oportunidad que no nace hoy

La eólica offshore no es nueva en Asturias. Ni siquiera es reciente. Desde finales de los años noventa se intentaron implantar líneas de fabricación eólica en la región. Algunas fracasaron. Otras funcionaron. Y las que funcionaron lo hicieron cuando se dieron tres condiciones simultáneas: industria con músculo, mercado real y logística portuaria alineada.

En los primeros años 2000, mientras buena parte del país aún veía la eólica marina como una hipótesis lejana, en Asturias ya se había identificado algo clave: las estructuras offshore no son una evolución de la eólica terrestre, sino otro negocio distinto, ligado a grandes dimensiones, pesos extremos y cultura portuaria. Un negocio para el que Asturias, por tradición metalúrgica y por puertos, estaba objetivamente bien posicionada.

Esa visión no fue teórica. Se tradujo en intentos reales, en planes estratégicos, en conversaciones con grandes eléctricas y en proyectos que llegaron a declararse prioritarios por el propio Principado.

Y sin embargo, no cuajaron.

El patrón que se repite: ver antes, ejecutar después

El caso Moncobra es especialmente revelador. En 2021, el Principado declara prioritario un proyecto de casi 600 millones de euros para fabricar componentes de aerogeneradores marinos en El Musel. Empleo, inversión, integración vertical. Todo estaba sobre la mesa.

Pero el proyecto no se fue por falta de mercado ni por falta de capacidad industrial.
Se fue por falta de suelo disponible a tiempo.

El Plan de Usos Portuarios, las tramitaciones, los cambios de calificación y los tiempos administrativos hicieron imposible ofrecer lo único que un proyecto industrial de este tipo no puede negociar: el calendario. Moncobra se marchó a Punta Langosteira, en La Coruña, por una razón tan simple como incómoda: allí el suelo estaba disponible antes.

Ese episodio no es una excepción. Es el síntoma.

Mientras Asturias discutía planes, otros puertos competían con decisiones. Bilbao, por ejemplo, no fue pionero en el relato offshore. Pero cuando el mercado fue real, entró decidido y hoy concentra producción estable. La Coruña no lidera tecnología, pero no pierde proyectos porque prioriza velocidad y flexibilidad.

Asturias, en cambio, llega tarde incluso a sus propias ideas.

Zima–Dajin: continuidad o parche

El proyecto Zima–Dajin no surge como una iniciativa disruptiva, sino como la ocupación de un espacio que otros intentaron antes y abandonaron por falta de condiciones estructurales.

Y tampoco surge en el vacío. Ocupa el espacio que dejaron otros. Primero Moncobra. Después la retirada de Duro Felguera, absorbida por urgencias mayores. Y finalmente, la constatación de que el tejido local, por sí solo, ya no puede liderar el proyecto.

La entrada de Dajin no es casual. Es funcional. Aporta músculo industrial, referencias offshore y capacidad de ejecución inmediata. Pero también introduce una pregunta incómoda:
¿qué parte del valor, del control y de la decisión queda realmente en Asturias?

Porque una cosa es participar en una cadena global y otra muy distinta ser un simple nodo tardío, dependiente de decisiones tomadas fuera. El riesgo no es fabricar menos. El riesgo es no decidir nada.

El problema de fondo: una política industrial intermitente

Si se observa la trayectoria completa —desde los primeros intentos eólicos hasta Zima–Dajin— aparece un patrón constante:

Asturias no fracasa por falta de capacidades, sino por ausencia de una política industrial sostenida en el tiempo.

Demasiadas iniciativas nacen como proyectos singulares, no como parte de una estrategia coherente. Se anuncian, se celebran, se reconfiguran… y se diluyen. Cambian los interlocutores, cambian los marcos, cambian las prioridades. El mercado, en cambio, no espera.

La industria pesada —y la offshore lo es— no tolera la intermitencia. Necesita continuidad, certidumbre, suelo, tiempos claros y decisiones que sobrevivan a legislaturas.

Cuando eso no existe, ocurre lo que ya hemos visto demasiadas veces: la oportunidad no desaparece, simplemente se desplaza.

Una pregunta que ya no admite más retrasos

El anuncio de Zima–Dajin puede ser una oportunidad real. Pero solo si se aborda con una honestidad que hasta ahora ha faltado.

La pregunta no es si Asturias puede fabricar estructuras offshore.
Eso ya se demostró.

La pregunta es otra, mucho más incómoda: ¿quiere Asturias dejar de llegar tarde a lo que ve antes?

Porque sin una política industrial que piense en plazos largos, que priorice ejecución sobre relato y que entienda que el tiempo también es una variable económica, el riesgo es claro: que dentro de unos años estemos celebrando otro acuerdo… para explicar, una vez más, por qué el liderazgo se quedó en otro sitio.

La eólica offshore no juzga intenciones. Solo responde a decisiones, plazos y hechos.

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Enlaces y contexto
  1. Moncobra traslada a La Coruña el proyecto eólico que intentó implantar en El Musel
  2. El gigante chino Dajin elige Gijón para instalar su fábrica de cimentaciones eólicas
  3. Promesas sin fábrica o la Asturias de los vividores (Asturias Liberal)

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